Domingo, 01 Abril 2018 00:00

La historia importa

Uno de nuestros entrevistados, en este número dedicado a Roma dice que «no conocer a los clásicos es como ignorar a nuestros padres», es decir, un auténtico disparate. Quienes amamos el legado del mundo clásico sentimos dolor al comprobar que la historia no importa en estos tiempos apresurados, mucho menos la que se remonta al mundo antiguo. Y, sin embargo, cuántas lecciones sabias, cuántas experiencias interesantes que nos enseñarían, entre otras muchas cosas, a no repetir los mismos errores, una y otra vez.

Nosotros en Esfinge pensamos que la historia sí importa, y como nosotros, muchos lectores, investigadores, escritores, que nos relatan y recrean tantos episodios fascinantes, que nos muestran, entre otras cosas importantes, la unidad del género humano, más allá del tiempo y el espacio.

Entre las numerosas propuestas, hemos vuelto a Roma una vez más, sorprendidos por el interés que sigue despertando la gran civilización que, partiendo de un poblado pequeño en Italia, se extendió por el mundo, unificando pueblos, territorios, creencias, pero sin aniquilar su espléndida diversidad. Continuamente, aparecen nuevos ensayos, obras de ficción que recrean aquellos ambientes, biografías de personajes, más o menos conocidos por el gran público… Entre las luces de sus gobernantes sabios y austeros y otros, que cayeron bajo el peso de sus locuras y miserias, hay innumerables historias dentro de la gran Historia, que sí importa, para conocer quiénes somos y de dónde venimos.

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En 2017 se cumplieron 1900 años de la muerte de Trajano, uno de los grandes emperadores de la historia de Roma en su faceta de militar y conquistador. Era de origen hispano y se le consideró Optimus Princeps (el mejor de los príncipes).

Las virtudes de Trajano
Marco Ulpio Trajano nació en el año 53 a 9 km de Hispalis (Sevilla), y gobernó desde el año 98 hasta su muerte, en el año 117.

Fue el primer emperador no nacido ni criado en Italia, aunque pertenecía a una familia romana, y dio origen a la saga de emperadores hispanos de los Antoninos, continuada por Adriano y Marco Aurelio, junto con Nerva, Antonino Pío y el nefasto Cómodo.

Muchas fueron sus virtudes, pero la que le distinguió fue la justicia, gracias a la cual pudo mantenerse la paz: « Arme contra mí mismo la espada del pretor que me quite la vida si alguna vez faltase a la justicia » .

Según las crónicas, era habitual verle impartir justicia en las plazas públicas, así como visitar de incógnito las casas de senadores o comercios para comprobar si se respetaban la justicia y el decoro. La anécdota trajana cuenta que, en cierta ocasión en que Trajano marchaba a una guerra, se le acercó llorando una viuda cuyo hijo había sido asesinado y, dado que ya nadie podía devolvérselo, le pidió que hiciera justicia por su sangre derramada. El emperador le respondió que, una vez que hubiese vuelto de la guerra, le vengaría. La viuda le replicó: «Y si tú mueres en la guerra, ¿quién me responderá?». Trajano, movido por la razón y por la piedad, bajó de su caballo y no se apartó de allí sin haber concluido el juicio.

Medidas contra la corrupción
Se distinguió como legislador y juez. En las Cartas de Plinio el Joven, quien lo conoció personalmente, aparece en numerosas ocasiones actuando como juez en variados litigios, ya fuera entre personas o entre políticos y el pueblo. Una de las intervenciones más significativas de Trajano con respecto a la política, riqueza y urbanismo de su época la registra Plinio el Joven en una carta dirigida a su amigo Mecilio Nepote (VI, 19), donde podemos ver la actualidad de los hechos :

« ¿Has oído que el precio de las tierras ha subido, sobre todo en las proximidades de Roma? […] En los últimos comicios el Senado ha expresado su opinión con estas atinadísimas palabras: “que los candidatos no celebren banquetes, ni ofrezcan regalos, ni depositen dinero en manos de agentes”. De estas prácticas, las dos primeras se realizaban tan abiertamente como sin medida; la tercera, aunque se hacía a escondidas, era bien conocida de todos. […] Ha puesto el remedio [Trajano] , pues ha restringido los gastos de los candidatos, esos gastos escandalosos y deshonrosos, mediante la ley contra la corrupción. Además, les ha obligado a invertir en bienes inmuebles una tercera parte de su patrimonio, pensando que era vergonzoso (y realmente lo era) que los candidatos a una magistratura considerasen a Roma y a Italia no como su patria, sino como una posada… » .

Ordenó que se diera sustento de su propio patrimonio a mendigos y vagabundos, que se barriesen y regaran todas las calles de Roma, que solo se mantuvieran veintidós fiestas en el año («Más se puede servir a Dios trabajando que holgazaneando»), que se moderaran sacrificios y ofrendas («Más gusta a los dioses que los hombres enmienden sus vidas y no que les den sus haciendas») y que se prendiera a calumniadores, corruptos y acusadores.
El valor y la piedad brillaban en él. En las campañas que dirigió, siempre iba el primero, caminando con sus soldados, sufriendo con ellos las inclemencias del tiempo y las situaciones adversas. Se mezclaba con el ejército y comía lo mismo que los legionarios, sufriendo con ellos.

Trajano un emperador legionario al servicio de la justicia 1

Se ejercitaba con sus hombres como uno más, siendo el último en acostarse después de realizar la ronda por el campamento. Felicitaba a todo aquel que lograba batirle en los ejercicios de lucha y solía ser comprensivo con los soldados, perdonando muchas faltas, excepto dos: quedarse dormido durante las guardias y blasfemar contra los dioses.

Después de cada batalla, intervenía en el auxilio de los heridos, haciendo vendas, cuando así era necesario, de su propia túnica. Siempre atendió a los que quedaban huérfanos después de cada contienda.

A pesar de que vivió en la época de mayor extensión y riqueza del Imperio romano, se distinguió siempre por su modestia. Vestía igual que los soldados, sin hacer ostentación alguna. Su mujer, Pompeya Plotina, era igualmente modesta en su forma de vestir, sin lujos innecesarios, pues decía que cuando llegó a Roma no lo hizo para ser emperatriz, sino una matrona más del imperio.

A Trajano se le veía ir siempre a pie dirigiéndose al Senado. Nos han llegado testimonios de su humildad: cuando recibía visitas de gobernadores o generales, se bajaba de su silla imperial e iba a abrazarlos, colmándolos de halagos.

Pidió a los sacerdotes que cuando rezasen por la duración de su reinado añadiesen: «siempre y cuando lo merezca». Cuando le reprochaban que era demasiado amistoso, decía: «Quiero tratar a los demás como yo hubiese querido ser tratado si no fuese emperador». Cuando nombró prefecto a Suburano, se cuenta que al entregarle el puñal que simbolizaba el cargo, le dijo: «Te lo entrego para defenderme si me conduzco bien; en caso contrario, úsalo contra mí». También destacó por la lealtad a sus amigos, su paciencia en los trabajos, su carácter agradable y su trato honesto y franco, además de su inteligencia a la hora de emprender cualquier actuación.

Favoreció la cultura, abriendo academias y la biblioteca Ulpia en el Foro Trajano. Plutarco fue su maestro y se dice que llevaba a las batallas a algún filósofo por si podía mantener alguna conversación.

Decía que a la hora de la muerte, son dos las cuentas que los príncipes tienen que rendir: una a Dios, acerca de lo bien y mal obrado, y otra al mundo, sobre las acciones que realizaron y su forma de gobernar.

Trajano, emperador legionario

Trajano es reconocido por su buen gobierno, que se refleja en el acertado empleo de los caudales del Estado en obras públicas, respeto a la ley, políticas para los desfavorecidos y expansión del imperio.

Para ello utilizó el Ejército ante amenazas exteriores e interiores y revirtió el botín obtenido en el imperio.

A mitad del s. I, la Bética había dado ya muchos senadores; el propio padre de Trajano, con otros itálicos, habían influido en que Vespasiano fuera investido «emperador», lo que le valió para ser ascendido a gobernador de la lejana provincia de Siria en el año 77.

De la niñez y juventud de Trajano sabemos poco, solo que se trasladó con su padre a su destino. Con veinticuatro años fue ascendido a jefe de una legión. Esto suponía estar al mando de unos cinco mil legionarios y sus fuerzas auxiliares.

Como joven militar, se ganó el respeto de sus hombres y del Senado en territorios difíciles como Siria, Hispania o Germania, por lo que fue nombrado cónsul.

En época de Trajano, el legionario era un soldado profesional muy cualificado. El contubernio era la unidad más pequeña del ejército y lo formaban ocho legionarios. Diez contubernios hacían una centuria; seis centurias eran una cohorte, y diez cohortes eran una legión. En total, era una fuerza de 4800 hombres más sus oficiales y suboficiales.

A estas fuerzas se le sumaban cuerpos de caballería de 30 caballeros, que se distribuían en una cohors equitata de 120 caballeros.

La Marina tenía una labor de apoyo a la infantería más que una fuerza autónoma.

También estaban las importantes fuerzas auxiliares, que eran verdaderas legiones extranjeras de guerreros venidos de todos los lugares del imperio y de más allá de sus fronteras.

Era el año 97 cuando el emperador Nerva asumió el título de emperador y entregó el gobierno de la provincia de Germania a Trajano, que adquirió el título de heredero.

La muerte de Nerva cogió por sorpresa a Trajano dos años después. Trajano estaba con sus planificaciones sobre Germania, construyendo ciudades, puentes, puertos y fortalezas para defender el Rin de los germánicos.

La guerra de Dacia

Durante el reinado de Domiciano el Ejército romano se enfrentó con el ambicioso rey Decébalo, con quien firmó una humillante paz en el año 95.

Trajano preparó la campaña sobre Dacia con tanto secreto que hasta que las tropas no cruzaron el Danubio en el 102, no supieron que estaban invadiendo Dacia.

Roma llevaba un ejército de treinta legiones y tropas auxiliares, formando un contingente de 100.000 hombres; Decébalo consiguió reunir a 180.000 soldados.

Trajano dividió sus tropas en dos columnas y atacó la fortaleza de Tapae por dos frentes. Fue una batalla difícil, en la que el agotamiento de los contendientes hizo pertinente pactar el alto el fuego en varias ocasiones. Pero al fin vino la victoria, y los dacios se replegaron.

Trajano regresó con los suyos a sus campamentos de invierno dentro de sus fronteras, aunque dejaron algunos destacamentos de tropas auxiliares, que luego fueron condecoradas por su valor.

En el año 103 hubo duros enfrentamientos, aunque poco a poco los romanos fueron adueñándose del terreno hasta llegar a las puertas de la capital, Sarmizegetusa.

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Trajano, con un ejército agotado, y Decébalo, viéndose perdido, renegociaron la paz que aceptaba la derrota dacia, lo que conllevaba la pérdida de territorio, vasallaje y la prohibición de hacer política exterior. Trajano, como vencedor, tomó el título honorario de «Dácico» que ya sumaba al de «Germánico».

La paz no duró mucho porque, en el año 105, Decébalo consiguió coger prisionero a Longinus, el comandante de la guarnición que se había quedado cerca de Sarmizegetusa, pidiendo un rescate por él y sus hombres. No contaron con que los legionarios se suicidaron para que Trajano tuviera las manos libres y arrasara Dacia, dejándola prácticamente sin hombres útiles para la guerra.

Rumanía considera que el nacimiento de su país comienza cuando Trajano tomó el territorio.

Nabatea y Partia

Un objetivo de Julio César había sido expandir el imperio hacia el oriente siguiendo a Alejandro Magno. Trajano, conocedor del terreno, se anexionó Nabatea en el año 106. La ciudad de Petra había prosperado mucho porque era una de las puertas de la Ruta de la Seda; con Trajano se convertía en una provincia romana.

Otra cosa fue la guerra contra Partia. Trajano, dirigiendo su ejército, entra en Partia cuando Osroes I era su rey. Los romanos tenían la frontera en el Éufrates, lo atraviesan y traspasan nuevamente el Tigris.

En menos de un año tomaron Armenia, Asiria y Mesopotamia, apenas sin enfrentamientos, aunque las calamidades del calor y el frío se suceden creando problemas en la tropa; en una ocasión, un terremoto casi acaba con la vida a Trajano, aparte de causar bajas en sus tropas.

En el año 114, el Senado le otorga el título de Optimus, la máxima excelencia, y poco después el de Pártico.

Pero no era todo paz dentro del imperio. En el año 115, se sublevaron los judíos en Egipto, Chipre y Judea, lo que provoca que Trajano tenga que retirar tropas para repeler la rebelión, con lo que su avance se ve afectado. En el 116 las ciudades del territorio recién conquistado se sublevan y tiene que enviar a sus mejores generales a reconquistarlas. A todo esto se le suma una apoplejía que le mina la salud.

