Mónica Cavallé es doctora en Filosofía y pionera del asesoramiento filosófico sapiencial. Desde hace casi veinte años es filósofa asesora y facilitadora de consultas individuales, talleres y cursos de formación en asesoramiento filosófico. Fue fundadora y presidenta de la Asociación Española para la Práctica y el Asesoramiento Filosóficos (ASEPRAF). Actualmente dirige la Escuela de Filosofía Sapiencial. Su labor se centra en una filosofía que evidencie su íntima unidad con nuestro ser total y nuestra vida cotidiana, así como su potencial transformador y liberador. Entre sus libros destacamos La sabiduría recobrada , Filosofía como terapia (Grupo Anaya, 2002; Grupo Planeta, 2006; Kairós, 2011), La Filosofía, maestra de vida (Aguilar, 2003), y su gran novedad, El arte de ser (Kairós, 2017).

¿Quién es Mónica Cavallé realmente?

Te puedo describir cómo soy, qué hago, cómo vivo, qué me gusta, qué me conmueve, qué pienso y siento, cuáles son mis circunstancias… pero no quién soy. La pregunta «¿quién soy?» nos conduce a un lugar que no puede ser pensado ni descrito, solo «sido». Se corresponde con la vivencia de ser sin adjetivos, de ser presencia despierta, vida en expresión, capacidad de conocer, crear y sentir. Es la vivencia más directa e íntima de nosotros mismos. No necesitamos definirnos para ser en plenitud.

¿Qué la llevó a estudiar y difundir la filosofía sapiencial?

Siempre he sentido una profunda inquietud filosófica y espiritual. Estudié filosofía como parte del proceso de dar forma a esa llamada, a ese anhelo. Me interesó la vertiente sapiencial porque experimenté de forma nítida que las respuestas a las grandes preguntas no se alcanzan en el plano del pensamiento, sino que equivalen siempre a ciertas experiencias, a ciertos estados de ser. Y esto es lo que proponen las enseñanzas sapienciales: no nos ofrecen respuestas teóricas; invitan a una transformación. Para estas filosofías, el discurso intelectual no tiene un valor autónomo; vale en la medida que posibilita que experimentemos la verdad viva de una enseñanza.
¿Qué me llevó a difundirla? Todos compartimos lo que nos llena, lo que nos inspira, lo que amamos. Lo compartimos queramos o no. Como afirma el Evangelio: «De la abundancia del corazón, habla la boca».

¿Qué diferencias o similitudes hay entre filosofía perenne, filosofía esotérica y filosofía sapiencial?

La expresión «filosofía perenne» (en su acepción más reciente, porque no todos los autores han utilizado esta expresión en un mismo sentido) alude a la constatación de que hay claras semejanzas estructurales entre las enseñanzas sapienciales de distintas culturas, intuiciones análogas que se sustentan en lo que hay de perenne en la condición humana.
La expresión «filosofía sapiencial» alude a la filosofía que no ha olvidado su significado etimológico: amor a la sabiduría, es decir, su conexión con los fines de la vida humana. Puesto que la orientación a la sabiduría nos concierne a todos, la filosofía sapiencial tiene una vocación claramente universal.
La expresión «filosofía esotérica» alude a las doctrinas (filosóficas y/o religiosas) que solo se trasmiten a un grupo de iniciados; abarca manifestaciones muy dispares: enseñanzas sapienciales genuinas y otras que no lo son.

Entrevista Revista ESFINGE Dra. Monica Cavallé 1

¿Qué es la «mayoría de edad del pensamiento»?

Aspirar a la plena autonomía en el plano del pensamiento. Ser luz y guía para uno mismo. Encontrar la fuente del criterio en nuestro propio interior. Asumir que nadie puede responder por nosotros a las grandes preguntas de la vida. No vivir de opiniones de segunda mano, sino descansar en nuestras propias comprensiones. No buscar tutores que nos suplan en la tarea de pensar por cuenta propia y de protagonizar nuestra propia vida. Esto último, por cierto, en ningún caso equivale a no inspirarnos en las personas que van por delante de nosotros en el camino, a no aprender de ellas.

