Octubre 2013

Reflexiones sobre Platón y nuestro mundo

Escrito por  M.ª Dolores F.-Fígares
Reflexiones sobre Platón y nuestro mundo

Pedir a Platón que nos muestre algunas soluciones para la crisis que estamos viviendo parece algo descabellado, pero tal vez es cuestión de volver a leer con atención algunos de sus escritos para encontrar respuestas que nos den un poco de luz para entender nuestro momento actual.

Platón dice en la Carta VII que no habría final para los sufrimientos humanos mientras los filósofos no gobernasen las ciudades o los que gobiernan las ciudades no se hiciesen filósofos. Había llegado a esta conclusión tras comprobar que, a pesar de los cambios políticos que se habían producido en su ciudad y del regreso de la democracia, que condenó a muerte a Sócrates, “la legislación y la moralidad estaban corrompidos”, por lo que se decidió a proclamar que solo con la luz de la verdadera filosofía se puede reconocer dónde está la justicia en la vida pública y en la vida privada.
En su texto sugiere algunas medidas fundamentales para conseguir los cambios deseados, como por ejemplo impulsar a los jóvenes al bien y la justicia y crear entre ellos vínculos de amistad y camaradería. Sin embargo y, como él mismo había experimentado en su relación con Dionisio de Siracusa, de nada sirve dar consejos a quien no los pide ni está dispuesto a seguirlos y menos forzar a adoptar la vida filosófica, por lo que, en el caso de percibir que su país no está bien gobernado recomienda hablar, pero solamente si no se ha de hablar en vano o si no se pone en peligro la vida. Tampoco hay que emplear la violencia para cambiar la Constitución.
¿En qué consistía la vida filosófica que recomendaba a Dionisio? Fundamentalmente, que fuera haciéndose más dueño de sí mismo y se ganara amigos y partidarios. Se trata de una vida de sabiduría gobernada por la justicia, pues la filosofía es un “género de vida” que confiere, junto con la sobriedad, una inteligencia pronta, una memoria tenaz y la capacidad de razonar. No hay un medio para reducir los temas filosóficos a fórmulas, sino que cuando se han frecuentado durante largo tiempo y cuando se ha convivido con ellos, entonces brota repentinamente la verdad en el alma, como de la chispa brota la luz y enseguida crece por sí misma. La educación filosófica tienen prioridades: el cultivo de la virtud y la contemplación de las ideas, con preferencia sobre aquello que sirve simplemente para adquirir riquezas o desarrollar habilidades mundanas.
Entre las enseñanzas de Platón, resultan iluminadoras, por su vigencia en la actualidad, sus propuestas básicas de filosofía política. Partiendo de la base de que el Estado no debe proporcionar solamente vida para sus ciudadanos, sino una vida buena, en el sentido de virtuosa y con sentido, debe haber un consenso social entre la ciudadanía sobre lo que de verdad importa, más allá de las diferencias. Lo que Platón se plantea es un Estado que proporcione un entorno adecuado para el proceso de despertar espiritual y donde pueda darse la discusión y la vida racional.

Elementos de la crisis

John Dillon, uno de los grandes especialistas en la filosofía platónica, ya en el comienzo de la crisis, se planteó el tema de la actualidad de las enseñanzas y quiso demostrar la oportunidad de las recomendaciones platónicas aplicadas a nuestro contexto, que localiza en varios aspectos . Para sus síntomas existen remedios inspirados en el sabio ateniense.


1. En nuestra relación con la naturaleza. El problema de la destrucción del entorno y la contaminación. No es necesario abundar en el alcance de estas grandes amenazas y sus efectos incalculables, basados en una concepción lineal del progreso, que persigue una meta que nunca se alcanza, o del crecimiento constante, a cualquier precio, sin considerar la concepción cíclica del tiempo propia del mundo clásico. A esto se añade la concepción materialista de la naturaleza como mera fuente de recursos.
Platón, en el libro II de La República ya advierte de que el Estado deberá hacerse más grande para satisfacer las crecientes necesidades de los ciudadanos, por lo cual estallarán las guerras entre vecinos, disputándose las fuentes de riqueza.
Otra de sus recetas, en el cap. V de Las leyes, se refiere a la posibilidad de limitar la población, o bien determinar la cantidad de población sostenible en relación con el territorio, buscando una estabilización de la propiedad de la tierra. Garantizar que nadie esté por debajo de un determinado nivel de prosperidad y no permitir que la riqueza de nadie sea cinco veces superior al nivel básico de prosperidad que se requiere para llevar una vida digna. El que sobrepase ese nivel debe donarlo al Estado. Todo el mundo debe producir y si no es posible, salir al exterior.
Platón dice que no hay que permitir que solo una clase sea feliz sino el conjunto del Estado y que no se debe acumular tanta riqueza como para que olvide la razón por la cual se inventó el dinero: primero para el cuidado del alma y después el del cuerpo.