Trajano se lamentó de tener sesenta años y no poder emular a Alejandro. Enfermo, se retira en dirección a Roma cuando le sorprende la muerte en el 117 sin haber llegado a la ciudad imperial.

El imperio había llegado al máximo de su expansión física, pero realmente la aventura de Partia fue un descalabro en cuanto a muerte de hombres y dinero invertido. Le sucede Adriano, que retiró las tropas de Partia volviendo a sus antiguas fronteras anteriores al año 113.

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En el teatro romano de Sagunto se representó en el verano de 2016 uno de los episodios más heroicos de la historia de España, la gran tragedia en la época romana de la historia de Sagunto. Fue una adaptación de la obra de Vicente Blasco Ibáñez Sonnica la cortesana , con una compleja adaptación teatral con más de cincuenta personajes. Pudimos ver las distintas culturas que se entremezclaban en aquel entonces, entre griegos, romanos, cartagineses y saguntinos. La adaptación libre de Sónnica y Acteón: una tragedia griega , fue realizada por el escritor Albert Forment y la dirección teatral por Amparo Vayá, con más de treinta años de experiencia sobre los escenarios.

¿Cómo se embarcaron en esta obra de teatro de ensueño?
Albert Forment: El origen de la obra es un encargo de la asociación cultural “Paseu por Sagunt” , que querían representar la obra de Vicente Blasco Ibáñez Sonnica la cortesana , que ya se hizo en 1975, pero la adaptación de la novela al teatro resultó algo compleja de hacer, ya que muchas escenas no se podían representar dada su complejidad escenográfica y había que hacer una selección cuidadosa de las escenas que se tenían que representar para poder expresar bien esta magnífica obra.

¿Por qué desarrollan principalmente en la obra lo que son las pasiones del ser humano?
A. F.: La cuestión era centrarnos principalmente en cosas que atañen al ser humano en todas las épocas, y es ahí donde reside su actualidad y lo que nos une al pasado y a todos los seres humanos de todas las épocas. El amor y las intrigas políticas son el eje de la obra, pero siempre respetando los acontecimientos históricos, aunque con libertad absoluta de poder adaptarla. Incluso hemos cambiado el título con respecto a la obra de Blasco Ibáñez, y solo sale un 10 %; así acentuamos más su actualidad.
En este ambicioso proyecto, ¿cuándo empezaron y cómo se dirige a cincuenta personajes?
Amparo Vayá: Trabajando mucho... Empezamos en enero de 2016, trabajando dos días a la semana y las dos últimas semanas fue un trabajo a tope todos los días. La exigencia del teatro es mucha, y más en una obra de estas características.

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¿Cuántas veces han participado en el teatro romano de Sagunto?
A.V.: Como actriz, he salido aquí unas cinco veces, pero es mi primera vez como directora y en estas dimensiones. He querido que el teatro romano de Sagunto también tenga su protagonismo; de ahí la poca escenografía, pero ha sido apasionante.
Se les ve muy orgullosos de poder representar esta obra de su tierra. ¿Qué representa esta obra después de treinta años en el mundo del teatro?
A.V.: ¡Treinta años ya... cómo pasa el tiempo! Haciendo teatro aprendes mucho, pues tienes que realizar las muchas facetas que tiene el teatro y participas con mucha gente maravillosa. Tienes que escribir, dirigir y actuar, tienes que compaginarlo muchas veces todo al mismo tiempo. Cuando empiezas en este mundillo, tienes que aprender a hacer de todo, pero me gusta, es un no parar.

Ha realizado talleres de artes escénicas para niños. ¿Qué importancia tiene en la educación?
A.V.: La cultura es muy importante en nuestra vida, un país sin cultura no es nada, es algo fundamental en nuestra sociedad, nos une a todos y no nos separa. El arte nos hace disfrutar y transportarnos en nuestra vida.

¿Qué significa dedicarse una vida entera al teatro y cuál es su importancia?
A.V.: No solo el teatro, sino el arte, es necesario para vivir. El teatro, con sus diálogos, es una fuente no solo de crítica –vemos que hay cosas del ser humano que no cambian y que continuamente se repiten–, sino que nos ayuda a comprendernos mejor.
A.F.: Muchas veces, la gente se sorprende por los diálogos que hay en esta obra, porque hay cosas que se repiten; algunas, atemporales como el amor, pero también las intrigas políticas, que son de tanta actualidad que parece que estás hablando del momento presente, por más que hayan pasado 2500 años. Es ver también las pasiones humanas de entonces y de ahora, que no cambian.
A.V.: En el teatro se representa todo. Los antiguos griegos se reían de todo, hasta del mismísimo Sócrates, además de mostrar a través del teatro todas sus preocupaciones, mediante sus dramas y tragedias. Por eso es importantísimo hacer y ver teatro.

A la hora de realizar esta espectacular obra, ¿cuáles son las mayores dificultades con las que se han encontrado?
A.F.: Como escritor, trabajé en mi estudio con toda la libertad del mundo,lo que es muy de agradecer, cuando estaba acostumbrado a realizar otro tipo de representaciones. Me encontré con escenas difíciles de escribir para representar y algunas muy duras, las cuales las han representado con alegría. Estoy muy agradecido a la compañía, porque se han atrevido a representar una obra muy complicada de realizar.
A.V.: Para mí lo más difícil ha sido arrastrar este gran barco, por la envergadura de la obra, y poder llevarlo a buen puerto, pero ha sido apasionante el hacerlo. La gente ha respondido con muchas ganas y entusiasmo cuando nos hemos puesto a trabajar y aprender para poder realizarla. Ha sido muy bonito y agotador.

¿Qué tiene el teatro que atrae tanto al actor?
A.V.: Que es vivo y en directo. No tiene parangón. Súbete un día al escenario y lo comprenderás. Es apasionante, estás tú y el público interactuando.
A.F.: Me interesa mucho hacer un tipo de teatro de actor y texto, que luego se recubre con una puesta en escena fenomenal, donde tienen mucha importancia los personajes y sus diálogos, donde la construcción del personaje en el desarrollo de la obra cobra una especial relevancia.
Aparte de hacer teatro, hace talleres. ¿Dónde imparte los cursos?
A.V.: Llevo la escuela municipal de Foyos, también en la sala Ruzafa de Valencia y el Puig dando clase para niños (ambos son pueblos de la Comunidad Valenciana).

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¿Qué genero les gusta más realizar, drama, comedia o tragedia, y cuál es la más difícil de hacer?
A.V.: Si está bien escrito, me da igual el género, tanto como directora como de actriz.
A.F.: Pienso que la comedia es lo más difícil de escribir, pero no solo la carcajada fácil, sino que tenga un trasfondo de crítica social. Hoy estaba leyendo una crítica de El apartamento , de Billy Wilder, y es una obra genial, con la carcajada inteligente e inmortal, y eso es muy difícil de crear.

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¿Qué ha sido lo mejor y lo peor, a la hora de la puesta en escena de esta obra?
A.V.: Lo mejor, el proceso tan apasionante de su realización, desde el principio hasta verla acabada. Estaba emocionada de ver cómo todo el trabajo salía y salía bien. Lo peor, ahora mismo, es el cansancio. En realidad, no tengo nada negativo, la experiencia ha sido apasionante.
A.F.: Para mí lo mejor fue cuando vi por primera vez la obra representada. Fue una experiencia increíble, vi detalles de actores y su puesta en escena que me dejaron con la boca abierta; algunos de ellos en el ensayo general del día anterior no estaban.

Cuando veían la obra representándose, ¿qué pensaban y sentían?
A.V.: Mucha emoción de ver a los actores y actrices, con los cuales he trabajado todo este tiempo para poder representarla.

A través de esta obra, ¿qué le quieren mostrar al público?
A.F.: Que el ser humano, en el fondo, no cambia tanto, y cómo influencian y perjudican en nuestras vidas las pasiones humanas. El amor, la guerra y las intrigas políticas juegan un papel importante en la sociedad. Y a la hora de escribirla he tomado como referencias las obras del Calígula de Camus y el Macbeth de Shakespeare.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?
A.F.: Esta es mi primera adaptación al teatro, y me lo he pasado tan bien que tengo otra para hacer más adelante, pero vamos a disfrutar con esta obra y sus próximas representaciones.
A.V.: En Ruzafa Escénica se va a realizar una obra en el festival de teatro alternativo muy interesante y estamos preparando “ Los diez años después de construyendo a Verónica”, que es de seis actrices y donde realizo tres monólogos.

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Domingo, 01 Abril 2018 00:00

Calígula, un emperador controvertido

¿Sabías que Calígula nunca nombró a su caballo cónsul, que los autores de su época nunca lo acusaron de incesto y que esas denuncias son posteriores? ¿Estabas al tanto de que uno de los barcos colosales que hizo construir en el lago de Nemi estaba destinado a ser un templo en honor a Diana y no una nave para orgías? ¿Sabías que cuando fue asesinado, el pueblo enfurecido salió a la calle en busca de los responsables?

Cuando empecé la escritura de mi novela, El rey de Nemi. El juicio de Calígula (Evohé, 2017), sabía que muchas de estas cuestiones estarían en la mente de la gente a la hora de abordar la lectura de una novela sobre Calígula. Una figura que, a pesar de contar con una importante revisión por parte de los historiadores actuales, sigue conociéndose entre el gran público por su locura.

El apodo de Calígula que marcó su existencia, parece un irónico preludio de su memoria. Sus padres, en un acto de propaganda populista, cuando apenas era un niño de dos años, lo engalanaron de legionario para ganarse el favor de las tropas de Germania, calzándolo con la caliga reglamentaria de la soldadesca: la propaganda como un leitmotiv de su vida, que marca a fuego hasta el nombre con el que pasó a la posteridad.

Casi todo lo que sabemos sobre Calígula pasa por el filtro de quienes lo escribieron y los motivos por los que lo hicieron. Cayo se opuso en vida a quienes forjaron su memoria en la Historia y el resultado es el de un compendio de acusaciones entre las que hay que bucear para discernir lo real de la mera calumnia, y la calumnia de la exageración con un fondo de verdad.
 
Una infancia rodeada por la muerte

Pero demos una vuelta a la hoja y volvamos al inicio de la historia. Calígula, nacido como Cayo Julio César Germánico, llegó al mundo un 31 de agosto del año 12 en la actual ciudad de Anzio, hijo de Germánico (entonces heredero formal al imperio después de Tiberio) y de Agripina la mayor (única nieta directa de Augusto viva y no caída en desgracia por entonces). Tiene un linaje tan intrincado como pomposo al ser, entre otros, biznieto de Marco Antonio o del emperador Augusto. ¿Cómo puede influir en la cabeza de un niño ver que tu bisabuelo es adorado como un dios tras vencer al otro para el dominio del naciente imperio?

Calígula pasa su primera infancia en los campamentos germanos para luego seguir a sus padres en una gira por Oriente, donde probablemente fue testigo de muchas de las maravillas que podía ofrecer el mundo antiguo. Pero el destino pronto dará un giro y la muerte empezará a perseguir al joven convirtiéndolo en el protagonista de una versión romana de los trágicos Atridas. En efecto, su padre, Germánico, muere en Antioquía en extrañas circunstancias. No hay ninguna prueba de la fabulación de Robert Graves sobre el protagonismo de Calígula en este hecho trágico que sin duda marcó su vida y su desarrollo emocional.

Su madre Agripina, convencida de que el repentino fallecimiento de su esposo fue fruto de un envenenamiento pergeñado por Livia y el mismísimo Tiberio, abandonó la prudencia al volver a Roma, y propagó esas acusaciones mientras, aprovechando las inmensas muestras de pena hacia su familia, se convirtió en una viuda mártir y situó a sus dos hijos mayores, Nerón y Druso, en cabeza de la sucesión al imperio. Se encontró entonces con varios obstáculos, y entre estos, al ambicioso prefecto del pretorio, Sejano, convertido en hombre de confianza de Tiberio que propició la caída en desgracia de Agripina y de sus hijos mayores.

Con quince años, Calígula es separado a la fuerza de su madre y hermanos. Con diecinueve años, es huérfano, ha perdido a sus dos hermanos varones y es obligado a convivir con quien, de facto , se convirtió en verdugo de su familia, el emperador Tiberio. Es entonces forzado, por supervivencia, a esconder unos sentimientos negativos que es difícil pensar no albergara en contra del anciano emperador. Más allá de la ficción histórica en la que me embarqué con mi novela respecto al personaje de Calígula, es difícil imaginar que tantas desgracias y más que probable rencor reprimido no hayan hecho mella en su espíritu y marcado su devenir tras un ascenso al poder visto probablemente de una forma catártica.

