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Diciembre 2011

Origen de la Navidad

Escrito por  Elena Sabidó
Origen de la Navidad

Un año más, las calles de ciudades, pueblos y aldeas se engalanan con luces de mil colores. Las familias se preparan para reunirse, con sus mejores galas y sus buenos deseos, alrededor de una mesa con las mejores viandas de las que pueden disponer y los niños esperan con gran ilusión sus presentes. Es la Navidad, una época de paz y de recogimiento, en la que nos han convencido que pueden suceder los milagros si tenemos fe.

Esta festividad, tan arraigada en la cultura cristiana, tiene su origen supuestamente en el día 25 de diciembre del año 0. Cuenta la tradición que en esa noche se produjo el nacimiento del Hijo de Dios, de Jesucristo o Jesús de Nazaret, el Mesías. Supuestamente, porque no fue hasta el siglo IV cuando el papa Julio I decidió establecer esta fecha como definitiva, ya que hasta ese momento se había celebrado el nacimiento de Jesús en diferentes fechas: el 6 y el 10 de enero, el 25 de marzo, el 15 de abril y otras tantas. El motivo por el que se estableció la fecha definitiva del nacimiento de Cristo es que hasta entonces las tradiciones paganas (de las que también eran partícipes los cristianos) celebraban el 24 de diciembre el nacimiento del sol, el Sol Invictus, el día en que el sol vence a la oscuridad y se encamina a la primavera con los dones de la cosecha en el hemisferio norte. De este modo, se unió el nacimiento del sol de la tradición pagana y el nacimiento de Cristo de la cristiana.

A lo largo de los siglos, a esta festividad se han unido también otras tradiciones originalmente paganas. Una de las más conocidas, originaria de los países nórdicos, habla del personaje de Nicolás, un anciano que repartía regalos entre los niños y que hoy es conocido como San Nicolás, Santa Claus o Papá Noel. En realidad, en la mayoría de lugares la Navidad está unida con San Nicolás, de tal manera que en estas fechas por todas partes encontramos a este personaje de barba blanca, tripa prominente y traje rojo repartiendo caramelos o tocando una campana y gritando: “Ho ho ho, feliz Navidad” a los cuatro vientos.

La Navidad se celebra de diferente manera en cada país del mundo. En Australia, Santa Claus llega en una tabla de surf y muchas familias cenan en la playa. En la República Checa, San Nicolás viene en una cuerda de oro y trae un ángel para los niños buenos y un diablo para los niños más traviesos. En Francia, el Pére Noël viaja con el Pére Foutard, que se encarga de los niños malos. En Suecia, se celebra el día de santa Lucía el 13 de diciembre y la hija mayor de cada casa se pone un vestido blanco y seis velas en la cabeza. En Inglaterra, se dice que se originó la tradición de colgar las medias o los calcetines y Papá Noel los llena de monedas de oro desde lo alto de la chimenea.

Pero realmente el origen de la Navidad va más allá del nacimiento del Mesías y de la tradición cristiana. Tiene mucha relación con los ciclos agrícolas y el solsticio de invierno, entre el 20 y el 23 de diciembre. En muchas y antiguas tradiciones anteriores al cristianismo, ya se celebraba por estas fechas el

nacimiento de alguna deidad que ponía fin a la oscuridad, igual que el sol del solsticio marca el momento en el que el periodo oscuro y frío del año da paso a la luz y el calor y las cosechas empiezan a crecer para alimentar al pueblo.

Originalmente, al sol se le otorgó el estatus de dios, era adorado por su poder. Daba calor, hacía crecer la vida en los campos, marcaba los ciclos de hombres y bestias. Por el contrario, de noche eran las estrellas y la luna las que ocupaban un lugar muy importante en la vida de los hombres, pues podían dar a los que conocían algo de los cielos, medidas de espacio y cálculos de fenómenos celestes. Así pues, si miramos en las tradiciones más antiguas y en sus mitologías, encontraremos un patrón que se va a ir repitiendo.

