Lunes, 01 Enero 2018 00:00

Todos amamos desesperadamente

Un mensaje de optimismo planea sobre la mayoría de las canciones del disco Los días intactos (2011), uno de sus trabajos más roqueros, donde las guitarras eléctricas cobran mayor protagonismo.

En una entrevista concedida antes de publicar el disco, Manolo comenta: « Cada día es nuevo, irrepetible, un regalo porque estamos aquí. Para los que están bien, días felices, y para los que no, porque no les va bien, para que piensen en que es un regalo, y como decía Santa Teresa: una gota de agua no hace el mar, pero sin las gotas no sería lo mismo. Un disco con ganas de mejorar, de estar alegres, de animar, de dar conciertos que le gusten a la gente. Para avanzar con valentía y sin miedo » .

Sin duda, estamos ante el mejor Manolo García, bajo la piel de un poeta. Todos amamos desesperadamente es el primer tema del disco, y me gustaría destacar unas estrofas que definen claramente el dilema en el que se encuentra el ser humano.

Quiero huir como a veces huimos de nosotros mismos hacia otros.

Y quiero ser aquel que aún no desertó, que aún sigue buscando la luz.

Todos amamos desesperadamente,
mientras el pájaro metálico escapa de su jaula de caña.

En muchas ocasiones creemos que la vida nos va a traer problemas de tal magnitud que, en nuestra imaginación, creemos que serán capaces de aplastarnos. Decía la gran filósofa H. P. Blavatsky:

«Ninguna persona, hombre o mujer, conoce su fuerza moral antes de haberla ensayado».

Por eso deberíamos tener la capacidad de ver los problemas como la maravillosa oportunidad que tiene todo ser humano de superarse. Buscar la solución a los problemas aunque no sea «la gran solución» que resolverá nuestros problemas para siempre. Lo normal es que buscando soluciones cosechemos fracasos, pero fracasar en los primeros intentos entra dentro de lo normal: necesitamos un periodo de práctica, no hay que desertar tras los primeros obstáculos.

El primer impulso ante las dificultades es posible que nos lleve a buscar una huida que creemos fácil, pero si de verdad estamos convencidos de que para salir del túnel hay que buscar la luz, no abandonaremos, no cabe la deserción.

Solemos definir la filosofía como amor a la sabiduría; ese amor nos lleva a no permanecer estáticos. Aquellos que amamos la filosofía lo hacemos porque buscamos la sabiduría que nos falta, queremos descubrir las leyes que rigen la vida y, por lo tanto, a nosotros mismos.

Tal vez la clave esté en atreverse a empezar, en dar un primer paso y no retroceder, seguir buscando la luz y no tener miedo al fracaso.