Con todo, Calígula supera la prueba y Tiberio acaba designándolo coheredero del imperio junto a su nieto, Gemelo. Suetonio llega a acusarlo del asesinato de Tiberio en su lecho de muerte. Parece difícil, con la sucesión bien atada y a tenor de que Gemelo ni siquiera había recibido la toga viril, por lo que no era rival, ver el sentido a ese acto del que, en todo caso, no existieron testigos.

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El ascenso al poder. Del príncipe virtuoso al monstruo de Suetonio
Al igual que la muerte de Tiberio fue recibida con algarabía, también lo fue la llegada al poder del joven hijo del malogrado Germánico. Sus primeros meses en el poder quedaron marcados por la mesura hasta una enfermedad en septiembre del 37 que a punto está de costarle la vida.

Para Suetonio, en este punto muere el príncipe y nace el monstruo. Lo que parece claro es que, tras curarse, Calígula cree hacerse consciente de una conjura en su contra. Es difícil pensar que el joven Gemelo, que había pasado ya a la edad adulta, fuera el cabecilla, pero suponía un peligro a atajar. En apenas unos meses caen importantes personajes que rodean el poder, entre ellos el propio Gemelo. No es, en todo caso, el descabezamiento de una conjura la acción de un loco, aunque probablemente fuera un acto impopular. Con ello volvieron las sospechas y fueron reinstaurados los crímenes de lesa majestad que tantas delaciones y muertes habían causado durante el principado de Tiberio. El Senado vuelve a estar en el punto de mira, y este es el momento en el que las fuentes también cambian su valoración hacia Calígula.

Todos sus actos pasan a ser vistos con un prisma negativo. El corolario es casi infinito y abarca muchas parcelas, empezando por el incesto que, tal como planteamos en un inicio, no es reflejado por autores contemporáneos como Séneca o Filón de Alejandría, que no ahorraron, en cambio, detalles en contra de Calígula en sus escritos. ¿Por qué obviar algo tan escabroso si se comentaba por entonces?

En junio del año 38, apenas unos meses después de reponerse de su enfermedad y de desarmar esa posible conjura en su contra, su hermana favorita, Drusila, murió. No hay verdadera constancia del motivo de su muerte, que se suele otorgar a un parto o unas altas fiebres, muy lejos de la imagen creada por la novela histórica. ¿Pero es el sufrimiento por la muerte de un ser querido una locura o Calígula perdió la cabeza tras aquel fallecimiento?

Sin duda, aquella muerte le afectó sobremanera y el joven emperador huye de Roma para sobrellevarla. A partir de ahí, probablemente las fuentes nos presentan el Calígula más desenfrenado y desatado. Pero ¿hasta qué punto las más famosas locuras de Calígula lo fueron? Pongámonos en perspectiva recapitulando algunas de las más famosas.
 
Cuando Calígula cruzó la bahía de Bayas
Las fuentes se complacen en relatarnos este episodio como un ejemplo de megalomanía y de despilfarro de Calígula. El joven príncipe unió las ciudades de Puzzoli y Bayas, distanciadas unos cinco kilómetros, agrupando multitud de embarcaciones, y las cruzó con fanfarria en ambos sentidos. ¿Existe una explicación razonable para semejante acto?

Varios son los mensajes subyacentes en este acto. Por un lado, en el marco de su enfrentamiento con el Senado, tras la reinstauración de los procesos de lesa majestad, Calígula hacía una demostración ceremonial del poder imperial en un acto escenificado como un triunfo, al que, recordemos, solo estaban autorizados el emperador o sus familiares desde que Augusto así lo había instaurado. Por otra parte, todo el acto, tuvo claras reminiscencias militares. Aquel espectáculo podría haber querido impresionar al reino parto, el eterno rival de Roma en Oriente.

Calígula emulaba y superaba a Jerjes, que había emprendido una acción similar sobre el Helesponte, pues la bahía de Bayas tenía un mayor tamaño que el actual estrecho de los Dardanelos. A favor de esta teoría está el hecho de que Calígula se presentó vestido con la coraza de Alejandro Magno y que toda su escenificación se hizo en la compañía de un joven príncipe parto, rehén de Roma, que no solo presenciaba aquella gloriosa representación, sino que podría llegar a narrarla en su corte. Finalmente, estamos a las puertas de la única campaña militar llevada a cabo por Calígula. Esa escenificación era una posible advertencia de su poder ante sus futuros enemigos y un acto de propaganda militar ante sus hombres, pues recordemos que el joven príncipe, más allá de sus primeros años de vida, no pasó por una carrera militar.
 
La campaña del norte y la guerra contra el mar
En el verano del 39, Calígula marchó hacia el norte, hacia Germania. Las fuentes quieren dejar en entredicho la planificación de esta campaña y su repentina marcha de Roma, aludiendo a razones de lo más pintorescas, como aumentar su guardia personal, cuando lo más probable es que las razones fueran de peso. Aquella partida apresurada de la capital probablemente se debió a una nueva conspiración encabezada por Getúlico, gobernador de Germania superior, que por sus alianzas podía contar también con la colaboración de las legiones de Germania inferior y de Panonia, en total, la mitad de las legiones de Roma. La situación era grave y requería de rapidez y cierta discreción. Más grave resultaba además, pues contaba con la colaboración de sus hermanas y el viudo de Drusila, Lépido. En solo cuatro días, las legiones de Calígula llegaron hasta Maguncia. Ello significó la caída de los mandos en Germania, la ejecución de Lépido y el destierro de sus hermanas. Las fuentes nos presentan un compendio de incongruencias que, sin embargo, parecen esconder un buen motivo.

Tras pasar el invierno en la actual ciudad de Lyon, se da uno de los episodios más curiosos del reinado de Calígula, en el que supuestamente habría obligado a las legiones a atacar el mar y a recoger unas conchas a modo de botín, para luego, según Suetonio, tratar de aniquilar las legiones que se habían rebelado contra su padre cuando apenas era un niño. Este último episodio únicamente ha sido recogido por este autor y no por otras fuentes, lo que, como poco, lo pone en tela de juicio. En cuanto al ataque al mar, se cree que pudo ser una nueva puesta en escena de Calígula tras recibir la sumisión de Adminio, hijo del rey de los catubeninos, el pueblo más poderoso por entonces en Britania. En cuanto a la recogida de conchas, la terminología latina puede habernos llevado a un equívoco, pues como sinónimo de la palabra musculi se designaba además de a los mejillones, a unos artilugios de protección utilizados por los zapadores en los asedios de plazas fortificadas.

En otra hipótesis se cree en un posible amotinamiento de la tropa, acongojada ante la expectativa de una travesía y una campaña peligrosa que ni el propio Julio César había conseguido llevar por completo a término. La recogida de conchas sería un castigo a su cobardía mediante una humillación sarcástica.

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Doctor Jekyll y Mr. Hyde. ¿Cayo César o Calígula?
Sea como fuera, queda claro que difícilmente se puede abordar la lectura de las fuentes sin cierto espíritu crítico. Esta reflexión no solo resulta válida a la hora de abordar la vida de Calígula, sino también la de otros emperadores, tanto los amados por el Senado como los vilipendiados por este.

Conocemos una parodia de Calígula, aunque también es importante no perder la perspectiva y creer que todos sus actos se puedan justificar. Es obvio que, tras varias conspiraciones en las que llegaron a participar incluso seres queridos para él, probablemente se viera invadido por un espíritu paranoico que lo alejó cada vez más de la realidad. Tras tanta contención en su época de Capri, difícilmente se puede plantear que un poder desmedido, que el propio Senado le entregó nada más ascender a la púrpura de forma más autocrática que nunca, no le haya afectado.

Un reguero de acusaciones que persiguen a Cayo César y las preguntas seguirán en el aire. ¿Se creyó realmente un dios o su política orientalizante fue llevar un paso más allá el programa iniciado por el divino Augusto? ¿Su depravación fue real o resultan calumnias de las fuentes que le otorgaron este rasgo al igual que a cualquier personaje al que quisieron denigrar? ¿Fue un loco o una persona marcada por las circunstancias de su existencia?

Algunas obras bibliográficas recomendadas:
Barrett, A. (2000). Caligula . London: Batsford.
Rodríguez Valcárcel, J. (2004). Oderint dum metuant . Madrid: Fundación Universitaria Española.
Rodríguez Valcárcel, J. (2010). Calígula . Madrid: Alderabán.
Roldán Hervás, J. (2012). Calígula . Madrid: La Esfera de los Libros.
Wilkinson, S. (2007). Caligula . Palo Alto, Calif.: Ebrary.

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Domingo, 01 Abril 2018 00:00

Roma, la desconocida

Roma es una de las culturas madre del mundo occidental, a nivel histórico, social, político y cultural, a pesar de que muchas de las formas de su pensamiento hayan sufrido transformaciones con el correr del tiempo. Sin embargo, siempre es útil volver la mirada a nuestros orígenes.

En la actualidad, la mentalidad del hombre se ha transformado y Roma se ha convertido en una de las ciudades más visitadas por los turistas. Es donde más elementos del mundo grecolatino encontramos, no solamente por la atracción que suscitan los motivos religiosos, sino que se ha convertido en un centro cultural y civilizatorio que dio origen a todo el mundo occidental.

Construcciones como el Coliseo y otros restos arquitectónicos siguen atrayendo al público, además del patrimonio cultural reconocido como elemento representativo.

Por otro lado, se manifiesta una inquietud por el conocimiento histórico de la cultura romana, que se ha puesto de moda con el cine, aunque en algunos aspectos la escenografía varía un poco de la realidad. Sin embargo, hay cierto interés en reconocer cuáles son nuestras raíces, en recordar cuál es el origen de nuestra cultura, la mentalidad y la forma de vida tanto individual como social.

Aunque Roma se nutrió del mundo griego, se caracterizó por un gran espíritu civilizatorio que destaca en su anhelo de comunicación, de lograr la concordia y la unión entre los distintos pueblos, más allá de sus fronteras, en contraposición a los griegos, que tenían una idea de la ciudad, de la polis, de un mundo cerrado.

En sus inicios, Roma era un territorio pequeño y delimitado, y se fueron anexionando las zonas adyacentes a través de su expansión. Primero, en la península itálica y, posteriormente, conquistando el norte de Italia, Grecia, Egipto, Asia Menor, la Península Ibérica y Europa central, llegando incluso hasta las Islas Británicas.

Entre las siete colinas, se forja la urbe como centro del mundo cultural, un lugar amurallado que fue expandiéndose hacia el otro lado del río Tiber en sus inicios.

Uno de los mitos fundamentales de la formación de Roma es el de Rómulo y Remo. Cuenta la leyenda que Rómulo mata a Remo para unir a las familias, para establecer un elemento de concordia. En un círculo introdujeron tierra transportada de las distintas ciudades y, a partir de ahí, se consagra e instaura ese espacio sagrado como ombligo del mundo, idea reincidente en todas las culturas, centro, eje vertebrador de lo que será un desarrollo posterior.

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Uno de los grandes avances que ayudó a afianzar esa unión, fueron las famosas calzadas romanas, vías de comunicación por las que circulaban mercancías y personas, facilitando la interrelación del mundo.

Otro elemento importante son los arcos, instrumentos conmemorativos de hechos históricos relevantes, en los que se encuentran talladas leyendas, elementos mitológicos y simbólicos de conceptos sagrados en la parte superior, mientras que en la parte inferior aparecen situaciones de la vida cotidiana.

En cuanto a la religiosidad, los hombres sentían un vínculo muy cercano a los dioses. Construían arcos, asociados al dios Jano, dios de las puertas, de los inicios y los finales; no habiendo puertas en ellos, servían para recordar la idea de que Roma siempre estaba abierta para poder llegar hasta ella a través de ese espacio diáfano. Hoy en día, podemos ver un arco romano en la carretera nacional, en Tarragona.

No olvidemos otra serie de arcos que se utilizaban como acueductos, como el de Segovia, en los que, con una admirable ingeniería, mantenían la red fluvial superficial para suministrar el preciado bien.

Otro lugar a destacar en el Imperio romano, eran los foros imperiales, centros neurálgicos donde se desarrollaba la vida pública, administrativa, cultural, económica y religiosa.
Como se ha citado anteriormente, se le concedía gran importancia a las creencias trascendentales. Destacaban los grandes templos en los que se ofrecía culto a Vesta o a otras divinidades.

La etimología de basílica es basileus , que significa «rey», y hace referencia al lugar donde el rey, el pontífice máximo, impartía justicia. El emperador romano, como sucesor de la mítica Roma, tenía la potestad de impartir justicia. Tenía tanto poder que podía, incluso, establecer amnistía o invalidar la decisión de los jueces.

El interior brindaba una bóveda decorada con motivos naturales, mitológicos o de la historia familiar, haciendo alusión a la bóveda celeste.

La palabra iglesia viene de ecclesia , lugar de reunión de los fieles. En la Antigüedad la relación de los hombres con la divinidad era algo distinta a la que tenemos en la actualidad. El templo venía a ser como el lugar de residencia del dios en la tierra.

