Diciembre 2016

Entrevista a Aristóteles, una voz de Grecia en la eternidad

Escrito por  Héctor Gil
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Este mes en Esfinge entrevistamos en exclusiva al gran filósofo griego Aristóteles. Nacido en Estagira, como filósofo y científico sus ideas ejercen una enorme influencia en la historia universal. Le describen como el discípulo más legítimo de Platón, con quien se formó y estuvo impartiendo clases en su Academia. Se le atribuyen más de doscientos libros, pero solo treinta y uno de los casi cincuenta que han llegado hasta nosotros se consideran hoy como auténticos. Escribe sobre metafísica, filosofía de la ciencia, ética, política, estética, astronomía, biología... Fue maestro de Alejandro Magno y fundó el Liceo en Atenas, donde enseñó hasta un año antes de partir a su destierro. Sus discípulos reciben el nombre de peripatéticos porque Aristóteles filosofa mientras pasea.

Profesor Aristóteles, gracias por esta entrevista. Parece que este año es usted más famoso, ya que en mayo, durante el congreso internacional celebrado en la Universidad de Salónica, el arqueólogo Sismanidis dio a conocer las conclusiones de su equipo de arqueólogos sobre un edificio descubierto en la ciudad de Estagira que tiene que ver con usted...

Bueno, eso no tiene mucha importancia para mí. Si mis cenizas descansan aquí o allí no es relevante, ya que al final toda forma se disuelve en la sustancia. Lo que sí me parece más interesante es que se hayan tomado la molestia de organizar un congreso en mi nombre; para mí es un honor verme rodeado de tantos profesores y científicos que agradezco desde aquí.

¿Qué le agrada más, que se discutan sus obras o que se reúnan en torno a la filosofía?

Si me lo preguntara hace un tiempo, le diría que la discusión me entusiasma. Pero últimamente me conformo con que haya unos cuantos seres humanos ocupados y preocupados por la filosofía. En nuestro Liceo no éramos tantos, pero nos visitaba muchísima gente y la filosofía gozaba de enorme prestigio comparado con la actualidad. Hoy no logro entender cómo ustedes dicen estudiar filosofía cuando en realidad lo único que hacen es leer libros o sentarse para llenarse la cabeza de sistemas. En mi tiempo la filosofía era una forma de vivir, de entender el cosmos, una forma de caminar por la vida, ¡y vaya si caminábamos!

¿Qué es exactamente la filosofía?

La ciencia más útil que existe. Una técnica para educar verdaderamente el espíritu de los seres humanos. Un regalo de la vida para las personas. Algo que nace con la capacidad de asombro y termina con la contemplación de los dioses y de Dios. Aunque ya veo que para ustedes es algo tedioso que arrancan de sus planes de estudio. Si los jóvenes supieran que es la ciencia que tiene la rectitud de juicio, que usa la razón y que contempla la totalidad del Bien, ¡se enamorarían de la filosofía! La filosofía, disculpe mi insistencia y mi enamoramiento, puede servirse de todas las demás ciencias y dirigirlas, puesto que solo ella abraza en sí misma el recto juicio y una prudencia directriz infalible. No maten la filosofía, rescátenla…

Le noto algo pesimista, profesor…

Sí, bueno, puede ser. Es que no me gusta demasiado este tiempo de ustedes, con tantas máquinas y tan triste superficialidad. Pero el mío tampoco era mucho mejor. Tuve que salir de Atenas casi huyendo cuando murió mi amigo y discípulo Alejandro... Gocé mucho cuando me enviaba desde los rincones de Asia toda suerte de animales, minerales, libros y objetos curiosos. Hicimos una gran biblioteca y comenzamos a sistematizar las ciencias, ¡qué aventura del saber!

De hecho, se dice que usted transformó casi todas las áreas del conocimiento. Es reconocido como el padre fundador de la lógica y de la biología, entre otras, y se le atribuyen las nociones de categoría, sustancia, acto, potencia y primer motor inmóvil.

Pues sí, pero ya existían reflexiones y escritos previos sobre esas materias. Nuestro mérito, mío y de mis discípulos, fue solo realizar las primeras investigaciones sistemáticas, y gozamos mucho con ello. Podría quedarme horas estudiando y diseccionando un calamar, así como observando y clasificando flores o metales. También gozaba mucho comentando las más minuciosas nociones sobre ética, política o literatura... Siento que mi vida debería durar trescientos o tres mil años para estudiar todo lo que mi curiosidad buscaba. Y, sin embargo, parece que las gentes de hoy se aburren y no saben qué hacer con su tiempo… Quizá algunas de nuestras ideas fueron novedosas para nuestro tiempo, pero eran evidentes para cualquier persona con un poco de sentido común.

¿Y qué hay de cierto en la vieja rivalidad entre Platón y usted?

¡Oh, por Zeus, nada! Pues si mi maestro me abrió las puertas de la sabiduría y de su amada Academia, permitiéndome enseñar allí, también me abrió las de su corazón. Era un hombre sabio y venerable, y siempre veló por el bien de todos en su ideal de educar a la humanidad. Es cierto que alguna vez pronuncié algo parecido a que yo era su amigo pero que era más amigo de la verdad, pero es que en la Academia eso era lo principal y lo normal. La prensa, ya sabe, a veces sacan ustedes las cosas de contexto y parece que uno ha dicho lo que no ha dicho... No había que estar de acuerdo con todo, al contrario, se fomentaba la discusión y se apreciaba que tuvieras tu propia línea de pensamiento siempre que estuviera bien fundamentada. Si me apura, hasta me felicitaba por ello.

Pero ¿no estaban en desacuerdo en cosas fundamentales, como por ejemplo, en que existen dos dimensiones de la realidad: el mundo sensible y el mundo inteligible?

