Noviembre 2010

Los sarcófagos rituales de Seraphis en Panóias, Portugal

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Los sarcófagos rituales de Seraphis en Panóias, Portugal

Por Juan Manuel de Faramiñán Gilbert

El complejo arqueológico de Panóias, en Portual, sigue siendo objeto de polémica entre los investigadores. El lugar, consagrado a Seraphis, dios de la medicina, parece que también albergaba diversos rituales sobre los misterios de la vida y la muerte.

Al Dr. Antonio Alzina

Director del Centro de Medicina “Seraphis”

Nos dirigíamos, junto con mi editor, Paulo Alexandre Loução, a la ciudad  Porto, en Portugal, con el fin de presentar la obra “E Depois…Sobre a Experiência e o Mistério da Vida Depois da Morte”, luego de haberlo hecho, con gran éxito de público, en Lisboa y en Coímbra. Fue entonces, cuando conversando sobre otra obra de la colección Esquilo, Lugares Mágicos de España y Portugal, surgió el tema de Panóias y la controversia existente sobre la teoría de las serpientes y de un polémico túnel o pasadizo que pudiera haber servido para rituales iniciáticos relacionados con el culto del Dios Seraphis, divinidad de la Medicina y del arte de la curación, dado que Loução había realizado una investigación sobre este lugar, para luego publicarla en la referida obra.



Resultaba sugerente, de la mano de este investigador portugués, llegarme al emplazamiento de Panóias con el fin de conocer, in situ y de primera mano, este interesante emplazamiento arqueológico. Mientras nos acercábamos a la ciudad de Vila Real pasamos por la sierra de Marão, evocadora y simbólica, asentada en  la provincia de Trás-os-Montes, mientras a través de las ventanillas del automóvil íbamos desgranando, como las cuentas de un collar, las  imágenes de estos paisajes ancestrales, que parecen que se han quedado detenidos en el espacio como una reserva de los tiempos sagrados.

EL POLÉMICO “TÚNEL INICÁTICO”

Al llegar a Panóias, y al comenzar nuestro recorrido, el guardián de turno, increpó y contradijo los argumentos de Loução, en el momento que me explicaba dónde podía encontrarse la entrada del “túnel iniciático”, junto a la inscripción del ciudadano romano Caio Calpurnio Rufino quien consagró el lugar a los Misterios del Dios Seraphis. Me resultó curioso observar hasta qué punto, y de un modo innecesario, se niega la posible existencia de este túnel, que con sugerente criterio defiende el investigador Antonio Rodríguez Colmenero, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Santiago de Compostela y cuya obra publicada y dedicada a este santuario, inexplicablemente, no se vende en la pequeña librería de este centro arqueológico. Esta obra, de recomendada lectura, trata del estudio realizado por el mencionado autor “O Santuario Rupestre Galaico-Romano de Panóias. Novas achegas para a sua interpretaçao global” (1999) y en ella se analizan, de manera pormenorizada, todas las posibles interpretaciones de este magnífico y sugestivo enclave arqueológico.

El citado catedrático traduce, al portugués, una de las inscripciones, junto a la zona donde debería comenzar el túnel, de la siguiente manera: “O esclarecido varáo Gaio Calpurnio Rufino,filho de Caio, consagrou, juntamente com un lago e un templo, un trânsito (túnel?) que se acresentou ao prometido em voto anterior”, lo que nos sugiere es la posibilidad de que el neófito se introdujera en el pasadizo y siguiera el mismo hasta el otro extremo, en el cual, a la salida del mismo, se sentaría para recibir desde arriba la sangre de un toro inmolado en sacrificio, que le caería sobre la cabeza, lo que nos recuerda las iniciaciones en los Misterios de Mitra.

EL RITUAL EN LA PIEDRA

El complejo arqueológico consta de tres grandes masas rocosas con cavidades realizadas al modo de cubas o pilas de diversos tamaños, que en algunos casos servían para cocer las vísceras de los animales sacrificados y en otros casos, con dimensiones suficientes, como para albergar un cuerpo humano recostado. En cada uno de estos afloramientos de granito se destacan una serie de concavidades excavadas en la roca por la mano del hombre, que presumiblemente pudieron haber tenido un origen ritual de época megalítica y fuesen reutilizadas en época romana, como ha ocurrido en otros enclaves religiosos correspondientes a la geografía sagrada. En los tres se habrían elevado, en época romana, unos pequeños templos para realizar los rituales con mayor intimidad, de los que hoy sólo quedan en la roca las oquedades de sus pilares.

En el primero de ellos, sobre el que se habrían levantado algunas construcciones hoy desaparecidas,  se encuentran varias inscripciones, cuyo autor es el citado Rufino, al parecer personaje ilustre de su tiempo, como lo atestigua la cita de esclarecido varón, seguramente iniciado en los misterios de Seraphis,  donde indica que dedica el santuario al honor y al culto ritual e iniciático del Dios. En el segundo promontorio rocoso, se habría establecido otra construcción y dentro de la misma algunas cubas horadadas en la roca en donde presumiblemente se cocerían las vísceras de los animales sacrificados, pues tal como indica Rodríguez Colmenero, “Las víctimas que se sacrifican para los dioses de este lugar son inmoladas aquí; sin embargo, las vísceras son quemadas en las cavidades cuadradas que se ven enfrente; derramándose la sangre en los cuencos que quedan al lado de ella”.

