Enero 2018

El respeto hacia todos los peregrinos

Escrito por  Carlos A. Farraces
peregrinos peregrinos

Uno se encuentra en el Camino de Santiago con todo tipo de personas: agradables y desagradables, silenciosas y alborotadoras, humildes y engreídas…

Cerca de un final de etapa, los Arcos, en Navarra, decidimos parar en una aldea para comprar un bocadillo. Tras pedirlo en un bar, entraron otras tres personas. Al salir a la terraza y sentarnos en una mesa, vimos al grupo salir del bar con el gesto torcido. Se sentaron cerca y, con el lenguaje común de los peregrinos, nos dieron a entender que se había acabado el pan. Les ofrecimos uno de nuestros bocadillos; tuve que insistir, pues no querían aceptarlo. Reanudamos la marcha, y unas dos horas después, a punto de llegar a los Arcos, con un calor sofocante, paramos a descansar. Al cabo de unos minutos llegaron los tres italianos y ocurrió algo maravilloso. Entre risas, empezaron a hacer juegos de manos y todo tipo de trucos. Mi pareja y yo, sentados en medio del camino, asistimos boquiabiertos a un espectáculo de magia fantástico: eran prestidigitadores profesionales.

Por la noche, en animada charla en el albergue, un fanfarrón relataba que había hecho la etapa en tres horas. Mi pareja y yo habíamos empezado la jornada a las ocho de la mañana y terminábamos rendidos a las cuatro de la tarde, con más de 30 km recorridos. Sentimos vergüenza ajena. Nos levantamos y dimos un paseo antes de acostarnos. Comentamos entonces la gran diferencia entre los entrañables italianos y el vanidoso que tan solo quería lucirse. Sin embargo, ver a todos compartir el Camino como uno mismo provocaba un sentimiento de respeto generalizado, incluso para aquel pobre fanfarrón… Lo vimos al día siguiente; finalizó la etapa muy tarde, ayudando a un chico que llevaba las dos piernas vendadas...

Pienso en esto algunas veces. En el trabajo, en la universidad, en vacaciones, conocemos nuevas caras. A veces, surge una amistad rápidamente; en otras ocasiones, un gesto basta para que aparezcan suspicacias. No negaré valor a ciertas intuiciones que nos hacen ser desconfiados, pero eso no puede convertirse en una norma de vida. El Camino enseña a no juzgar a primera vista, a respetar a todo aquel que se esfuerza por conseguir su meta, por superarse cada día. Entonces, que nos caiga mejor o peor pasa a ser algo muy secundario.

Artículos relacionados (por etiqueta)

Deja un comentario