Los lugares como Lourdes o Fátima son espacios donde una entidad espiritual se ha hecho presente y, a continuación, se construye un templo, receptáculo por el que se mantiene activa esa presencia.

En Grecia, encontramos en Delfos un gran santuario en el que se manifestaba el dios Apolo a través de la pitonisa. Este pensamiento es heredado por el mundo latino. Además de pervivir la idea del santuario, se tenía la noción de atraer a la divinidad receptora de la presencia espiritual sobre la tierra. Los romanos construían templos donde la casa sacerdotal rendía culto al dios, restringiendo el acceso al resto de los hombres. Por lo tanto, los templos no eran lugares de reunión de los fieles, como se conoce hoy en día.

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Tenían muy presente la relación transgeneracional. Recordemos que Roma perpetuaba su estirpe desde su fundación, iniciada por Rómulo, descendiente del rey Eneas, uno de los héroes troyanos que habían huido de Troya después de que los griegos la invadieran.

Los emperadores elaboraron la idea de instaurar públicamente un lugar de culto a su dios, de la misma forma que la familia tenía los lares y los penates como elemento de culto dentro de la domus .

Por otro lado, las vestales estaban establecidas como una gran institución dentro del mundo romano. Podríamos hacer una división entre los patricios y los plebeyos. Los patricios representaban a aquellas familias con un honor adquirido y como transmisores de la tradición familiar, parecido a una estirpe que se consideraba originaria de una impronta especial que se transmitía con el primer varón.

Los plebeyos, sin embargo, eran campesinos y hombres que no tenían esa tradición ancestral, es decir, que carecían de una vinculación con los orígenes míticos o de carácter sagrado.

Las vestales procedían de las familias patricias y servían a Vesta, diosa del fuego sagrado, elemento muy importante en la Roma antigua. El fuego simbolizaba la imagen material de la espiritualidad en el mundo. Por este motivo, no se debía apagar ni el fuego del hogar ni el del imperio.

Estas mujeres pasaban treinta años de su vida dedicadas al culto: los diez primeros años se consagraban al aprendizaje para la realización de ese culto; más tarde realizaban ese servicio, además de tareas de carácter sagrado; y los últimos diez años enseñaban a las novicias.

Gozaban de una gran autoridad, que devenía de la relación con lo sagrado. No podían casarse. No vivían recluidas como las monjas, sino que participaban de algunos actos de la vida cotidiana.

Hay que tener en cuenta que ninguno de sus actos podía ser reprobado por ninguna de las instituciones del Estado. Además, existían dos cosas inviolables, so pena de muerte: una era que se les apagara el fuego, y la otra, que rompieran el voto de castidad. Los emperadores confiaban en ellas, hasta el punto de entregar en sus manos su testamento.

Durante la destrucción de la Antigüedad, se fueron apropiando de los materiales que existían anteriormente para construir las iglesias cristianas, bien fuera en los lugares donde habían existido los templos griegos y romanos, o en otros lugares.

Roma, en su origen, tenía muchos elementos etruscos y troyanos. Sin embargo, cuando conquistó Grecia se helenizó, es decir, absorbió su cultura. En este sentido, destaca la capacidad que tenían los romanos de asimilar cultos extranjeros. Cuando los cristianos fueron perseguidos y afirmaban que su Dios era el único verdadero y los otros eran falsos, la mentalidad romana se sorprendía por la tradición religiosa y la permisividad en los cultos de otras civilizaciones, como la oriental o la griega.

El otro elemento importante era el teatro. Las obras se representaban, en sus inicios, en un espacio abierto utilizando la ladera de una montaña, para que tuviese una buena acústica. Con el avance del tiempo se construyeron recintos cerrados. En España podemos encontrar los teatros de Mérida y de Sagunto.

Hay que aclarar que, para los griegos, el teatro tenía un fin sagrado que pretendía generar una catarsis en el público, no lo tenían concebido como diversión o para el tiempo de ocio, como ocurrió en la época del Imperio romano o en nuestros días.

Otro lugar a destacar eran las termas romanas, recintos públicos destinados a baños, donde se tenía por costumbre hablar de política.

Contrariamente a lo que se cree, los romanos aspiraban a vivir en armonía, anhelaban la paz y pensaban: «si quieres la paz, enfréntate a la guerra».

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Domingo, 01 Abril 2018 00:00

Monedas romanas y la historia

 El uso que tuvieron las monedas romanas y la información que transmite su aspecto pueden llegar a ser elementos de estudio valiosos. Por eso, la investigación de las utilidades de las monedas y las directrices que se siguieron a la hora de su acuñación nos pueden revelar algunos datos sobre la civilización en la que circularon

Primero, hay que decidir dónde se inicia el periodo, y una fecha de partida. Considerado Diocleciano como el primer monarca del periodo en cuestión, nos centraremos en él y daremos cuatro posibles fechas.

En el año 284 d. C. sube al trono Diocleciano, siéndole concedida la púrpura por su Ejército. Hay quien considera esta fecha de inicio, aunque aún durante algunos años se continuará con el sistema gubernamental y monetario que implantó Aureliano.

En el año 286 d. C., si nos fijamos en el momento en que promulga la reforma monetaria del oro, denominada aureus con una ratio de 1/70 en libra, redujo esa ratio hasta los 1/60 en libra con el consiguiente incremento de peso en cada moneda, denominándose aureii a esta nueva moneda para diferenciarla de la anterior.

En el año 293 d. C., cambia el sistema de gobierno; sería la fecha del inicio de la tetrarquía. Diocleciano se percató de que el Imperio era excesivamente grande para el gobierno controlador de una sola persona. Por ello, ideó un sistema que dividía el poder y, a la vez, se reservaba la última decisión. Dividió el territorio en dos partes, occidental y oriental. En cada una de ellas, gobernaría un augusto. Su corregente, años atrás nombrado, fue Maximiano Hercúleo y para evitar guerras internas en el día de la sucesión de estos, acogieron cada uno a un césar que les sustituiría el día que falleciesen o abdicaran.

En el año 294 d. C., reformó toda la moneda con la excepción del oro, realizada ya años atrás. Eliminó el antoniniano, o como se comienza a denominar, aureliano, y creó el follis o nummus, así como algunos divisores. Estas monedas eran de bronce argentífero en su mayoría. Volvió a introducir en el mercado una moneda de plata, el argenteus, que recordaba en el peso al denario del muy denostado Nerón.

Como siempre, Roma creando controversia, y mucho más en el periodo del Bajo Imperio, tan complejo y a la vez apasionante. Pero veamos los diferentes usos que le hemos encontrado a una moneda de este periodo.

Objeto de colección, la más conocida. Disfrutar de su grabado, intentar conseguir variantes o tipos que faltan. En fin, como coleccionar cromos, esta es una manera que, bajo mi humilde punto de vista, ha de ir complementada necesariamente con el segundo uso (que a continuación comentaré), para que el coleccionista se sienta completado.

Fuente de conocimiento. Podemos conocer la historia del periodo a través de sus retratos, e incluso conocer a personajes que, hoy en día, aún no se sabe a ciencia cierta de quién se trata.

Un ejemplo nos lo cuenta Cayón en su libro Compendio de la moneda romana, que en su página 2972, nos muestra una moneda a nombre de ELIA PLACIDIA, sin dar más referencias históricas. Pero sí nos da una bibliográfica, nos remite a Cohen, volumen VIII. Ahí se nos aclara un poco más a quién hace alusión dicha moneda, aunque sin aseverar nada; por consiguiente, sigue siendo aún un enigma.

Datación de objetos o yacimientos. En la arqueología moderna se usan con gran exactitud para ciertos periodos los fragmentos de cerámica, en concreto la terra sigillata, sobre la que hay gran cantidad de estudios, pero también se usan en algunos casos las monedas. Un ejemplo de este uso de una moneda del Bajo Imperio romano consiste en la datación de la patena hallada en Cástulo (Jaén). A través de una moneda, pudieron concretar una fecha de partida para el edificio que en su interior atesoraba tal joya, apareciendo esta en los folletos como reconocimiento de su utilidad.

Fuente de inspiración. Es el último uso, aunque no menos importante. Ya desde el siglo XVI se usa la moneda para asimilar la técnica de grabado de la Antigüedad. Algunos artistas la siguen usando hoy, como Joaquín Borrego, un amigo pintor y coleccionista de monedas, a quien con cierta frecuencia, cuando está ojeando su humilde colección, se le aparecen las musas y realiza estas fantásticas creaciones. Ya el gran Picasso, cuando inició su etapa cubista, bebía del arte impreso en la cerámica o las esculturas de bronce del arte ibero y del más moderno arte africano.

Pero ahondemos un poco más en uno de sus usos, como fuente de información. Al inicio de este periodo, el Imperio es dividido en catorce diócesis y similar número de cecas, aunque no en todas ellas hubiese una.

Diocleciano, tras la reforma anteriormente mencionada, la del año 294 d. C., unifica en todos los talleres el mismo tipo a emitir, erradicando de una vez por todas la producción de moneda provincial, que desde los orígenes del Imperio no dejó de ser fabricada. Estos talleres emisores de moneda se situaron en puntos estratégicos para el comercio o para necesidades especiales del Ejército. Un claro ejemplo es la ceca africana de Karthago, implantada para abastecer de numerario a los efectivos militares que sofocaban las revueltas ocasionadas por las tribus bereberes. En esta ciudad podemos ver un claro ejemplo de jerarquización en las oficinas.

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En la serie SALVIS AVGG ET CAESS FEL KART, cada oficina labró numerario a nombre de uno de los monarcas, y vemos que el augusto, Diocleciano, fue en la primera A, Maximiano en la segunda B, Constancio Cloro en la tercera Γ (Gamma) y Galerio en la cuarta Δ (Delta).

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Hablando de marcas de oficina, el primer emperador en diferenciar las monedas según su origen para evitar el fraude fiscal fue Filipo I el Árabe en el año 248 d. C. sobre las monedas emitidas en las cecas de Roma y Antioquía. Colocó unos números en el exergo de la primera y unos puntos bajo el retrato del emperador de la segunda.

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El atavío de los retratos imperiales también nos da información muy importante, y podemos ver claramente diferentes períodos bélicos reflejados en la moneda. Por ejemplo, Juliano II el Apóstata, una vez quedó como augusto en solitario, reorganizó el sistema monetario creando una moneda de cobre con un peso de poco más de 2 gr. Se interpreta que esta refleja el espíritu militar del monarca. En estos momentos estaba organizando las tropas para la inminente campaña contra los persas. Esto sería a mediados del año 362 d. C. En ella podemos ver el retrato de Juliano con atuendo militar portando escudo, yelmo y lanza.

Si nos fijamos en los reversos, podremos ver infinidad de efemérides y creencias plasmadas sobre el metal. La moneda era el mejor elemento propagandístico del emperador ya que llegaba a todos los estratos de la sociedad.

Por ejemplo, las reformas militares realizadas por Diocleciano, Constantino I y Valentiniano I se ven reflejadas en la moneda de estos emperadores.

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Diocleciano y los otros miembros de la tetrarquía labraron un edificio militar (que posteriormente definiremos) sobre las monedas de plata. Con este hecho, Diocleciano quería transmitir confianza en Roma a las clases medias, para que volviesen a invertir en el Imperio y, por consiguiente, dejase de crecer la inflación, que en esos momentos era muy elevada. Reorganizó el Ejército y aseguró las fronteras.

Constantino I, en este caso, destinó el numerario con este motivo hacia los plebeyos. Con estas monedas informaba al pueblo de que estaba nuevamente reformando las estructuras defensivas. Por ello, los cospeles sobre los que se estamparon fueron de bronce argentífero de baja ley con diferentes tipos.

Y de nuevo Valentiniano I, tras sufrir severas incursiones bárbaras en las orillas danubianas, reorganizó esta zona, reconstruyendo los castellum derribados por los enemigos, edificando nuevos en las zonas más vulnerables, así como sucedió en casos anteriores, reparando las calzadas un poco descuidadas. La moneda que muestra este hecho es una Maiorina con la leyenda GLORIA ROMANORVM.

Retomando el edificio militar labrado en estas monedas intentaremos dar las posibles opciones.

Ciudad fortificada: algunos autores hacen alusión a que el elemento en cuestión hace referencia a las murallas de las ciudades, que ya se estaban fortificando desde finales del pasado siglo. No soy partidario de esta tesis, ya que Roma fue refortificada entre los reinados de Aureliano y Probo (digo refortificada por el hecho de que quedaba la antigua muralla republicana que circundaba la ciudadela, totalmente inútil a finales del siglo III d. C.). Si realmente hubiese sido un elemento digno de ser publicitado, ¿cómo es que no se menciona en la moneda de ese periodo la construcción de la muralla de Roma?