La tercera elevación rocosa, sugiere mayor importancia y a ella se accede por una escala labrada en la roca con nueve peldaños y que nos lleva a la superior elevación de las tres y en la cual las cavidades de la roca tienen el tamaño de un cuerpo humano, lo que nos hace pensar que allí se realizaban los ritos de la iniciación y el despertar a una nueva vida de la mano de los sacerdotes del Dios Seraphis. Sobre este promontorio se elevaría una tercera construcción, presumiblemente más grande y que, como las otras dos, no ha permanecido en pie.

Aprovechando que me hallaba con uno de los investigadores del lugar, encontré la ocasión propicia para hacerle algunas preguntas a Paulo Loução, quien solícito me indicó que:

Estos cuencos o pilas excavadas en la roca, son vestigios de un antiguo ‘témenos’ convertido en el periodo romano en un lugar de iniciación en el cual el Dios Seraphis tenía una función preponderante”. Continuó indicando que, “el ‘témenos’ representaba un área cerrada donde residía la Divinidad, tenga en cuenta, agregó, que el término ‘témenos’ como el lexema ‘templum’ vienen de la misma raíz etimológica ‘tem’, del indoeuropeo, que significa ‘delimitar’, lo que evoca la idea de un espacio sagrado”.

MÁS DE TRES SIGLOS DE INVESTIGACIONES

Hay que señalar que los primeros estudios que se efectuaron sobre este Santuario de Panóias se remontan al siglo XVII y fueron realizados por el párroco de la comarca Antonio Rodríguez de Aguiar y por Jerónimo Contador de Argote, donde este último nos habla de la existencia de once roqueros excavados con pilas; en cambio, en la actualidad, sólo podemos comprobar la existencia de tres peñas con cuencos excavados en la roca como acabamos de señalar más arriba, lo que nos hace suponer que los otros habrían sido destruidos.

Como me ha recordado el investigador Paulo Loução, “Leite de Vasconcelos en su obra ‘Religioes da Lusitânia’, nos indica que ‘el templum de Panóias era un Serapeum donde, al lado de la principal divinidad, el Dios Seraphis, se adoraban todas las demás ‘dii deaeque e omnia numina’ y allí los creyentes cumplían sus ‘vota’ sacrificando víctimas animales u‘Hostiae’, grabando inscripciones en la dura roca. Allí los ‘mysticos’ o iniciados practicarían en cuencos horadados en la piedra las abluciones purificatorias”. “Sin duda, el túnel del que nos habla Colmenero estaría íntimamente relacionado con los rituales iniciáticos que se realizaban en este santuario, pues como nos recuerda Sant’anna Dionisio, en su texto sobre los ‘Peñedos de Panóias’, el ‘pensamiento de los iniciados en los misterios de la devoción telúrica y sideral, buscaba, entonces, en los rudos templos rupestres, el trance de la comunicación indecible con todos los seres espirituales que debían poblar el universo’, por eso, me parece increíble que las autoridades culturales portuguesas no hayan intentado realizar unas excavaciones arqueológicas en este lugar, con el fin de  confirmar o rechazar, definitivamente, pero de manera experimental, la existencia de este ‘trânsito’ al que se refiere una de las inscripciones traducidas por Colmenero”.

Por otra parte, habrá que tener en cuenta que en sus investigaciones, el catedrático Rodríguez Colmenero, descubre un texto de 1721, escrito por Antonio Rodríguez de Aguiar, en la que hace mención de “un túnel iniciático”.

Además, me ha indicado Paulo Loução, el Padre João Parente, me confirmó, personalmente, que la tradición local hablaba de la existencia de este túnel. Incluso, existen, tradiciones de que el culto estaba relacionado con las serpientes, lo que no es extraño, pues el Dios Seraphis aparece en numerosas representaciones con este atributo simbólico, e incluso, yo mismo tuve una curiosa experiencia, cuando al observar un grabado prerromano de una serpiente, el guía le restó valor, indicando que ‘no tenía interés arqueológico’; lo que resulta un síntoma más de la cerrazón que afecta a las investigaciones en este santuario”.

Como suele ocurrir, en mucho de los centros iniciáticos que pueblan nuestro orbe, la estrechez de miras que afectan “a ciertos eruditos a la violeta” oculta la verdadera naturaleza de los mismos, pero quizás hasta sea mejor para que puedan preservar su energía y que sean sólo aquellos capaces de captarla los que sientan las fuerza del Misterio subyacente en todo.

Cuando salimos del santuario de Panóias, Paulo y yo, sentíamos que algo había cambiado en nosotros y que el Señor de la Salud había recompensado nuestra conciencia con una energía renovada. Nos dirigimos al Museo Arqueológico de Vila Real, construido, en gran medida por el lote numismático y arqueológico donado por el Padre Joao Parente y donde pudimos contemplar una magnífica maqueta, que sigue los criterios académicos del catedrático Rodríguez Colmenero y en donde se refleja, con lujo de detalles, todo el itinerario iniciático que debería realizar el mystes, incluido el pasaje por el trânsito o túnel y la ceremonia final de la sangre del toro, sin olvidar, que su obra se puede adquirir en este museo.

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