Más allá de nuestro ego o yo superficial, ¿existe realmente en nuestro interior una fuente íntima de asesoramiento o de criterio de verdad?

Todos encontramos en nosotros el sentido de la verdad, de la belleza y del bien, por más que en ocasiones vivamos a espaldas de él. Aludo a ese sentir profundo que nos habla a través de un sentimiento de falta paz cuando no vivimos de forma congruente; que nos hace reconocer que ciertas palabras tienen autoridad; que nos impele a rechazar la destrucción de algo valioso, a corregir la injusticia, a conmovernos ante ella… Este fondo insobornable, este sentir profundo (pues surge de un lugar más profundo que el plano de nuestros deseos superficiales, de nuestras opiniones personales, de los códigos sociales asumidos…) es nuestra verdadera guía.

¿Qué es, de dónde viene ese misterioso espacio interior que es fuente última de creatividad y libertad, cuál es su naturaleza?

Cuando nos situamos en nuestro verdadero eje de gravedad, estamos despiertos y presentes en nuestras repuestas. Estas últimas ya no son ciegas, automáticas, reactivas… Se abre un paréntesis entre el estímulo y nuestra respuesta y tenemos la capacidad de ofrecer una respuesta originaria y propia. Este eje de gravedad es nuestro centro ontológico, una instancia más originaria que el plano en el que se desenvuelve el pensamiento condicionado y los impulsos asociados. Este centro, en efecto, es fuente de creatividad y de libertad.
¿Cuál es su naturaleza? Aristóteles decía, enigmáticamente, que el nous (el espíritu) es «algo divino» en el ser humano, aludiendo al hecho misterioso de que, en medio de esta realidad condicionada, tengamos la vivencia de un principio completamente incondicionado.

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¿En qué medida la filosofía es psicoterapia?

La filosofía sapiencial es profundamente transformadora y liberadora, pero eso no significa que sea una psicoterapia, por más que haya conexiones entre ambas y puedan enriquecerse mutuamente.
La filosofía nos invita a ejercitar nuestro discernimiento para poder vivir en verdad. Y la realidad y la verdad liberan. Siempre. El sufrimiento evitable encuentra su raíz última en nuestra ignorancia sobre nosotros mismos y sobre la realidad.
La psicoterapia busca mejorar la calidad de vida del paciente. La filosofía se dirige a todo ser humano en tanto que tal, y se orienta a la verdad. La progresiva liberación interior y la superación de mucho sufrimiento inútil son los subproductos de este compromiso incondicional con la verdad, con la toma de conciencia.

¿Y en qué medida la filosofía es o lleva a la espiritualidad?

La espiritualidad no es propiedad de las religiones oficiales. Es la dimensión profunda de la realidad y del ser humano. La filosofía sapiencial es una actividad espiritual en la medida en que tiene como sujeto y como objeto esa dimensión de lo real; en que nos orienta al conocimiento del ser; en que nos abre al reconocimiento vivencial de lo que en nosotros trasciende el nivel estrictamente psicofísico.
Esta dimensión, como decíamos antes, constituye nuestro centro de gravedad y, si bien tiene una vertiente individual, nos trasciende como meros individuos y tiene también una vertiente cósmica. Ahí se establece la conciencia de unidad con todo lo existente.

¿A qué se refiere en su libro con las «Sabidurías del Despertar»?

Aludo a las filosofías que consideran que no hay verdadero conocimiento filosófico sin una modificación de nuestro nivel de conciencia; una modificación que equivale a un despertar. A las filosofías que afirman que la purificación de nuestra mirada es la condición de posibilidad del conocimiento filosófico, porque si nuestro mundo interno es irreal, es decir, si estamos dormidos, cegados por nuestros condicionamientos, prejuicios y creencias, no podremos abrirnos a lo real.

¿Qué papel jugaron las escuelas de filosofía antiguas en la construcción de la civilización?