Puerta de campamento: es otra de las interpretaciones arquitectónicas que se utiliza para definir estos elementos. En la moneda romana no hay precedentes tampoco de la imagen de un campamento romano, originariamente móviles, y las murallas de madera se fueron convirtiendo en sedentarias y con murallas de roca. Pero estos campamentos podían estar situados en cualquier lugar del Imperio, el limes o el interior.

Castellum: para mí, la más acertada interpretación de este edificio sería la de un castellum. Como dijimos anteriormente, estos tres monarcas reforzaron los castellum del limes en sus puntos más débiles, así como la nueva construcción donde era necesario. Aquí podemos ver un castellum construido durante el gobierno de Diocleciano, en el desierto de Jordania, conocido en su periodo con el nombre de Castra Praetorii Mobeni, y actualmente como Qsar Al Bashir. 

Un hecho en el que podemos apoyarnos para esta teoría es en la moneda que ordenó labrar Licinio I en las cecas de Tesalónica y Heraclea tras la reciente derrota que sufrió por parte de las tropas de Constantino I. Este le arrebató los Balcanes, quedando como limes entre ambos reinos las cecas mencionadas. Probablemente, Licinio I ordenase la impronta de este motivo para dar sensación de seguridad a sus conciudadanos y de solidez defensiva a su corregente, transmitiendo su intención de reforzar dichas posiciones.

Para concluir estas líneas, también vemos sobre las monedas conquistas o derrotas de las tribus que osaban transgredir los limes imperiales. Durante las primeras décadas del siglo IV, las fronteras del Rin fueron acosadas por varias tribus. Podemos verlo sobre estas monedas que nos muestran las victorias imperiales. (SARMATIA, ALAMANIA, FRANCIA).

Primero, hay que decidir dónde se inicia el periodo, y una fecha de partida. Considerado Diocleciano como el primer monarca del periodo en cuestión, nos centraremos en él y daremos cuatro posibles fechas.

En el año 284 d. C. sube al trono Diocleciano, siéndole concedida la púrpura por su Ejército. Hay quien considera esta fecha de inicio, aunque aún durante algunos años se continuará con el sistema gubernamental y monetario que implantó Aureliano.

En el año 286 d. C., si nos fijamos en el momento en que promulga la reforma monetaria del oro, denominada aureus con una ratio de 1/70 en libra, redujo esa ratio hasta los 1/60 en libra con el consiguiente incremento de peso en cada moneda, denominándose aureii a esta nueva moneda para diferenciarla de la anterior.

En el año 293 d. C., cambia el sistema de gobierno; sería la fecha del inicio de la tetrarquía. Diocleciano se percató de que el Imperio era excesivamente grande para el gobierno controlador de una sola persona. Por ello, ideó un sistema que dividía el poder y, a la vez, se reservaba la última decisión. Dividió el territorio en dos partes, occidental y oriental. En cada una de ellas, gobernaría un augusto. Su corregente, años atrás nombrado, fue Maximiano Hercúleo y para evitar guerras internas en el día de la sucesión de estos, acogieron cada uno a un césar que les sustituiría el día que falleciesen o abdicaran.

En el año 294 d. C., reformó toda la moneda con la excepción del oro, realizada ya años atrás. Eliminó el antoniniano, o como se comienza a denominar, aureliano, y creó el follis o nummus, así como algunos divisores. Estas monedas eran de bronce argentífero en su mayoría. Volvió a introducir en el mercado una moneda de plata, el argenteus, que recordaba en el peso al denario del muy denostado Nerón.

Como siempre, Roma creando controversia, y mucho más en el periodo del Bajo Imperio, tan complejo y a la vez apasionante. Pero veamos los diferentes usos que le hemos encontrado a una moneda de este periodo.

Objeto de colección, la más conocida. Disfrutar de su grabado, intentar conseguir variantes o tipos que faltan. En fin, como coleccionar cromos, esta es una manera que, bajo mi humilde punto de vista, ha de ir complementada necesariamente con el segundo uso (que a continuación comentaré), para que el coleccionista se sienta completado.

Fuente de conocimiento. Podemos conocer la historia del periodo a través de sus retratos, e incluso conocer a personajes que, hoy en día, aún no se sabe a ciencia cierta de quién se trata.

Un ejemplo nos lo cuenta Cayón en su libro Compendio de la moneda romana, que en su página 2972, nos muestra una moneda a nombre de ELIA PLACIDIA, sin dar más referencias históricas. Pero sí nos da una bibliográfica, nos remite a Cohen, volumen VIII. Ahí se nos aclara un poco más a quién hace alusión dicha moneda, aunque sin aseverar nada; por consiguiente, sigue siendo aún un enigma.

Datación de objetos o yacimientos. En la arqueología moderna se usan con gran exactitud para ciertos periodos los fragmentos de cerámica, en concreto la terra sigillata, sobre la que hay gran cantidad de estudios, pero también se usan en algunos casos las monedas. Un ejemplo de este uso de una moneda del Bajo Imperio romano consiste en la datación de la patena hallada en Cástulo (Jaén). A través de una moneda, pudieron concretar una fecha de partida para el edificio que en su interior atesoraba tal joya, apareciendo esta en los folletos como reconocimiento de su utilidad.

Fuente de inspiración. Es el último uso, aunque no menos importante. Ya desde el siglo XVI se usa la moneda para asimilar la técnica de grabado de la Antigüedad. Algunos artistas la siguen usando hoy, como Joaquín Borrego, un amigo pintor y coleccionista de monedas, a quien con cierta frecuencia, cuando está ojeando su humilde colección, se le aparecen las musas y realiza estas fantásticas creaciones. Ya el gran Picasso, cuando inició su etapa cubista, bebía del arte impreso en la cerámica o las esculturas de bronce del arte ibero y del más moderno arte africano.

Pero ahondemos un poco más en uno de sus usos, como fuente de información. Al inicio de este periodo, el Imperio es dividido en catorce diócesis y similar número de cecas, aunque no en todas ellas hubiese una.

Diocleciano, tras la reforma anteriormente mencionada, la del año 294 d. C., unifica en todos los talleres el mismo tipo a emitir, erradicando de una vez por todas la producción de moneda provincial, que desde los orígenes del Imperio no dejó de ser fabricada. Estos talleres emisores de moneda se situaron en puntos estratégicos para el comercio o para necesidades especiales del Ejército. Un claro ejemplo es la ceca africana de Karthago, implantada para abastecer de numerario a los efectivos militares que sofocaban las revueltas ocasionadas por las tribus bereberes. En esta ciudad podemos ver un claro ejemplo de jerarquización en las oficinas.

En la serie SALVIS AVGG ET CAESS FEL KART, cada oficina labró numerario a nombre de uno de los monarcas, y vemos que el augusto, Diocleciano, fue en la primera A, Maximiano en la segunda B, Constancio Cloro en la tercera Γ (Gamma) y Galerio en la cuarta Δ (Delta).

Hablando de marcas de oficina, el primer emperador en diferenciar las monedas según su origen para evitar el fraude fiscal fue Filipo I el Árabe en el año 248 d. C. sobre las monedas emitidas en las cecas de Roma y Antioquía. Colocó unos números en el exergo de la primera y unos puntos bajo el retrato del emperador de la segunda.

El atavío de los retratos imperiales también nos da información muy importante, y podemos ver claramente diferentes períodos bélicos reflejados en la moneda. Por ejemplo, Juliano II el Apóstata, una vez quedó como augusto en solitario, reorganizó el sistema monetario creando una moneda de cobre con un peso de poco más de 2 gr. Se interpreta que esta refleja el espíritu militar del monarca. En estos momentos estaba organizando las tropas para la inminente campaña contra los persas. Esto sería a mediados del año 362 d. C. En ella podemos ver el retrato de Juliano con atuendo militar portando escudo, yelmo y lanza.

Si nos fijamos en los reversos, podremos ver infinidad de efemérides y creencias plasmadas sobre el metal. La moneda era el mejor elemento propagandístico del emperador ya que llegaba a todos los estratos de la sociedad.

Por ejemplo, las reformas militares realizadas por Diocleciano, Constantino I y Valentiniano I se ven reflejadas en la moneda de estos emperadores.

Diocleciano y los otros miembros de la tetrarquía labraron un edificio militar (que posteriormente definiremos) sobre las monedas de plata. Con este hecho, Diocleciano quería transmitir confianza en Roma a las clases medias, para que volviesen a invertir en el Imperio y, por consiguiente, dejase de crecer la inflación, que en esos momentos era muy elevada. Reorganizó el Ejército y aseguró las fronteras.

Constantino I, en este caso, destinó el numerario con este motivo hacia los plebeyos. Con estas monedas informaba al pueblo de que estaba nuevamente reformando las estructuras defensivas. Por ello, los cospeles sobre los que se estamparon fueron de bronce argentífero de baja ley con diferentes tipos.

Y de nuevo Valentiniano I, tras sufrir severas incursiones bárbaras en las orillas danubianas, reorganizó esta zona, reconstruyendo los castellum derribados por los enemigos, edificando nuevos en las zonas más vulnerables, así como sucedió en casos anteriores, reparando las calzadas un poco descuidadas. La moneda que muestra este hecho es una Maiorina con la leyenda GLORIA ROMANORVM.

Retomando el edificio militar labrado en estas monedas intentaremos dar las posibles opciones.

Ciudad fortificada: algunos autores hacen alusión a que el elemento en cuestión hace referencia a las murallas de las ciudades, que ya se estaban fortificando desde finales del pasado siglo. No soy partidario de esta tesis, ya que Roma fue refortificada entre los reinados de Aureliano y Probo (digo refortificada por el hecho de que quedaba la antigua muralla republicana que circundaba la ciudadela, totalmente inútil a finales del siglo III d. C.). Si realmente hubiese sido un elemento digno de ser publicitado, ¿cómo es que no se menciona en la moneda de ese periodo la construcción de la muralla de Roma?

Puerta de campamento: es otra de las interpretaciones arquitectónicas que se utiliza para definir estos elementos. En la moneda romana no hay precedentes tampoco de la imagen de un campamento romano, originariamente móviles, y las murallas de madera se fueron convirtiendo en sedentarias y con murallas de roca. Pero estos campamentos podían estar situados en cualquier lugar del Imperio, el limes o el interior.

Castellum: para mí, la más acertada interpretación de este edificio sería la de un castellum. Como dijimos anteriormente, estos tres monarcas reforzaron los castellum del limes en sus puntos más débiles, así como la nueva construcción donde era necesario. Aquí podemos ver un castellum construido durante el gobierno de Diocleciano, en el desierto de Jordania, conocido en su periodo con el nombre de Castra Praetorii Mobeni, y actualmente como Qsar Al Bashir.

Un hecho en el que podemos apoyarnos para esta teoría es en la moneda que ordenó labrar Licinio I en las cecas de Tesalónica y Heraclea tras la reciente derrota que sufrió por parte de las tropas de Constantino I. Este le arrebató los Balcanes, quedando como limes entre ambos reinos las cecas mencionadas. Probablemente, Licinio I ordenase la impronta de este motivo para dar sensación de seguridad a sus conciudadanos y de solidez defensiva a su corregente, transmitiendo su intención de reforzar dichas posiciones.

Para concluir estas líneas, también vemos sobre las monedas conquistas o derrotas de las tribus que osaban transgredir los limes imperiales. Durante las primeras décadas del siglo IV, las fronteras del Rin fueron acosadas por varias tribus. Podemos verlo sobre estas monedas que nos muestran las victorias imperiales. (SARMATIA, ALAMANIA, FRANCIA).

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Domingo, 01 Abril 2018 00:00

Lo que queda de Roma en nosotros

El espíritu romano de conquista y de acción es un elemento que se encuentra también en otros momentos de la historia y en otros lugares. Podríamos establecer un paralelismo con los Estados Unidos, pues de alguna forma, la cultura occidental está matizada por los valores norteamericanos.

Sabemos que a lo largo de la historia se han ido repitiendo ciclos: periodos de decadencia, como la Edad Media, y periodos de auge y esplendor, como la época de Pericles en Atenas o el Renacimiento.

Maquiavelo expresa: « Aquel que quiera conocer lo que será, debe reflexionar sobre lo que fue, pues todo lo que sucede en el mundo, en cualquier época, guarda genuina semejanza con lo sucedido en los tiempos antiguos» .

¿Cuál es el factor decisivo que permite que un pueblo se transforme en un gran imperio? Tomaremos como primer factor decisivo, el sociopolítico y económico, y advertiremos esa semejanza entre las dos culturas.

Tanto en Roma como en Estados Unidos, lo principal es su capacidad militar, el sentimiento patriótico en la misma sociedad entregada a lo militar. En un primer momento, sobre todo en Roma, hay un vínculo muy directo con lo religioso, con el culto mitraico, mientras que en EE.UU. se observa cierta religiosidad impresa en el estamento militar, como por ejemplo en el « Semper fidelis» de los marines… en la unión con los demás.

