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Noviembre 2013

Desafío al materialismo

Escrito por  Pepe Ruiz
Desafío al materialismo

Un nuevo paradigma parece asomarse a las puertas del nuevo milenio. Nuevas propuestas avaladas por el trabajo de científicos prestigiosos nos hacen cuestionar la validez del materialismo como explicación del mundo.

Es muy interesante observar cómo la industria editorial a menudo refleja una serie de acontecimientos de orden filosófico. Desde hace unos años hemos sido testigos de la publicación de numerosos libros cuyo contenido era un alegato a favor de posiciones materialistas, bien escritos y con ánimo divulgativo. Nos han contado desde que Dios no es bueno hasta la denuncia de peligrosas pseudociencias y sus más representativos gurús y charlatanes. De esta forma, cualquier idea que no guardase relación con la postura por ellos defendida ha sido vilipendiada y tildada de irracionalismo. Científicos como Richard Dawkins, filósofos como Daniel Dennet o Christopher Hitchens nos han ilustrado de la bondad y eficacia de sus razonamientos, apoyados supuestamente por argumentos científicamente solventes.
El materialismo es una posición intelectual con la que todos estamos familiarizados debido a que ha sido el discurso dominante en los dos últimos siglos aproximadamente. Poco a poco se fue posicionando en universidades, centros educativos, medios de comunicación… Es lo normal, lo que todo el mundo formado cree. Cuando se utiliza el adjetivo científico, a veces no caemos en la cuenta de que la ideología materialista se ha ido deslizando casi sin percatarnos, camuflada tras la apariencia y el prestigio de la ciencia. Así que hablar de ciencia es también hablar de racionalismo (la razón todopoderosa) y materialismo (todo es material). Esa extraña mezcla entre ciencia e ideología ha dado como resultado el cientifismo como paradigma explicativo dominante, pero que poco tiene que ver con la ciencia en sí, entrando en una contradicción de la que nadie habla, porque resulta molesto o sencillamente se evita.
Si hablamos de ciencia, nos estamos refiriéndo, sobre todo, al conocimiento derivado de la aplicación de una metodología rigurosa, del contraste de hipótesis y elaboración de teorías que nos aporta una explicación y un sentido a lo que no sabemos del mundo en que vivimos. Pero pocos ponen de relieve que el potente método científico y sus sorprendentes aplicaciones tecnológicas se puso al servicio de una agenda oculta que nadie ha explicitado, que nadie ha expuesto, que todos asumimos como algo natural, que nadie ha debatido ni discutido, que nadie ha contrastado.
Muchos empiezan a sentir esa agobiante presión, pero casi nadie se atreve a decir que el rey (la creencia materialista que se traslada a través de la imagen prestigiosa de la ciencia) está desnudo, que no deja de ser una poderosa imagen asentada en un frágil pedestal… de momento.

