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Julio 2016

La Cueva de las Manos

Escrito por  Irene Melfi
La Cueva de las Manos

Las inmediaciones del río Pinturas fueron visitadas desde el siglo XIX por viajeros y exploradores. En 1881 un inglés, George Musters, fue el primer europeo que recorrió la zona sin la suerte de dar con los aleros de la cueva. A Clemente Onelli, explorador del Perito Moreno, le ocurre lo mismo en 1904. Es en 1941 cuando el sacerdote Alberto de Agostini logra llegar a la Cueva de las Manos y describe la impresión de las pinturas rupestres en su libro Los Andes, publicado en 1950.

Pasado el río Pinturas y el río Ecker, por la ruta 40 que une toda la Argentina junto a la cordillera de los Andes, despues de un breve desvío, encontramos el cañadón Río Pinturas.

Carlos Gradin (1918-2002), topógrafo y arqueólogo, comienza, en 1964, a explorar la zona. Su trabajo da fundamento a todas las posteriores investigaciones y, a partir de 1973, inicia sus investigaciones científicas, junto a C. A. Aschero y A. M. Aguerre.

Ubicación geográfica

La cueva está ubicada en el Departamento Lago Buenos Aires al noroeste de la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia argentina. Se encuentra a unos 88 m de altura sobre el río Pinturas, y a 500 m sobre el nivel del mar. Sus dimensiones aproximadas son 24 m de profundidad, 10 m de alto y 15 m de ancho.

Llama la atención que las pinturas rupestres han sido realizadas en los alerones de la cueva.

Cronología

Se estima su origen hace algo más de 9300 años. Se sabe que estaba habitada por los hombres anteriores a los tehuelches. Hay cinco estudios de su cronología de radiocarbono para la excavación de la cueva. Tres de ellos, de la Nova Universidad de Florida en 1975, y dos, del Laboratorio de Geocronología del Instituto de Química Física dependiente del CSIC. Esta cueva fue ocupada por cazadores-recolectores desde las postrimerías del octavo milenio a.C. o sea, desde el Holoceno temprano. A finales del siglo XX surge la hipótesis de que estos pobladores constituirían la cultura indígena más antigua del continente americano. Su datación corresponde a los últimos años de la Glaciación o era de hielo.

Se encontraron restos de pigmentos minerales o de fragmentos pintados desprendidos de las paredes de la cueva que, junto con los resultados radiocarbónicos, permitieron establecer la cronología relativa de las pinturas.

Primeros pobladores

Estos pueblos de origen étnico diferente podrían haber llegado por el estrecho de Bering desde el Pacífico. Recientemente se ha estudiado la posibilidad de que los pobladores de América provenientes del puente de Beringia, entre Siberia y Alaska, utilizaran una ruta alternativa navegando hacia el sur bordeando la costa. Debido al bajo nivel del océano, la posible ruta bordearía por el oeste la actual costa norteamericana, estando actualmente cubierta por las aguas del océano Pacífico y haciendo difícil los estudios arqueológicos. En un reciente estudio submarino se encontró una herramienta de piedra de una antigüedad de 10.000 años a una profundidad de 53 metros. Simultáneamente, se han producido otros hallazgos arqueológicos, genéticos, lingüísticos y geológicos que han abierto múltiples teorías sobre el verdadero origen, momento de llegada y rutas seguidas para el poblamiento de América.

Los indígenas que habitaron la Patagonia fueron los patagones o tehuelches. Según el arqueólogo Mark R. Harrington, su nombre deriva del mapuche Chewel o Chehuel, cuyo significado es «bravo», «arisco». El paleontólogo y antropólogo Rodolfo Casamiquela, en su libro Patagonia, una tempestad de la imaginación, diferencia tres grupos: uno septentrional, uno central y uno meridional, cada uno con su propia lengua, pero de raza y cultura prácticamente idénticas. «La historia del poblamiento indígena de la Patagonia es todavía totalmente imprecisa», dice. Se estima que vivirían en grupos familiares de entre 25 y 30 personas en las zonas con disponibilidad de agua y leña. Además, ocupaban otros sitios para usos específicos.

