Mayo 2009

Isaac Albéniz: Vida y obra de un genio

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Isaac Albéniz: Vida y obra de un genio

Con motivo del centenario de la muerte de Isaac Albéniz, este 18 de Mayo del 2009  se le dedica este artículo para dar a conocer un poco de su vida y de su obra.

El músico catalán Isaac Albéniz fue uno de los compositores más relevantes del siglo XIX y adquirió gran fama por sus grandes obras, sobre todo para piano. Innovó con sus creaciones una múscica de inspiración nacional y con este nuevo estilo influenció posteriormente a otros compositores españoles.

Isaac Manuel Franciso Albéniz nació el 29 de mayo de 1860 en Camprodón. Es un pequeño y hermoso pueblo ubicado en los Pirineos Catalanes de Gerona.



Fue un niño prodigio, ya que con tan sólo cuatro años ya era un excelente pianista. Aunque fue un célebre músico y compositor de piano no sólo limitó su carrera musical a este instrumento.
Ángel Albéniz, padre del pequeño genio de la música, organizó el primer recital en el teatro Romea de Barcelona, que fue todo un éxito.

Estudió piano en Barcelona e intentó, aunque sin conseguirlo, entrar en el Conservatorio de París. Continuó sus estudios en Madrid, donde su família se había trasladado ese mismo año, en 1869.
Isaac Albéniz poseía desde bien pequeño un espíritu inquieto y buscador; con tan sólo diez años se fue de casa, persiguiendo un sueño, y organizó por varios pueblos de Castilla sus propios conciertos y recitales de música.  En 1872 inició otra arriesgada gira por las Américas: Argentina, Uruguay, Brasil y Cuba fueron algunos de los destinos elegidos por el joven.

Era consciente de que le faltaba todavía mucho por aprender y tenía un gran deseo de perfeccionarse. Realizó otro de sus sueños: prosiguió sus estudios en el conservatorio de Bruselas . Allí conoció a su gran amigo, el pianista y compositor Franz Liszt. La amistad entre ellos durará hasta la muerte del maestro de origen húngaro en 1886. Sabemos que esta amistad marcó profundamente e influenció a Albéniz a la hora de componer sus obras. Esta semilla germinará años más tarde y se plasmará en su estilo musical en la medida en que él madura y evoluciona como persona y como músico.

Un año importante en la vida del compositor fue el 1882. Contrajo matrimonio con Rosina ( con la que tuvo tres hijas) y conoció al compositor Felip Pedrell. Éste tuvo una fuerte influencia en Albéniz, también, y fue quien dirigió su atención en la necesidad de crear unas composiciones basándose en la música popular española. Fue a partir de este instante cuando el estilo, que se distinguía por la creación de piezas salonísticas, agradables, sencillas y sin demasiadas pretensiones,  empezó a tener mayor complejidad y sus objetivos respecto a su carrera como compositor apuntaron muy alto.

Su idea era crear una “música nacional de acento universal”. Este estilo tan característico comenzó a perfilarse en las obras de 1885, en especial “la Suite Española”. Formó parte de la “Colonne Orchestra” de París en 1889 hasta que el empresario Henry Lowenfeld lo contrata como intérprete y compositor. Se instala con su familia en Londres. Sus trabajos obtienen gran popularidad y éxito.

Por petición de Lowenfeld, Albéniz compuso “El Ópalo mágico” y fue presentada posteriormente en Madrid como “La sortija” .

La reputación de Isaac Albéniz siguió creciendo y creciendo hasta que Francis Burdett Money-Coutts, poeta, dramaturgo amateur y heredero de una gran fortuna, adquirió el contrato que éste tenía con Lowenfeld. Nuestro músico gracias a este apoyo económico pudo vivir confortablemente y dedicar más tiempo a su gran vocación, que era la música. Esta década de su vida dedica todo su talento y energía a la composición de música sobre escenario; está viajando constantemente de Londres a París. Ambas ciudades fueron y siguen siendo, en Europa, grandes focos del Arte y cuna de muchos artistas. De ahí salió la obra “Henry Clifford”, estrenada en el Teatro del Liceo de Barcelona en 1896; “Pepita Jiménez”, estrenada en el teatro del Liceo de Barcelona en 1896; y “Merlín”, que fue compuesta entre 1898 y 1892 pero no producida en vida de Albéniz.

Escribe también la primera ópera, que no acabó, de una trilogía llamada “King Arthur” (Lancelot y Genèvre quedaron incompletas o no se realizaron).