Otro aspecto común en los dos sería la paz romana o la paz americana. Los dos utilizan ese militarismo para conseguir periodos de paz. Los norteamericanos intentan ser los mediadores y conseguir que haya paz en el resto del mundo, tienen un sentimiento y una capacidad de ser salvadores del mundo, actuando como intermediaros en los conflictos internacionales. Son los exportadores del orden y de la civilización, de la democracia y del progreso.

También encontramos el águila como animal emblemático. En el emblema de EE.UU., aparece un águila que sujeta una rama de olivo con trece hojas y trece flechas, que representan los trece Estados. La rama de olivo significa la paz, y las flechas, la guerra. El águila también tiene cogida del pico una banda que pone: ploribus unu («De muchos, uno), lo que plasma desde un primer momento ese sentimiento de unidad.

Los símbolos llegaron a EE.UU. a través de los masones. Como curiosidad, aparece en el reverso del Gran Sello de los Estados Unidos, diseñado por primera vez en 1782 e impreso en la parte de atrás del billete de un dólar estadounidense desde 1935, una pirámide truncada con esos trece niveles, y dos frases que dicen: « Está comenzando un nuevo orden» : Novus Ordo Seclorum (en latín, «Nuevo Orden de los Siglos [o las Eras]»). Tienen el sentimiento de que algo grande se está gestando, de que va a surgir un imperio.

Los cuerpos de élite del ejército norteamericano tienen como referencia a los filósofos latinos y griegos en su formación militar. Utilizan el estoicismo como sistema de adiestramiento y espionaje, y para formarlos ante la frustración.

Y la otra frase expresa lo siguiente: « Aprobar las cosas que se han iniciado» .

Walt Whitman formula en una poesía: «Surgirá un nuevo orden y sus hombres serán los sacerdotes del hombre y cada hombre será su propio sacerdote».

El ideal de libertad republicano y la ruptura con el antiguo régimen también es otro punto en común que aparece en ambos. La nación americana rompe con la monarquía de Gran Bretaña, debido a los impuestos y al hecho de sentirse sometida a un imperio muy lejano, del que se quiere separar, de manera que, al romper, se fundan los EE.UU.

En Roma se desligan de la primera monarquía, cuyo último rey fue Tarquinio. Hay un nuevo rompimiento y luego empieza el Imperio con sus emperadores. Este acontecimiento sirve de inspiración para los franceses al impulsar su propia revolución.

En Roma, por un lado tenemos el origen mitológico de la creación, con Rómulo y Remo amamantados por una loba. Y por otro, históricamente tenemos a los primeros comerciantes y agricultores… y cómo en un momento crítico en la historia de Roma, cuando nace el Imperio, César decide atravesar con su ejército, después de muchas vacilaciones, el Rubicón, nombre de un río de Italia que se utiliza en la expresión pasar el Rubicón, que significa «tomar una decisión atrevida asumiendo las posibles consecuencias».

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En el caso de EE.UU., se separa de Gran Bretaña y empieza la conquista. Importantes ciudades empiezan a expandirse hacia los lados, hasta que, al no haber más terreno, se desplazan hacia otros terrenos como Cuba.

En un primer momento, los colonos en Roma no tenían ningún problema para ser ciudadanos. Llegaban, se inscribían en el censo y podían convivir en la sociedad, tal como ocurrió en EE.UU. con los inmigrantes que llegaban huyendo de su lugar de origen por conflictos religiosos, políticos o económicos al país de las oportunidades. Sin embargo, con el tiempo y la masificación, se exige más para obtener la ciudadanía. Lo que une a estas gentes, nativos de diferentes lugares, es el espíritu económico y materialista.

También coinciden en crear gobiernos provinciales en Roma. Al expandirse crean provincias, las cuales están dirigidas por el cónsul. Hay dos cónsules: uno se queda en Roma y el otro sale fuera. Ninguno estará al mando más de un año y siempre tiene que haber un gobernador para que cada provincia sea autosuficiente.

En EE.UU. existe un Estado federal; todos dependen de un Gobierno central, Washington, pero cada uno tiene su autonomía por separado.
También encontramos en común que lo prioritario no es la aristocracia y el linaje sanguíneo. Por lo menos, en Roma, así sería en un primer momento. Se le da valor al patricio, a los senadores. Mario, uno de los más grandes generales y seis veces cónsul, era plebeyo, su estirpe provenía de un pueblo extranjero. En cambio, Julio César podía retrotraer su árbol genealógico hasta Eneas.

La xenofobia no fue un sentimiento romano. Se podía conseguir una tierra y hacerse un nombre. En los dos imperios encontramos el orgullo por ser romano, por ser americano. El sentimiento patriótico era un privilegio, sienten orgullo de sus banderas...

Al principio, el derecho y las leyes romanas eran para los ciudadanos, pero con el paso del tiempo se extienden hacia todo el Imperio. Los primeros reyes míticos en esta civilización son los primeros legisladores. Fue el primer país en tener una constitución.

Justiniano crea un código y recopila todas las leyes consuetudinarias: normas jurídicas orales, que no estaban escritas, que se cumplían porque se convirtieron en una costumbre, como por ejemplo:

La ley debe proteger a las personas y sus bienes.
Las leyes deben considerar los derechos de las mujeres.
Una persona acusada debe ser considerada inocente mientras no sea probada su culpa.
Las personas de distinta posición económica y social pueden contraer legítimo matrimonio.
Todos los hombres son iguales ante la ley…

Todas estas leyes están vigentes. En las universidades, hoy en día se sigue estudiando el derecho romano.
EE.UU. es el que más poder tiene en la actualidad. De la parte del derecho que tiene que ver con la economía y el mercantilismo, hay que destacar la importancia del precio del dólar y cómo se imponen las leyes mercantiles al mundo. Para EE.UU., el resto del mundo es un mercado en potencia. Roma, cuando extendió su poderío a sus provincias, tenía la recaudación de sus impuestos, desde Turquía hasta la capital romana. Comercializa a través de las carreteras, las vías de comunicación que facilitan el desplazamiento y el comercio.

En cuanto al aspecto cultural, en ambas existe una admiración hacia las culturas antiguas, pues en ninguna de las dos se ve un impulso cultural propio. De la civilización griega y la romana surge la cultura grecolatina, cuyo desarrollo se plasma en Occidente.

La actitud de los romanos hacia los griegos era ambigua, pues, por un lado, sentían admiración por el mundo clásico e intelectual, pero los percibían como afeminados.
Se rescatan muchas obras de arte griego y realizan copias. Absorben su mitología, de manera que los dioses griegos quedan transferidos, aunque con otros nombres.

En EE.UU. se admira a Europa. En Nashville hay una copia del Partenón griego, con Atenea en el interior. Copian el mundo clásico, lo que viene de esa vieja Europa.

En EE.UU. existen contrastes muy extremos, desde gente muy ignorante hasta la más válida. No tienen muchos conocimientos de historia y de geografía y, sin embargo, tienen las mejores investigaciones históricas y la más completa investigación geográfica del mundo. Es donde más premios nobel ha habido.

En ambos imperios se destacan los gastos desmesurados y el gusto extremo por el lujo, con grandes magnates y castillos viviendo con ostentosidad. En Roma había grandes villas y estadios, aunque, en el declive, el lujo era exagerado y decadente con Calígula y Nerón, que mostraban un afán por el lujo carente de excelencia.

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En el aspecto deportivo, también encontramos muchas similitudes. Se observa un interés por los deportes y por los espectáculos en masa. Hay una famosa frase que se percibe también en la actualidad: «Al pueblo, pan y circo», para acallar los problemas sociales. El candidato político que aportaba su fortuna para hacer los juegos más espectaculares era el que conseguía más votos.

Sobre el idioma, tanto la lengua latina como la inglesa, han servido para la expansión. El inglés se ha convertido en el idioma universal por excelencia. Sin embargo, el latín lo fue hasta el siglo XVIII, siendo idioma de la religión católica y base de muchas lenguas como el español, el francés, el portugués, el inglés, el italiano, etc.

El espíritu de cada imperio queda reflejado en las palabras de dos poetas por excelencia:
«Otros labrarán el bronce para infundirle el aliento y extraerán rostros vivos del mármol, pronunciarán mejores discursos, medirán con el compás el movimiento del cielo y la aparición de los astros. No olvides, romano, gobernar a los pueblos con tu imperio. Estas serán tus artes: imponer las condiciones de la paz, perdonar a los vencidos y someter a los soberbios» (Virgilio).

«No nos convertiremos en una nación conquistadora ni alcanzaremos la gloria de la simple superioridad o diplomacia o comercial, sino que seremos el grandioso país productor de hombres y mujeres de razas copiosas, alegres, sanas, tolerantes, libres, seremos la nación más afectuosa, los Estados unidos, en verdad, la moderna nación compleja, formada por todos, con espacio para todos dando la bienvenida a todos los inmigrantes, aceptando la tarea propia para llenar épocas futuras, la primera nación de la paz, pero no ignorante ni inhábil para ser la primera nación de la guerra. No la nación del hombre sino la nación de la mujer, tierra de madres, hijas, hermanas y esposas espléndidas» (Walt Whitman).

En cuanto al desarrollo técnico, los romanos fueron grandes ingenieros, entre otros aspectos, en el campo de las comunicaciones terrestres. Construyen calzadas, acueductos, cloacas... El ejército era también constructor. El ejemplo lo tenemos en César: militar, guerrero e ingeniero para conseguir sitiar ciudades y que se rindiesen.

Mario, el tío de César, en invierno construía calzadas y, a través de ellas, en verano se desplazaban con facilidad. La paz de Augusto aportó momentos de seguridad y de libertad. Los piratas fueron erradicados.

En cuanto a los norteamericanos, han conquistado el mundo, lo que se conoce como la aldea global.

El sistema estaba basado en la esclavitud. En Roma, los prisioneros de guerra se convierten en esclavos y otros lo eran por deudas adquiridas.

Durante el cristianismo surge la decadencia. La historia nos debe servir para entender a los pueblos, pues podemos observar que los árabes ostentan esa decadencia en la actualidad, y se podría afirmar que nos encontramos en una decadencia por falta de valores.

Nuestra meta debería ser fomentar los valores como el compromiso y el esfuerzo, que fue plasmado en sus inicios, en Roma fomentado por el sentimiento de unidad, entre ellos y con lo sagrado.

En Roma se valoraba la tradición. Sin embargo, en Estados Unidos y en nuestra sociedad, se busca la novedad, basada en un valor económico.

Es necesaria la solidaridad y comprometerse como ciudadano del mundo, con un espíritu sagrado. Conquistemos la tierra de las oportunidades.

En cuanto a la moral, a veces se ha mostrado una apariencia puritana en ambos imperios. Si realmente deseamos un cambio social, reconozcamos y apliquemos el valor de la frase: «La mujer del César no solamente debe serlo sino también parecerlo», y fomentemos el ser, por encima del parecer.

Publicado en Sociología
Domingo, 01 Abril 2018 00:00

Un paseo por Itálica

«Estos, Fabio ¡ay dolor! que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa;
aquí de Cipión la vencedora
colonia fue; por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.
Rodrigo Caro
 
Muy cerca de Itálica, a unos 7 km, se encontraba Ispal o Spal (la actual Sevilla), a la que también Escipión se encargó de reconstruir, y en la que posteriormente Julio César fundaría la Colonia Iulia Rómula Hispalis.

El esplendor de Itálica se alcanza en los siglos I y II, durante los reinados de Trajano, primer emperador romano de origen hispánico, y de Adriano, su sucesor. Ambos nacidos en Itálica, embellecieron y ampliaron la ciudad, mejorando igualmente su economía. No nos cabe duda de que la importancia de Itálica ante Roma se debe en buena medida a ser cuna de los dos emperadores.

Si de la época de Escipión es la Vetus Urbs o ciudad vieja, la Nova Urbs es probablemente comenzada en tiempos de Trajano, pero promovida principalmente por Adriano, quien además le otorgó el rango de colonia y la dotó de bellísimos edificios públicos.

Muchas son las teorías planteadas sobre el fin de Itálica, en torno al siglo IV, como el fenómeno de las arcillas expansivas, que no tiene visos de realidad ante la conservación de las «ruinas», enfermedades y pestes que no han sido probadas. Actualmente se cree que este abandono comienza tras la desaparición de los emperadores hispanos, cuando la influencia de las grandes familias de Itálica empieza a disminuir provocando el abandono paulatino de la ciudad. Aunque lo que se abandona es la ciudad nueva, las lujosas « domus » serán habitadas muy esporádicamente, hasta ser completamente olvidadas. Parece que se mantiene durante algún tiempo el uso de las tiendas, y el resto de habitantes de Itálica continuará viviendo en la ciudad vieja, que actualmente y desde el siglo XVII está debajo del pueblo de Santiponce.