Otros arqueólogos han debatido la posibilidad de la existencia de culturas anteriores a la clovis, tanto en Norteamérica como en Sudamérica. Monte Verde, en la Región de Los Lagos, al sur de Chile es una importante zona arqueológica, descubierta en 1975 por Félix Werner y C. Jünger. Se trata de dos asentamientos humanos del Pleistoceno tardío, datados por medio de radio-carbónico en 33.000 años y 14.800 años antes del presente, planteando una nueva hipótesis de la teoría del poblamiento americano que fechaba la llegada del hombre al continente americano hace 12.500 años. Otros yacimientos arqueológicos de América, como Piedra Museo (Argentina), Pedra Furada (Brasil), Tlapacoya (México) o Topper (California), replantearon completamente la teoría del poblamiento tardío, y defendieron una nueva, conocida como teoría del poblamiento temprano de América, o preclovis, que ubica la fecha de ingreso entre 25.000 y 50.000 años antes del presente, al mismo tiempo que modificaron las teorías sobre las rutas de entrada y difusión por el continente.

Existe también la hipótesis de un poblamiento cuyo origen estuviera en Australia y que habría llegado por la Antártida.

Las pinturas rupestres de Cueva de las Manos

La cueva de las manos 2En los últimos tiempos se ha planteado la hipótesis de un origen relacionado con sustancias alucinógenas. Según esta teoría, al ingerir narcóticos derivados de las plantas, la persona podría tener alucinaciones. De esta manera, las representaciones artísticas tendrían su origen en contextos rituales y la mayoría de las figuras provendrían de esas visiones.

En la cueva se hallaron materiales líticos, fogones, utensillos, huesos y pieles de los animales que eran la base de la subsistencia. Todo el material se encuentra en el Museo de la ciudad de La Plata.

Las pinturas se realizaban con pigmentos minerales. Usaban diferentes tonalidades, como el ocre-amarillo de natrojarosita, verde o distintos tonos de rojo. Para el color negro utilizaban el óxido de manganeso. Los pigmentos eran mezclados con diferentes elementos aglutinantes, se supone que con agua, grasa, orina o sangre, para que permitieran su aplicación. Así obtenían pinturas acuosas, como las rojas, y otras más pastosas, como las blancas, donde la presencia de yeso hacía que el pigmento tuviera mayor adherencia al soporte natural de la roca. Aprovecharon la textura rocosa y las grietas para recrear el paisaje. Por lo tanto, buscaban un lugar con buena iluminación natural, acceso y reparo para encuadrar su obra aprovechando los rasgos de la roca, con sus fisuras, sectores en relieve y oquedades.

Los negativos de manos son una de las características más destacadas del arte. En su mayoría se trata de negativos de manos izquierdas de ambos sexos, aunque actualmente se sugiere que puede ser pulgar a la derecha o pulgar a la izquierda. Hay manos de todos los tamaños. Para pintar usaban pequeños hisopos a modo de pinceles para los trazos lineales, y también hacían las líneas con los dedos. Por otra parte, usaban la boca y un corto tubito como un aerógrafo. De esta forma, soplando pintura sobre su mano apoyada en la pared rocosa lograban el negativo de la misma. Con esta técnica hacían las patas de animales silvestres.

Los motivos

La cueva de las manos 3El motivo de manos en la pintura rupestre se repite en otros sitios; lo que no es tan común es la cantidad que hay en Cueva de las Manos. La arqueóloga María Onetto llegó a contar más de 2000.

Podría ser que dejaran su impronta como un sello personal de identidad, o como un tipo de ritual. Hay manos de todos los tamaños.

También representaron escenas de caza. En algunas, los cazadores persiguen en grupo a su presa; en otras, la rodean arreándola hacia un cañadón, o bien la enlazan con una boleadora. Aparecen figuras de animales y de hombres aislados, además de motivos geométricos simples como zigzags, líneas rectas o puntos.

Hay tres estilos en las pinturas, y las manos están en todos ellos. El primer grupo dataría entre el año 9300 y el 7300 antes del presente y las representaciones son escenas de caza cuya característica es el movimiento. En amplios espacios se ve a un conjunto de guanacos y cazadores de color negro, que culmina con una presa rodeada de cazadores, a la espera de ser troceada y repartida. Los cazadores son representados proporcionalmente más pequeños que los guanacos, y cuando están en movimiento tras las presas, son pintados de perfil, en posición de correr. Cuando están junto a la presa para el reparto, están pintados de frente, a veces con adornos en la cabeza que podrían ser plumas y que podrían indicar una distinción jerárquica. En este grupo se observa el movimiento y la elasticidad propia del guanaco en saltos o huidas.