Las filosofías griega y romana establecieron importantes cimientos de lo mejor de nuestra civilización occidental. Pero frente a lo que muchos creen, no solo pusieron las bases del pensamiento racional, lógico, conceptual y argumentativo científico, sino también las del conocimiento contemplativo ( nous ) que nos conecta con nuestra dimensión espiritual. Algunos de los filósofos de la Antigüedad fueron, de hecho, grandes místicos.
Algunas escuelas filosóficas de la Antigüedad contribuyeron, muy en particular, a desarrollar la filosofía como arte de vida. Somos deudores de su sabiduría, que ha impregnado la historia de Occidente.

¿Existirán de nuevo escuelas de filosofía sapiencial en el futuro? ¿Qué pueden aportar?

La trasmisión de la filosofía, entendida como amor a la sabiduría, precisa de un clima de amistad filosófica, el que se da entre personas unidas por vínculos de afinidad, comprometidas con una determinada forma de encarnar la filosofía. Los entornos institucionalizados no son su elemento natural. A la filosofía-sabiduría le es indispensable esa atmósfera de libertad apasionada. Esta era la atmósfera que proporcionaban las primeras escuelas de sabiduría. En ellas, además, la autoridad del maestro no solo radicaba en los conocimientos que «poseía», sino, sobre todo, en que era un maestro de autogobierno, de autoconocimiento, de serenidad.
Decía Cioran que «Las cosas esenciales no deberían institucionalizarse», que «la filosofía debería enseñarse en el ágora, el parque o la casa». Creo que esos espacios y escuelas necesitan revitalizarse bajo nuevas formas, en marcos contemporáneos, para ser lugares de renacimiento y de desarrollo de la filosofía en su vertiente sapiencial.

¿Cómo distinguir los genuinos ideales de los falsos ideales que son fuente de división, exclusión y violencia?

Los ideales reales son ese sentido de la verdad, del bien y de la belleza al que antes aludíamos, el que nos impulsa a poner, a través de nuestras respuestas presentes, más verdad, bien y belleza en nuestra vida y en nuestro entorno.
Los falsos ideales son las ideas rígidas sobre cómo deberían ser las cosas que nos conducen, en nombre del ideal, a violentar la realidad presente, a despreciarla, y a sentirnos separados de quienes no comparten nuestro ideal. Son los ideales que despiertan sentimientos de impaciencia y hostilidad con nosotros mismos y con los demás; los que conducen a agredir de pensamiento, verbal o físicamente. El falso ideal siempre legitima la violencia, aunque esta se ejerza de forma sutil.

Como experta en filosofía sapiencial ¿es más alegre y feliz que hace años? ¿Es esta una medida o comprobación del buen camino filosófico sapiencial?

Hace quince años vivía con fuerza las intuiciones que ahora me alimentan y me inspiran. Me sostenían entonces, me trasmitían paz y contentamiento, y lo siguen haciendo en el presente.
Creo que el signo de la vida filosófica, en efecto, es la serenidad. Un tipo de serenidad que no excluye la alegría y el dolor, el estrés y las dificultades, los momentos mejores y peores, pues procede precisamente de la capacidad de integrar y asumir todas las dimensiones de la existencia.

¿Qué es lo mejor y lo peor de su camino filosófico?

Lo mejor es que no hay separación entre mi vida, mi vocación y mi trabajo. Todo es uno. También que mi actividad de acompañamiento filosófico me permite interactuar con otras personas de un modo muy veraz, muy auténtico.
Lo más retador quizá haya sido encontrar el equilibrio entre la soledad (la reflexión y la escritura demandan grandes dosis de soledad) y la interacción constante con otras personas (mi vocación por las relaciones de ayuda). Son inclinaciones que necesitan atmósferas distintas y que precisan ser adecuadamente conjugadas.

Muchas gracias por su tiempo; ¿cuáles son sus próximos libros y proyectos?

Tengo varios libros en mente: un ensayo sobre espiritualidad, otro sobre filosofía oriental, un manual en el que explico mi método de acompañamiento filosófico... Esos son mis proyectos, además del de seguir haciendo lo que ya hago: crear espacios de intercambio y diálogo con las personas que forman parte de mi «familia» filosófica.

Más información: www.monicacavalle.com

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