En París se codeó con los grandes de la música Vincent d’Indy, Ernest Chausson, Charles Bordes, Paul Dukas y Gabriel Fauré, creando estrechos lazos con la comunidad musical francesa y aprendiendo de las modernas técnicas musicales de todos estos compositores de la vanguardia europea.

Desde 1898 y los dos años posteriores estuvo como profesor de música en la Schola Cantorum, pero debido a su mala salud se ve obligado a regresar a España, donde había mejor clima, y junto con Enrique Morera inician un duro trabajo para la promoción de trabajos líricos catalanes. Dice el dicho que “nadie es profeta en su tierra” y, pese a su fuerza de voluntad y tesón, tuvo graves problemas para interpretar sus trabajos  teatrales y regresó de nuevo a París. En este período la casa de Albéniz se convierte en un albergue de artistas españoles como Manuel De Falla y Joaquín Turina, donde encontraban el amparo necesario para progresar con sus producciones artísticas.

Empieza una época de silencio para el compositor y sus apariciones en público disminuyeron. Fue una época de improvisación, innovación y evolución. De este período en París, se gestaron sus grandes óperas  “Il en est de l’amour” y “Deux morceaux de prose” de Pierre Loti (Crépuscule y Tristesse) así como poemas de Coutts: “Para Neile” (un conjunto de seis canciones), “Art thou gone for ever”, “Elaine”, “Six songs” ( de las cuales “Will you be mine?” Y “Separated” sobreviven) y “Two songs (The Gifts of Gods y The Caterpillar)”. En este período también pone música al texto de Jean la Fontaine: “Conseill tenu par les rats”.

Poco a poco Coutts fue dejando de escribir y Albéniz también volvió a tocar el piano.  Regresó a su paisaje nativo del Pirineo, que fue la fuente de su inspiración. Surgieron piezas como “La vega” (1896-1898) que fue un ensayo de su gran obra maestra “Iberia” (1905-1908). En esta suite para piano, “Iberia”, consigue su más acabada expresión. Fue admirada por músicos como Debussy e influenció a otros compositores españoles con esta partitura, como Falla y Granados. Con este gran trabajo se ganó un lugar privilegiado en la música española.

Albéniz y Pedrell trabajaron para que los autores españoles no se limitaran tan sólo a la Zarzuela. La textura de la composición y el lenguaje que define “Iberia” son una característica de “Quatre mélodies” ( de los poemas de Coutts) , que fue lo último compuesto por Albéniz. Poco antes de su muerte su gran amigo Enrique Granados fue a visitarlo a su casa. Albéniz le pidió que tocara algo al piano e interpretó la obra “La maja y el ruiseñor” (una obra muy popular en ese entonces), cuando de repente cambió y tocó la barcarola “Mallorca”, obra compuesta por Albéniz inspirándose en un viaje que realizaron los dos a las Islas Baleares.
Albéniz moría días después, en Cambo-les-Bains, en los Pirineos franceses, el 18 de Mayo de 1909, antes de que el gobierno francés le entregara la Gran Cruz de la Legión de Honor a petición de otros destacados pianistas como Fauré, Debussy o el mismo Granados.

El cuerpo del compositor catalán fue trasladado a Barcelona en tren. Llegó a la estación de Francia el 5 de junio al anochecer. Toda la ciudad le recibió con solemnidad y al día siguiente la Banda Municipal de Barcelona y la coral del Orfeó Catalá interpretaron piezas fúnebres en su honor. Tras estos actos el féretro recorrió las calles de la ciudad, engalanadas con banderas catalanas a media asta y delante del Liceo se hizo otra parada solemne donde se unieron aun más personas a la comitiva funeraria. Fue enterrado en el cementerio de Montjuic.

Tiempo más tarde, el 14 de diciembre de 1935, Federico García Lorca le dedicó este epitafio:

EPITAFIO A ISAAC ALBENIZ
Esta piedra que vemos levantada
sobre hierbas de muerte y barro oscuro
guarda lira de sombra, sol maduro,
urna de canto sola y derramada.
Desde la sal de Cádiz a Granada,
que erige en agua su perpetuo muro,
en caballo andaluz de acento duro
tu sombra gime por la luz dorada.
¡Oh dulce muerto de pequeña mano!
¡Oh música y bondad entretejida!
¡Oh pupila de azor, corazón sano!
Duerme cielo sin fin, nieve tendida.
Sueña invierno de lumbre, gris verano.
¡Duerme en olvido de tu vieja vida!
(14 de Diciembre de 1935)


Elisabet Ros Juanola

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