En otros casos aparecen en fila, uno detrás del otro, como manadas vistas desde lejos.

También se ven las boleadoras con las que cazaban, siendo un círculo con una cuerda y un asa. Las escenas se hallan asociadas siempre con negativos de manos.

Posiblemente, se alejaban del campamento central y realizaban ceremonias de paso con otras familias, donde una de las expresiones consistía en dejar las palmas de las manos como una señal.

El segundo grupo es el denominado periodo estático y abarcaría entre el año 7300 y el 3300 antes del presente. Su característica es que ya no se ve movimiento ni en los animales ni en las figuras humanas. Los guanacos son muy grandes y aparecen con las crías. Utilizan puntas de proyectil y otros artefactos como las lascas. Aparece la luna, sabiendo que en la luna de noviembre es cuando paren las guanacas. Se ven figuras de guanacos en actitud estática y de vientre abultado, perdiéndose el vínculo entre los hombres y la presa. Hay otros animales, negativos de manos, siluetas humanas estilizadas y guanacos realizados rústicamente, además de «rosetas» o círculos rodeados de puntos, tridígitos semejantes a las pisadas del choique o ñandú pequeño, y conjuntos de puntos. Llama la atención en el techo de la cueva, así como en otros sectores, la presencia de una serie de puntos en forma circular muy grandes, de más de 5 cm de diámetro, que podrían haber sido ejecutados arrojando hisopos o proyectiles envueltos en pieles o fibras embebidos en pintura.

Se han hallado puntas de proyectil, lascas lanceoladas de piedra y también un tubo de hueso de 50 mm de largo que serviría de aerógrafo.

El tercer grupo abarcaría del 3300 al 1400 antes del presente y serían los círculos como símbolo del paso del tiempo y los ciclos de la vida. Se caracteriza por una gran esquematización y por la utilización del rojo intenso para realizar figuras preponderantemente geométricas, como zigzags, líneas rectas y angulares, puntiformes y círculos. La figura humana se realiza con trazos lineales. Incluye también representaciones de manos esquemáticas y negativos de manos.

Mucho dicen las pinturas rupestres de los alerones de Cueva de las Manos, pero mucho queda por investigar sobre aquellos pobladores patagónicos que pintaban símbolos similares a los que encontramos en tantas otras partes del mundo. Con este trabajo solo hemos querido difundir y despertar el interés por estas maravillosas pinturas que sin duda han conmovido, conmueven y seguirán conmoviendo a sus visitantes.

 

Bibliografía

ASCHERO CARLOS.

  • El arte rupestre de los cazadores tempranos: casos de la Puna y la Patagonia. Llegar a un nuevo mundo. La arqueología de los primeros pobladores del actual territorio argentino. Editora Flegenheimer, Bayón y Pupio.

 

GRADIN, C., C. ASCHERO y A. AGUERRE.

  • Investigaciones arqueológicas en la Cueva de las Manos, Estancia Alto Río Pinturas, Pcia. de Santa Cruz. Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología 1976.

 

GRADIN, C., C. ASCHERO y A. AGUERRE.

  • Arqueología del Área Río Pinturas (Pcia, Santa Cruz). Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología XIII.

 

MARTÍNEZ CELIS Diego y BOTIVA CONTRERAS, Álvaro.

 

ONETTO, M.

  • Arte rupestre: causas del deterioro y políticas de conservación y protección. Arqueología en el Uruguay: 120 años después. Editado por M. Consens.
  • M. ONETTO M., G. CASSIODORO, M. COLOMBO. V. SALERNO, A. ELÍAS y A.CASTRO.
  • Imagínatelo en vivo: Patrimonio en acción y arqueología «Todo Terreno» en Cueva de las Manos, Santa Cruz. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología. http://argentina.diariocritico.com/noticias/cientificos-estudian-hallazgos-pueblos-originarios

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