En el antiguo Egipto encontramos la figura de Horus, el sol, que nació sobre el 25 de diciembre, hijo de una virgen, Isis. Al nacer apareció una estrella en el este. Cuentan que tres reyes le adoraron, que a los doce años era un maestro y que fue bautizado a los treinta años. Tenía doce discípulos que le acompañaban y hacían milagros de sanación, entre otros. Se le conocía con varios nombres, como “la luz”, “la verdad”, “el buen pastor”, “la oveja de dios”... Finalmente fue traicionado y crucificado. Fue enterrado y resucitó a los tres días. Attis de Frigia, nació de una virgen llamada Nana, sobre el 25 de diciembre, crucificado, enterrado y resucitado a los tres días. Khrisna, de la India, nació de la virgen Devaki mientras una estrella en el este marcaba el lugar de su nacimiento, tenía discípulos con los que realizaba milagros y resucitó tras su muerte. Dionisio, de Grecia, nació de una madre virgen sobre el 25 de diciembre, se dedicaba a viajar y a hacer milagros, se le llamó “rey de reyes” o “único hijo de dios” o “el alfa y la omega” y resucitó tras su muerte. Mitra, de Persia, hijo de una virgen, nació sobre el 25 de diciembre, tenía doce discípulos, realizaba milagros y resucitó a los tres días. Se le llamaba también “la verdad” y “la luz”.

En realidad, existen muchos más dioses o mesías cuya fecha de nacimiento es el 25 de diciembre: Baal de Fenicia, Cadmus de Grecia, Indra de Tíbet, Odín de Escandinavia, Kulkuká de los mayas, Jao de Nepal, Viracocha de los incas, Bedru de Japón, Adad de Asiria, Quetzalcoatl de los aztecas, Adonis de Grecia, Prometeo, Mahoma, Zoroastro, Bremrillahn, Buda… y otros tantos.

Finalmente, llegamos al que da lugar a las celebraciones de la Navidad tal y como la conocemos: Jesucristo, Jesús de Nazaret, que nació de la virgen María, el 25 de diciembre, en Belén. Una estrella en el este anunció su nacimiento y tres reyes adoraron al niño siguiéndola. A los doce años era un maestro y a los treinta fue bautizado. Tenía doce discípulos y realizaba milagros. Conocido como “Rey de Reyes”, “Hijo de Dios”, “luz del mundo”, “alfa y omega”, “oveja de dios”, fue traicionado y crucificado, y resucitó a los tres días.

Los romanos, en estas fechas, celebraban durante una semana las fiestas “saturnales” en honor al dios Saturno. Después de las ceremonias y ritos del primer día, hacían visitas a familiares y se daban regalos, lo cual podría ser una forma primitiva de la actual manera de celebrar estas fechas. Incluso las comidas que originalmente se servían en los banquetes tenían un sentido

simbólico, pues se centraban en alimentos como el maíz o el azúcar, que representan el ciclo de la vida y la inmortalidad, el ciclo de la fertilidad (grano, siembra, vida, cosecha, muerte, grano y volvemos a empezar).

Todos estos ritos eran una forma de celebrar los ciclos de la naturaleza, de formar parte de las estaciones del año. Se trata del nacimiento del sol, y en las culturas antiguas lo entendían como el nacimiento de un dios, del dios Sol. Simboliza el vencimiento del sol a la oscuridad tras una época fría, de tal manera que la tierra, los campos y las siembras empiezan a fructificar, a dar vida y alimento. Por eso, en muchas ocasiones los dioses son seres eternos, resucitan tras su muerte de la misma manera que el sol siempre renace. Es el rito de la resurrección tras la muerte aparente. El ciclo de la vida-muerte, luz-oscuridad representado en las cosechas. Se acerca a la primavera, una época en la que todo despierta del letargo invernal y la vida parece que se multiplica dondequiera que miremos.

Así pues, podemos decir que la Navidad es, en realidad, el resumen de una gran herencia cultural que traspasa fronteras y va más allá de simples ritos religiosos o folclóricos. En esta época estamos celebrando que el día empieza a ser más largo, que la tierra recibirá más horas de luz y que va a producir alimentos en abundancia. En este solsticio, el sol vencerá a la oscuridad y resucitará en el hemisferio norte para darnos vida y calor. Y esto sucede desde siempre, antes de que cualquier dios o mesías tuviese nombre.

Por tanto, feliz solsticio a todos y….

¡Feliz Navidad, Buon Natale, Fröhliche Weihnachten, Joyeux Noël, Merry Christmas, Bon Nadal, Feliz Natal, Shuvo Baro Din, Hauskaa Joulua, Mo'adim Lesimkha, Selamat Hari Natal, Meri Kirihimete, Zorionak, Sooma Nawira-ra!

Elena Sabidó

Corresponsal de la revista Esfinge en Barcelona

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