Mi sabio maestro se vio en la terrible tesitura de tener que explicar cómo se relacionan las ideas, o formas universales, con el mundo sensible y manifestado. Y yo intenté buscar otro camino. Para mí, el mundo no tiene compartimentos. La esencia es lo que define al ser, y la forma está inseparablemente unida a la materia, constituyendo juntas el ser, que es la sustancia. Creo que la importancia que otorgué al conocimiento sensible, y al conocimiento de lo singular para llegar a lo universal, abrió posibilidades a la investigación científica. Mi maestro no estaba en desacuerdo, aunque prefiriera otra cosa: él era un místico. Y yo no aspiraba a tanto. Pero, insisto, estamos de acuerdo en lo fundamental. Y lo fundamental es la ética. Si el carácter humano está bien cimentado, luego ya podremos hablar de metafísica…

Entonces, ¿le gusta la idea de complementariedad que se representa en el famoso cuadro La Academia , de Rafael?

¡Claro! ¡Me halaga! Salir representado junto a mi padre espiritual, Platón, con mi libro de ética hacia abajo, mientras él porta el Timeo y señala hacia arriba. ¡Qué bien lo ha captado ese Rafael! ¡Tiene futuro ese chico como artista! Se me antoja algo así como si yo fuera un Heráclito, que me ocupo del mundo del cambio y de lo mudable, mientras él es como un Parménides, que propone y defiende el Ser, el mundo de lo inmutable y eterno. ¡Ja, ja, ja! Ahora yo soy Heráclito y él es Parménides, tiene gracia (ríe)…

Volviendo al tema de las ideas, ¿cómo era esa diferencia entre ustedes?

Pues verá. Yo, para poder proseguir con mi investigación, no llegué a aceptar del todo la teoría de las ideas, aunque él me aseguró «que no eran ideas sino seres vivos»; las ideas eran la auténtica realidad, por ser subsistentes y autofundadas. Por tanto, el mundo sensible, captado por nuestros sentidos, no es más que una copia de aquellas. Como le digo, yo poseía una teoría que discurría entre el mundo de las nociones y el mundo sensible, si bien estaba abierto a admitir la existencia de sustancias separadas e inmóviles, como se puede ver en la lectura de mi libros de Física , y del que ustedes llamaron Metafísica . Les recuerdo cariñosamente que todo lo que conocen de mi obra, y de mis obras, son apenas unos fragmentos de notas tomadas en mis clases, son apuntes de algunas sesiones con mis alumnos. No conocen mis diálogos, ni comprenden completamente mi sistema filosófico, que fue ajustado a sus propios intereses durante la escolástica medieval. Además, yo mismo he modificado algunas líneas de mi pensamiento al comprobar por mí mismo ciertas cuestiones espirituales cuando he dejado mi cuerpo físico para pasar a otros niveles de la realidad…

¿Y qué ha descubierto?

Mire, le voy a ser sincero, que mi Maestro tenía razón en todo… Los neoplatónicos se dieron cuenta de ello y lo explicaron muy bien. Pero no me arrepiento en absoluto de mi línea de investigación; es más, mi maestro me animó siempre a emprender esa labor, la consideraba imprescindible. De ahí que, en cuanto pude, dediqué mucho tiempo y cariño también a la investigación científica. Y por ello, me faltó tiempo para entender algunos matices del mundo espiritual. Igualmente, siéndole completamente sincero, que me tilden de origen del materialismo o del cientificismo no me importa en absoluto, pues ahora sé que si no lo hubiera hecho yo, lo hubiera hecho otro y, probablemente, con menos fortuna.

Está usted muy misterioso… ¿Qué conclusiones éticas y políticas cree que se derivan de esa nueva cosmovisión que usted introdujo en la historia del pensamiento?

Pues verá, no le voy a contestar esa pregunta, si me lo permite. Porque cuando acabó nuestro tiempo, llegaron las escuelas morales que redujeron sus expectativas a la sencilla búsqueda de la felicidad. No era momento de dar prioridad a la metafísica, ni siquiera las personas tenían la mínima capacidad de abstracción necesaria para filosofar, mucho menos para entender las sutilezas metafísicas. Y ahora, cuando son ustedes incapaces de concentrarse dos minutos, cuando están obsesionados con el sexo, el poder, la fama y el dinero, cuando ni siquiera existen escuelas de filosofía moral en sus ciudades, ¿quiere usted que les explique a sus lectores tales sutilezas? No, señor mío, voy a hacer algo más práctico. Si me permite, prefiero darles un pequeño consejo…

Está bien, profesor, no se enoje conmigo. ¿Cuál es ese consejo?

Revisen cuál es la finalidad de toda actividad que realizan y se darán cuenta de qué es lo importante y qué vale la pena hacer. El bien supremo del ser humano es la felicidad y la felicidad es la sabiduría. Pero ustedes la buscan equivocadamente en cualquier cosa fugaz. Su mundo está hastiado, contaminado y triste; sus instituciones, obsoletas. Están huyendo hacia adelante. Solo en el desarrollo de las virtudes hallarán paz y sosiego en su infructuosa búsqueda del Ser…

Muchas gracias, profesor Aristóteles; ¿qué libro suyo nos recomendaría?

Los libros son semillas. Tengo muchos libros en proyecto, mejores que los que ya conocen de mí… Pero sobre todo, prefiero que lean aquello que les eleve el alma: poesía, ciencia, los clásicos de la literatura, incluso una danza o contemplar la naturaleza. Deben poder volver a ver en lo intangible; cualquier cosa que eleve sus conciencias hacia la plena presencia en el aquí y ahora... Y en esto estamos de acuerdo todos los filósofos…

Dedicada a mi amigo, el profesor Giosef Quaglia

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