Itálica 2

Tenemos constancia de su supervivencia gracias a noticias sobre las restauraciones que Leovigildo hizo de sus murallas en el 583, así como del uso que se hizo de las piedras de la ciudad para desviar el curso del Guadalquivir, y de la presencia de obispos procedentes de Itálica en el siglo VII. En época musulmana pervivía, siendo conocida como Talika o Al-Taliki; los cristianos la llamarán Campos de Talica o Sevilla la Vieja.

Poco a poco despoblada y olvidada, en el siglo XVIII se ordena el derribo de parte del anfiteatro para construir un dique en el Guadalquivir. Posteriormente se usaron materiales de Itálica para construir la carretera hacia Extremadura…

Durante la ocupación de Napoleón se le devuelve su nombre y comienza la protección de Itálica, aunque los expolios seguirán siendo terribles, construyéndose muchas casas en Santiponce con materiales de Itálica, llevándose mosaicos completos y estatuas que hoy están en casas nobles de Sevilla. Las columnas encadenadas que rodean la catedral de Sevilla proceden en su mayoría de Itálica.

En 1912 fue declarada monumento nacional.
Principales monumentos de Itálica

El teatro
Aunque gran parte de la Vetus Urbs permanece sin excavar, han sido localizadas las termas menores y el teatro que se construyó en la época de Augusto, a las afueras, pero cercano a la ciudad vieja. Se sabe que en sus alrededores hubo una plaza porticada y al menos un templo. Es uno de los edificios públicos más antiguos de Itálica, cuyo aforo era de 3000 personas. Su actividad se dilató hasta el siglo V, dándosele posteriormente los usos más diversos. Finalmente, fue sepultado por las riadas del Guadalquivir, olvidándose su situación exacta. En 1937 se descubre al construir una casa. Hoy se utiliza para festivales de verano.
Está situado en el Cerro de San Antonio (Santiponce), lugar en que se hallaron las figuras de Mercurio, Diana y Venus, cuyos originales se encuentran en el Museo Arqueológico de Sevilla.
 
Anfiteatro
Es uno de los más grandes anfiteatros del Imperio romano, con capacidad para 25.000 espectadores. En él se celebraban combates de gladiadores, episodios bélicos, cacerías y enfrentamientos entre animales.
Situado al norte de la ciudad, extramuros, su localización aprovecha dos colinas naturales. Un antiguo arroyo pasaba por la vaguada natural y fue canalizado y desviado.
Resulta interesante encontrar una copia de la Tabula Gladiatoria, datada aproximadamente en el 178 d. C., cuyo original está en el Arqueológico de Madrid, que hace referencia a los juegos de gladiadores y dirigido a las provincias romanas. Se advierte sobre el dinero recaudado, y se recomienda que se bajen los precios estableciendo tarifas.
Una de las curiosidades que podemos comentar del anfiteatro de Itálica es el descubrimiento de varias salas dedicadas al culto de Némesis y de la diosa norteafricana Caelestis, aunque hay también vestigios no suficientemente estudiados sobre cultos a Mitra, Esculapio, Baco y otras divinidades.
En el anfiteatro y en algunas calles encontramos también grabados con lo que se ha interpretado como tableros de juego, entre los que se intuye el popular juego de tres en raya. Estos grabados han sido estudiados y clasificados más recientemente con técnicas digitales.

Itálica 3
 
El agua: alcantarillado y acueducto
El asombroso genio romano no solo se refleja en las grandes y vistosas obras, sino en las muy útiles como el alcantarillado, en el que para mayor comodidad se podía estar de pie. Se puede ver el recorrido de las alcantarillas y también algunos restos de las tuberías de plomo.
Teníamos noticia de la existencia de restos de un acueducto que traía el agua a Itálica desde Tejada la Nueva (cerca de Escacena del Campo, Huelva), a unos 36,5 km al oeste de la ciudad, con referencia a restos visibles y grandes cisternas, pero hasta 1974 no se encontraron gracias a unos trabajos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, descubriéndose entonces que hubo en realidad dos acueductos, y que el segundo aprovechaba parte del recorrido del más antiguo.

El traianeum
Es el templo construido por Adriano en memoria de su antecesor y tío Trajano. Allí se encuentra la copia de la escultura de Trajano divinizada. A su alrededor se articula la Nova Urbs. Es el único templo del que conocemos su emplazamiento si exceptuamos el dedicado a Némesis en el anfiteatro y a Isis en el teatro.

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Los mosaicos
Son destacables los mosaicos de las grandes mansiones de Itálica. Aunque desgraciadamente el expolio ha sido desmesurado, aún podemos ver magníficos ejemplos.
En la casa del planetario está situado el colorido y maravilloso mosaico del planetario dedicado a los dioses que presiden los días de la semana, relacionados con los planetas. Alrededor del medallón central, el dedicado a Venus, se encuentran Selene (lunes), Marte (martes), Mercurio (miércoles), Júpiter (jueves), Saturno (sábado) y Helios (domingo).

Un paseo por Itálica
La mejor recomendación que podría transmitir es pasear por Itálica, empaparse de su ambiente, visitar sus lugares, sus casas, asombrarnos al ver los mosaicos, asomarnos a la f ossa bestiaria en el anfiteatro, tratar de imaginar las termas en su esplendor y no ver sus despojos, maravillarnos ante Venus o Diana, recorrer los jardines, pasear por el empedrado cardo máximo y cerrar los ojos para volar al «pasado feliz».

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Siempre he creído que hay emplazamientos mágicos, y para mí, sin duda, es Itálica uno de esos lugares. Ante la magnificencia de los restos nos sentimos sobrecogidos y podríamos acordar con Rodrigo Caro:

De todo el bien que airado quitó el cielo
goza en las tuyas sus reliquias bellas
para envidia del mundo y sus estrellas.

Hermosa Itálica donde la paz que respiramos no es la de los muertos, sino la paz de lo eterno.

Publicado en Historia

El novelista Gabriel Castelló, gran conocedor de la historia de la civilización romana, ha hecho de Roma la protagonista de sus novelas de más éxito. Luces y sombras aparecen ante el lector a través de Valentia , Devotio , Princeps y Archienemigos de Roma , títulos que nos hacen revivir esa parte de nuestra propia historia.

¿Qué significa Roma para usted?
Roma es el principio de nuestra civilización, porque aunque aquí, en España, ya hubo una civilización previa con los íberos, nuestra gran capa social y lo que somos se lo debemos principalmente a la República romana y su Imperio. Desde el 200 a. C. hasta el 400 d. C., que es cuando entran los godos –aunque ellos junto con los musulmanes asimilan muchas cosas de los romanos y son continuadores en cierta forma de la labor romana–, esos novecientos años pesan mucho en nuestras costumbres, carreteras, el nombre de las ciudades, e incluso en nuestros nombres.

¿Han cambiado mucho las cosas desde entonces hasta ahora?
Si pusiéramos a Cicerón con un móvil, estaríamos igual como seres humanos. El cambio solo está en la tecnología y sus avances, además de ciertas cosas sociales que han cambiado, como por ejemplo la esclavitud, que existía entonces y que los romanos lo veían como normal. Pero el planteamiento de la vida, sus cosas, sus ambiciones, las filias y las fobias, estamos muy parecidos ahora a como eran ellos. Aunque me hubiese gustado ver a César con whatsapp...

En la larga historia de Roma, ¿cuál es la época que más le apasiona?
Hay dos épocas que particularmente a mí me apasionan. Son las épocas crepusculares: por un lado, el crepúsculo de la República y el advenimiento del Imperio, desde Sertorio hasta Augusto. Y luego, la otra crisis, desde el siglo III en adelante y cómo se va desmontando todo ese Imperio que se ha construido, y cómo va siendo incapaz de autocontrolarse y autogestionarse, y se autodinamita por dentro.
Yo soy más novelista que historiador y en esos momentos es cuando surgen las historias más interesantes y trepidantes. Cuando todo va bien, poco se puede escribir en este sentido. Crisis en griego significa cambio, oportunidad y eso es lo que sucede.
El fin de la República fue un momento de crisis brutal, donde murieron millones de personas, al igual que en las Guerras Púnicas. Esos momentos fueron cruciales en la historia de Roma y, por supuesto, el colapso final, donde ese Imperio se parte en dos, y cada uno corre destinos diferentes.

¿Ve similitud entre sus crisis y las nuestras actuales?
Eso depende mucho de la calidad de los gobernantes. El clientelismo es una forma de vida romana y lo hemos sufrido aquí y en otros sitios, donde un señor poderoso concede favores a cambio de otros favores, tanto económicos como sociales, y se convierte en un cacique, el que dispone y gestiona la vida de las personas.
Nosotros vivimos en el mal menor con nuestra democracia. No existe el sistema fantástico mientras exista el factor humano falible, ambicioso, ruin y canalla. Las buenas personas se demuestran cuando tienen poder y no lo ejercen con abuso.

¿Cómo empezó a escribir novelas sobre Roma?
Antes de escribir leí muchísimo, visité museos y ciudades y me fui enriqueciendo, hasta que llegó el día en que me dije: estoy preparado para producir y no solo consumir. Mi germen fue el escribir una novela protesta, que fue Valentia , que es la crónica de ficción de un valentino, Cayo Antonio Naso, que vive codo con codo la rebelión de Sertorio y el levantamiento de Valentia y otras ciudades contra la República romana.

Tenía ganas de rescatar el pasado de nuestra tierra valenciana, porque me resulta vergonzoso que ni siquiera en la universidad se estudia este momento histórico, y pareciera que todo empezó el 9 de octubre de 1238 con el rey don Jaime. Hay intereses creados de que cuanto menos se mueva ese pasado, mejor. Mi amor a mi tierra me llevó a conocer historias tan importantes relatadas por Plutarco como la rebelión de Sertorio, que fue la primera gran campaña militar entre romanos, la primera guerra civil, con más de 30.000 soldados por cada bando. Se enfrentaron por primera vez en Albalá de la Ribera; la segunda guerra es a las puertas de Lliria; la tercera, a las puertas de Valencia; y la cuarta es a las puertas de Sagunto. Y eso no se estudia ni siquiera en humanidades de esta santa tierra valenciana.
El telón de fondo de la novela es verídico, donde se conjuga la macrohistoria y la microhistoria. La macrohistoria es cuando llega Pompeyo el Grande a Valentia en el 75 a. C. por la rebelión de Sertorio y la arrasa, por ser una ciudad díscola con la República. Y quiénes son los que lo sufrieron es lo que relato en ficción para hacerlo verosímil.

Después de esta primera novela, ¿cómo surgió la segunda, Devotio ?
Ante el éxito de Valentia entre el público valenciano, me animé a escribir la segunda, Devotio , que es una doble trama. Por un lado, es una continuación de Valentia , la historia del hijo del protagonista de la primera novela, que se enrola en las huestes de Pompeyo cuando Julio César llega a Hispania pretendiendo eliminar los ejércitos de Pompeyo, acabando en la gran batalla de Munda en el 45 a. C. Es la batalla que decantó que la República se convertiría en una dictadura velada, ya que César acabó con todos sus enemigos definitivamente, hasta que, un año después, muere asesinado. Y la segunda trama tiene que ver con esta familia, ese es el vínculo, y la ambiento en los años 303 y 304 d. C., que es donde sucede la última gran persecución de los cristianos. Uno de los apresados en Caesar Augusta, la actual Zaragoza, san Vicente Mártir, fue ajusticiado en Valentia de una forma brutal en acto público para disuadir a los cristianos, pero él no se retractó. Vicente es el apodo de los cristianos de la época, que significa «el vencedor».

La sociedad romana estaba dejando de creer en sus gobernantes y en sus dioses, una situación de caos y apatía similar a la que estamos viviendo actualmente. Y que cualquier iluminado se puede convertir en tu mesías y esta religión nueva, el cristianismo, es un populismo. Cuando escribo esta parte de la novela, la planteo desde los dos puntos de vista, tanto el cristiano como el romano, y cuando te pones en la piel del gobernador romano, ves por qué tenía que atajar esta religión que estaba creando el caos y el colapso de la sociedad romana, la cual se había mantenida en orden durante siglos. Y también entiendes a los otros, porque en aquel momento la manera con la que gobernaban corruptamente y los impuestos creaban desosiego social, y la gente necesitaba esa vía de escape que era la nueva religión del cristianismo, era una alternativa. Lo que he pretendido exponiendo las dos vías es que se entiendan los planteamientos de unos y de otros.