2. Nuestra concepción de la realidad. Aumentan en muchas regiones del mundo los conflictos religiosos y la intolerancia mutua, paralelamente a la fragmentación de las sociedades, con exclusiones e incomprensiones mutuas, que explotan en violencia. Por una parte, las costumbres de Occidente causan escándalo moral en los países islámicos, y por otra, también se producen actitudes rígidas entre los cristianos y judíos, que provocan las correspondientes reacciones, y las tensiones teológicas alimentan las económicas. No cabe duda de que ante este problema, la filosofía, al ampliar nuestro punto de vista sobre nosotros mismos y los demás, nos ayuda a considerar lo universal que está detrás de las diferencias y las particularidades humanas.
Por lo que se refiere al tema religioso, Platón es partidario del respeto al culto tradicional, las ceremonias y espacios sagrados, hasta el punto de que en el libro V de Las leyes manifiesta que el ateísmo debe ser castigado. Pero a la vez, en La República, se manifiesta crítico con respecto a la forma en que los poetas hablan de los dioses y rechaza las supersticiones y la charlatanería pseudomística. Trata este tema en el Eutrifón y también en el libro II de La República. Para Platón, Dios es el sumo bien, la suma verdad. Armoniza esas dos actitudes contradictorias hablando del Alma del Mundo, aunque indica la conveniencia de que esa enseñanza se dé solo a los más sabios y experimentados ciudadanos y a los miembros del Consejo de Estado, o Consejo Nocturno.
En todo caso, prescribe respetar otras creencias, no pensar siempre en convertirlos a la verdadera fe. Comparar alegorías y encontrar la verdad que hay en ellas.

3. Nosotros mismos y nuestras relaciones con los demás. Ante lo que Dillon llama “la ruptura de la legitimidad de la autoridad”, Platón considera que las leyes deben reflejar las ideas inteligentes y el orden del universo. La condición de ciudadano o de gobernante no se adquiere porque sí, sino que es necesaria la educación y cierta cualificación interior, o capacidad para comprender el sentido del Estado y de lo público. En el libro VI de La República utiliza la metáfora de la “nave de los locos” para explicar el desconcierto que se apodera de la sociedad cuando los ignorantes pretenden hacerse con el poder, que debe estar en las manos de los reyes filósofos.
Es muy importante para Platón el valor de la educación, como medio de lograr la adquisición inicial de la virtud por parte de los niños, comunicando un sentido de la armonía desde el principio de la vida, virtud como concordia entre la razón y las emociones. Armonizar las nociones de placer o dolor y conseguir que rechacemos lo que debemos rechazar y amemos lo que debemos amar: eso es educación.
En la actualidad hay un temor a inculcar valores, para no ser acusados de autoritarismo, pues falta un acuerdo social sobre qué valores y cómo llevarlos a la práctica.
La necesidad de inculcar en los jóvenes el sentido del Estado y lo público se puede solventar aplicando una de las recomendaciones más innovadoras de Platón en el libro VI de Las leyes: la propuesta de algo semejante a un servicio nacional. Las tareas que el filósofo asigna a sus integrantes tienen que ver con el cuidado del medio ambiente, (mantener los bosques y montes limpios de maleza, por ejemplo), embellecimiento y cuidado de los espacios públicos (monumentos, fuentes y bosques sagrados), la atención a los mayores (construir gimnasios para entrenarse jóvenes y mayores, baños y recolectar leña para que los mayores del mundo rural puedan calentarse en invierno).
Las consecuencias positivas de este Servicio Nacional, especialmente en cuanto al sentido de la disciplina y la percepción de lo público, se dejarían notar en las jóvenes generaciones y las prepararía para ejercer su cualidad de ciudadanos a lo largo de la vida.

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