Biología y parapsicología contra el materialismo
fin materialismoHa sido una feliz conjunción editorial, iniciativa de Kairós, que hayan aparecido en el escaso margen de apenas dos meses, dos libros que no te van a dejar indiferente, querido lector. Dos libros muy similares: ambos escritos por dos prestigiosos autores, el biólogo británico Rupert Sheldrake y el parapsicólogo americano Charles Tart. Son obras de síntesis, muy meditadas, avaladas por largas y prestigiosas carreras académicas de una sólida trayectoria científica en sus respectivos campos. Dichas obras nos ofrecen amplias panorámicas de la ciencia actual, pero planteando la dificultad de sostener a la luz de los nuevos descubrimientos científicos una posición materialista como fundamento explicativo. Los dos autores definen los supuestos teóricos del materialismo, el inexistente traje del rey desnudo, y plantean que dicho sistema no deja de ser un mero sistema de creencias admitido pero apenas cuestionado. Consentido además con un afán casi religioso y peligrosamente sectario. Te aviso que ambos volúmenes son gruesos, llenos de notas y de una extensa bibliografía. Te recomiendo que los leas pausadamente, con un cuaderno de notas a mano, porque están repletos de información sugerente y sorprendente a la vez. No serás el mismo cuando los termines.
espejismo cienciaPersonalmente me fascinan este tipo de debates. Me devuelven la esperanza hacia lo que creo es uno de los mayores monumentos del espíritu humano en nuestra época: la ciencia. Si hubo otros momentos en donde la humanidad dio lo mejor de sí a través del arte o la religión, qué duda cabe de que el mayor ejemplo de creatividad está hoy en el empeño por descubrir los misterios del universo y del ser humano en la búsqueda científica, y en la reflexión profundamente filosófica a la luz de lo hallado, cuando se la deja libremente, porque advertimos que hay un afán por restringir y reforzar una imagen plana de la vida, en plasmar la imagen de un mundo chato, sin trascendencia, predecible…
El trasfondo filosófico del materialismo es el racionalismo, confiado en una todopoderosa y soberbia razón que, al final, logrará dar con la clave de todos los misterios y transformará la humanidad, víctima de las tinieblas de la ignorancia y la superstición, mejorándola. Tarde o temprano se descubrirá la fórmula que lo unifique todo, la que explique el origen de todo, el fundamento último de nuestra realidad material. Sheldrake, que es un excelente polemista, desmenuza esta posición en diez aspectos a los que denomina dogmas de la ciencia moderna. Dedica un capítulo a cada uno de ellos, criticándolo, ofreciendo alternativas, proponiendo experimentos para realizar, llamando la atención y desafiando a todo aquel que quiera debatir. Devuelve preguntas inquietantes y espera que los científicos y filósofos que defienden el materialismo se atrevan a contestarlas con pruebas y no con desplantes y descalificaciones, de las que nuestro autor menciona muchas de las que fue testigo y víctima. En cambio, Charles Tart hace un fino ejercicio de ironía al expresar la filosofía materialista como el Credo Occidental, como si de algo religioso se tratase, como creo efectivamente que se trata. Y dedica extensos capítulos a repasar experimentos exitosos de telepatía, precognición, telequinesia, experiencias cercanas a la muerte o estados alterados de conciencia. Su libro tiene la ventaja de ser una puesta al día de por dónde camina la fascinante ciencia de la parapsicología. Y me gustaría destacar algo que me ha gustado mucho, pues de alguna manera ha respondido a una inquietud personal. Al final de su libro recoge una extensa relación de las más prestigiosas instituciones que se dedican a la investigación seria de estos asuntos, ofrece direcciones de webs, revistas donde se publican los resultados de muchos de los experimentos. Nos ofrece una imagen de la parapsicología seria, arraigada en la más pura investigación científica y no dada a desvaríos fantasiosos.

Materialismo, una cuestión de fe
¿Realmente tiene sentido hablar hoy de materia con lo que sabemos de física cuántica? ¿Podemos aceptar que la consciencia tiene un origen material con los últimos descubrimientos de neurología o de parapsicología? ¿Hasta cuándo vamos a seguir admitiendo como ciencia lo que no deja de ser un sistema de creencias que admitimos ciegamente?
Desde que se puso en entredicho la veracidad de muchos de los dogmas religiosos, una de las consecuencias de la Ilustración, Occidente optó por buscar sustitutos en ideologías que derivaron en sanguinarios totalitarismos de todo color y especie. De forma similar la ciencia sirvió para suplir unas creencias por otras porque, a efectos prácticos, ha terminado funcionando como una religión laica, pero con un dogma central indiscutible, iglesias (laboratorios y universidades), sacerdotes de bata blanca, evangelizadores-divulgadores que anuncian la buena nueva… y también temibles inquisidores.
Volvamos al ejemplo del rey desnudo. Basta con que alguien tenga la valentía de indicar su evidente carencia para que muchos sigan su ejemplo. Poco a poco será tan evidente que dentro de unos años todos se preguntarán extrañados por qué las generaciones pasadas sostuvieron ideas tan extrañas como creer que la vida, la consciencia y el maravilloso universo en el que vivimos fueron fruto solo de la materia y el azar. Eso es lo que tienen los paradigmas, que cuando estás inmerso en uno de ellos, no lo cuestionas y cuando cambian, todo se tambalea a tu alrededor. Lo interesante es tomar conciencia de que estamos siendo testigos de uno de esos cambios históricos.
Sheldrake y Tart no son los únicos que dan fe de este profundo cambio, pero su ejemplo y valentía merecen ser destacados. Digamos que el cientifismo materialista ha agotado su protagonismo histórico, ya no nos sorprenden sus trucos y alardes explicativos, ha pasado de moda y ya no es tan amenazador, aunque su último grito sea de estremecedora agonía.

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