La tercera novela que escribe de esta trilogía es Princeps . ¿Cómo surge una temática tan diferente a las anteriores y como la ensambla?
Esta novela está escrita en tercera persona, no como las anteriores. Así puedo ir saltando y presentar, como si fuera un collage , el Mediterráneo romano desde el 44 a. C. hasta el 30 d. C., que es desde la muerte de César hasta que Octavio entra en Alejandría. Es la historia de cómo un chaval de dieciocho años, enfermizo e inseguro, se convierte en Octavio Augusto. Esta novela es una carrera de ambiciones, donde solo uno alcanza la meta. Octavio partía a priori como el peor posicionado, pero les gana a todos y todos ellos mueren por el camino: Marco Antonio, Lépido, Sexto Pompeyo, Cleopatra…

Luego, Augusto engrandece Roma. Se dice que dijo: «Tomé una Roma de barro y la dejé de mármol». Hay que tener en cuenta que cuando él entra en Alejandría, se debió de quedar impresionado, por ser una de las ciudades más hermosas del mundo y capital del saber. Con Agripa, reconstruye Roma para convertirla en la capital del mundo que eclipsará a Alejandría, y Virgilio le ayuda a construir un mito.

entrevista Gabriel Castelló 4

El libro Archienemigos de Roma se sale de esta trilogía. ¿Qué pretende contar con este libro?
Es un ensayo que viene a consecuencia de investigar para las anteriores novelas y colaborando en páginas webs sobre Roma. Trata sobre los enemigos que tuvo Roma a lo largo de su historia y cómo los venció. Ahí describo los 44 personajes que combatieron a Roma.
Roma estuvo al borde del precipicio varias veces, no solo en las Guerras Púnicas, porque antes que Aníbal estuvo Pirro, que fue el primero que llevó elefantes a Italia. Se autoproclamaba heredero de Alejandro Magno y de Aquiles. Lo que le sucedió fue que en sus victorias perdió a muchos hombres, y los romanos los reponían enseguida. Incluso Aníbal, cuando le preguntaron: «¿cuáles son los mejores estrategas militares de la historia?», contestó: «Alejandro, Pirro y yo». Lo de las victorias pírricas viene de él, ya que consiguió muchas victorias, pero no consiguió nada, y murió cuando una madre de un soldado moribundo le tiró una teja desde la terraza de su casa a la cabeza y lo mató de la forma más tonta.

Roma tuvo muchos enemigos poderosos, como Espartaco, Viriato, Vercingetorix, Mitrídates del Ponto (el bendecido por Mitra), el cual lucha contra Sila y después del acuerdo de paz se alía con Sertorio, también enemigo de Sila. Mitrídates organizó las vísperas asiáticas, que consistió en el asesinato de todo ciudadano romano que residiera en Asia Menor. En una sola noche dicen que mataron a 80.000 personas. Además estaban a su cargo los temidos piratas del Mediterráneo, que tenían su base en Denia.
Luego, fue cuando Roma entró en contacto con Oriente, y de ahí, fue muy popular el culto a Mitra entre los soldados romanos en época tardía, ya que Pompeyo el Grande fue el que inició estas conquistas de Oriente. De todas estas guerras, Roma salió victoriosa. Como decía Virgilio: «La suerte acompaña a los audaces».

Publicado en Entrevistas
Domingo, 01 Abril 2018 00:00

El legado vivo de Roma

La antigua Roma sigue creando fascinación en muchos de nosotros a pesar de que su imperio desapareciera como tal hace ya muchos siglos. No se puede obviar que la literatura y el cine han colaborado activamente en mantener vivo en nuestras retinas aquel mundo legendario, y muchas veces idealizado, del que, indudablemente, somos sus directos descendientes.

En ocasiones, durante los talleres o conferencias que imparto, me preguntan si me habría gustado vivir en aquellos tiempos tan épicos que recreo al detalle en mis novelas, y siempre dicha pregunta me genera sensaciones contradictorias. Por un lado, no negaré que sería fantástico contemplar en persona aquel mundo tan complejo como cruel, pero cierto es que hoy somos conscientes de que solo una escasa élite social podía vivir con las mismas comodidades y seguridades que posee hoy la clase media de nuestra sociedad. Aun así, la posibilidad real de realizar esa inmersión en el tiempo nos tentaría a muchos.

Pero, yendo al meollo de este artículo… ¿Por qué sostengo que la antigua Roma sigue viva entre nosotros? Son muchos factores e indicios. Me permitiré ahondar en algunos de ellos.

a) Las leyes
Como decía Cicerón en sus discursos, dura lex, sed lex (que podríamos traducir como «la ley es dura, pero es la ley»). Fue en tiempos de Justiniano, emperador romano de Oriente a mediados del siglo VI d. C., cuando se compiló todo el ordenamiento jurídico que había sobrevivido a tantas guerras, asaltos y desidia, redactándose por entonces el corpus iuris civilis (el cuerpo de derecho civil, base de nuestro actual ordenamiento jurídico, heredado de la reinstauración de estas leyes en el Renacimiento). Hoy en día, no hay alumno de Derecho que no se avenga a leer las Filípicas de Cicerón o el Digesto de Justiniano para tomarle el pulso a una legislación de base romana que lleva regulando nuestras vidas más de dos mil años.

b) Red viaria
Hoy vemos algo natural, e incluso una exigencia ciudadana, mantener una red de carreteras en perfecto estado. Este tipo de obra pública no es nuevo, pues es heredero directo del Imperio romano. Invito al lector curioso a que compruebe la similitud de la antigua Vía Augusta con las vías de comunicación más frecuentadas a su paso por la Comunidad Valenciana, como son la A-7 o la N-340 en algunos de sus tramos. El sistema viario romano constaba de unas calzadas construidas y mantenidas por el ejército, en las que, a cada jornada natural (entre 35 y 40 kilómetros), se establecía una mansio (también llamada mutatio), es decir, una antecesora de la actual estación de servicio, pero estatal, donde podían abrevar y forrajear las monturas, así como descansar los viajeros y recuperar fuerzas. Muchas de estas mutatio en el linde de las grandes calzadas son el origen de poblaciones actuales.

c) Infraestructuras hidráulicas
Cada día somos más conscientes de la importancia del agua. Seguimos alarmados las noticias sobre la desecación de muchos territorios, así como el efecto negativo que la mano del hombre está teniendo sobre el ecosistema y el fluir natural del líquido elemento. El uso y caudal constante del agua era una de las prioridades de la sociedad romana. Ciudades como Valentia se ubicaron donde se ubicaron en razón de los afloramientos que contenían intramuros (como el Ninfeo), además de proveerse de agua fresca que llegaba desde manantiales o represas a grandes distancias (véanse los cincuenta kilómetros que recorre el acueducto aéreo que abastecía Nîmes y cuya espléndida arcada todavía sigue en pie en Pont Du Gard, o los veintitrés kilómetros de túneles del acueducto de Albarracín-Gea en Teruel). El mundo moderno tardó más de diecisiete siglos en recuperar las cañerías de agua corriente en las ciudades y, a buen seguro, en una sociedad que valoraba tanto el buen uso del agua y sus propiedades (la misma que instauró la rutina del baño en las termas), la peste no habría hecho los estragos que hizo durante la Edad Media. A los antiguos romanos debemos la moda del spa ( salutem per aquam ).

d) La familia y la vida social
Lo que los antiguos llamaban el mos maiorum y que consistía en concentrar todas las buenas costumbres de las que un ciudadano ejemplar podía presumir. Ese respeto por las tradiciones que tenemos es directo heredero de los valores por los que se regían los antiguos romanos: fides, pietas, gravitas, constantia, virtus, dignitas y auctoritas (que, resumiéndolo mucho, viene a ser algo así como fidelidad, respeto a los mayores, serenidad, constancia, decencia, mérito y prestigio, respectivamente).

e) La lengua
Hablamos un latín muy deteriorado por siglos de influencias exógenas, pero la base grecolatina sigue siendo la más dominante en nuestras lenguas romances. Portugués, italiano, valenciano, castellano, gallego, catalán, occitano, francés, e incluso rumano, nacen y se desarrollan desde ese tronco común que siguió siendo lengua oficial en las cancillerías de media Europa siglos después del derrumbe político del Imperio romano de Occidente, y no solo en el ámbito eclesiástico. Reyes, eruditos y grandes hombres desde el Medievo hasta la Revolución Industrial quisieron dejar su estampa en latín tan solo por emular la grandeza de los antiguos (véanse los monumentos tanto de Austrias como de Borbones en qué lengua tienen esculpidas sus dedicatorias). Además, buena parte de los topónimos actuales provienen de la Antigüedad, perdurando así durante milenios a pesar de la influencia de godos y árabes: Valentia-Valencia, Saguntum-Sagunt, Saetabis-Xátiva, Dianium-Dénia, Ilici-Elx, Sucro-Xúquer, Lucentum-Alicante, Caesaraugusta-Zaragoza, etc.

f) La religión
Sí, no estoy divagando. En la sociedad católica en la que vivimos se sigue celebrando lo mismo que los antiguos paganos celebraban, pero con diferentes nombres y liturgias. Siempre ha sido más fácil renombrar una costumbre que erradicarla. Como ejemplo, en los Quincuatros, festividad de los artesanos, se quemaban trastos viejos en el solsticio de primavera (después reconvertido a San José, patrón de los carpinteros), o en las fiestas de la diosa Maia, los colegios de artesanos colocaban flores en las esquinas (las cruces de mayo). Pero el sincretismo más completo y eficaz que promovió la Iglesia tuvo lugar con la fusión de las saturnales (fiestas familiares en honor a Saturno que se celebraban entre los días 17 y 24 de diciembre) y el día del sol invicto (el 25 de diciembre). Todo ello acabó siendo asimilado en el siglo IV d. C. como la Nativitas (las fiestas en honor a la imprecisa fecha de nacimiento de Jesús de Nazaret). Para más detalle curioso, todavía en Valencia se sigue la tradición de entregar las «estrenas» de tíos a sobrinos (una costumbre ancestral en honor a la diosa Strenia) y se confeccionan mazapanes, roscones o cascas, todos ellos dulces herederos del mundo antiguo. En el roscón de las saturnales era donde se escondía el haba que habilitaba a quien la encontraba como rey de las fiestas. No menos curioso es que la nomenclatura eclesiástica siga manteniendo hoy en día la ordenación civil tardío-romana (convento, diócesis, vicario, etc.).

g) El poder
Para asociar orden y poder, y de paso, impresionar a la plebe, qué mejor que asemejarse a la antigua Roma hasta en lo estético. No hay más que ver la cantidad de parlamentos en ambos lados del Atlántico que recuerdan en su arquitectura a los grandes templos y edificios públicos de la Antigüedad clásica. Altas columnas estriadas, capiteles corintios, frisos llenos de escenas épicas… Todo ello lo podemos contemplar desde el Congreso de los Diputados de Madrid hasta el Capitolio de Washington, tratando siempre de emular la magnificencia del Foro Romano.

h) La economía
A pesar de lo reprobable de algunas conductas y decisiones comunitarias en estos últimos tiempos, sigo siendo un europeísta, quizá porque en esa creación de una Europa unida subyace la reconstrucción no violenta del Imperio romano (tras los intentos frustrados de Carlomagno, Napoleón y el loco de Hitler). Sí que es cierto que el eje de ese nuevo «supra-Estado» ha pasado del Mediterráneo al Mar del Norte, pero en lo económico seguimos amando y sufriendo la ley Schengen, el euro, etc. Tuvieron que pasar diecisiete siglos para poder pagar con la misma moneda desde York hasta Atenas o recorrer caminos desde Maguncia a Lisboa sin pasar por fronteras. Este nuevo «sestercio» que hoy usamos se basa en la misma economía globalizada de la antigua Roma, donde una regulación común de tasas, impuestos, comercio y devaluación monetaria mantuvieron las finanzas saneadas de un país gigantesco hasta que ellos mismos se autodestruyeron. Y esta reflexión me lleva al último punto…

i) La autodestrucción
Así es, estamos comenzando a percibir algunos despuntes del mal que condujo al derrumbe del Estado más complejo y extenso de la Antigüedad. Son muchas las causas de la caída del Imperio romano, y se ha hablado y hablará largo y tendido sobre ellas, pero sintetizaré aquí algunas de las más obvias con su extrapolación actual: la corrupción sistémica en la Administración pública, la falta de fe en los dioses patrios y del respeto en quienes gobiernan, la atención en lo baladí o superfluo y el descuido de lo realmente importante, la presión natural de los pueblos que quieren vivir dentro de ese Estado idealizado y, ante el cierre del limes , asaltan las fronteras en busca de su supervivencia… ¿No suena terriblemente parecido? Todo esto sucedió durante muchos años mientras los gobernantes tardo-imperiales se dedicaban a matarse entre ellos por un cachito de poder. Juvenal en su Sátira X ya describió en el siglo II d. C. esta peligrosa forma de hacer política de una manera tan sencilla y brillante que aún perdura: panem et circenses . Si aquel literato todavía viviese en nuestros días, seguro que habría actualizado su sentencia: subsidios y fútbol.

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