Abril 2018

El ocaso de Alejandría, de José Barroso

Escrito por  Pedro J. Sánchez Mesa
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El autor incursiona en un terreno escabroso donde la Historia tiene sus encontronazos por las diferentes versiones dejadas por los historiadores. Se atreve con un tema llevado incluso a la gran pantalla, aunque ya sabemos que la principal función de esta es hacer taquilla, pero que distorsiona realidades en la mente de quienes son meros espectadores y no entendidos. Aun así, por ser una época de gran trascendencia, merece la pena que sea escrita con pormenores y detalles que revelen verazmente aquellos  acontecimientos.

Considero un atrevimiento digno de crédito el abordar este tema, teniendo como personaje central a Cleopatra, de la que han corrido ríos de tinta. Pero es un reto que asume el autor con audaz maestría.

En el siglo I a. C., se desencadenaron una serie de sucesos que concluirían cambiando el curso de la Historia, algo que hace especialmente interesante este libro, narrado con sencillez para cualquier lector que busque entretenimiento cultural. A medida que uno se adentra en sus páginas, estas lo invitan a proseguir, buscando el desenlace.

En su inicio, el autor hace una breve referencia a los Ptolomeos, entronizados en lo que hoy es Egipto, tras la conquista de Alejandro Magno. Con su muerte, en el reparto del imperio que siguió a la guerra entre sus generales, el militar de este nombre (Ptolomeo) se adueñó de las tierras del Nilo y surgió esa dinastía de la que Cleopatra fue su última reina-faraón. Sin duda, este fue un personaje interesantísimo para el devenir del mundo de la época, que entre intrigas palaciegas y asesinatos atroces, llega a la cúspide del poder.

Algo que me cautiva es la narrativa de la batalla de Farsalia, donde César vence a Pompeyo, y que el escritor retrata magistralmente, como habiéndola vivido. El vencedor, Cayo Julio César, es ahora el hombre fuerte del Imperio.

Roma extendía su control por el Mediterráneo y pugnaba por expandir sus dominios. Cuando Julio César y Cleopatra se conocen, sin duda la influencia de uno sobre el otro (aparte del nacimiento de un hijo, Cesarión) provocaron sucesos muy interesantes. Se dice que Cleopatra era una mujer bella, sensual y cautivadora y que César cayó ante esos encantos, lo que el autor aprovecha para destacar la parte romántica de la obra.

Estando la reina-faraón en Roma en los «idus de marzo», César, dictador del imperio y considerado como un dios, es asesinado (suceso descrito magníficamente), lo que origina que Marco Antonio, pariente y destacado general del finado, y Octavio, hijo adoptivo del mismo, se coaliguen y se origine una guerra civil que termina con Bruto y Casio, asesinos del dictador. El triunvirato entre Marco Antonio, Octavio y Lépido hace dividir en tres gobiernos el imperio, tocándole al primero el oriente e instalándose en Alejandría, donde estrecharía lazos con Cleopatra. Este amor es un clamor histórico que ha manado de las plumas de poetas, escritores, guionistas de cine, etc. En este libro se recoge dentro del contexto más creíble que ha llegado a nuestros días y no por ello menos excitante.

Deshecho el triunvirato, luego de eliminar del mismo a Lépido, las ambiciones de Marco Antonio y Octavio se encuentran en la batalla de Accio, donde Marco Antonio es derrotado y, según las normas romanas, muere honrosamente hundiéndose su propia espada. Cleopatra, antes de caer en manos de Octavio, se esconde y se hace morder por una serpiente venenosa.

Si bien el autor ha tenido que hacer uso de su ingenio en ocasiones, la casi totalidad del libro está narrada con rigor histórico. Aunque discrepo con el autor en referencia al personaje de Marco Antonio, que fue un vividor y mal político pero buen general, me congratulo en felicitarlo por el ejemplar trabajo realizado, que requiere, aparte del talento de escritor, unos amplísimos conocimientos. ¡Enhorabuena, José Barroso! He disfrutado con su novela y animo a quienes lean mi reseña a que me imiten. Siga usted adelante con la segunda parte que, con toda seguridad, estará igualmente de interesante, plasmando de su ingeniosa pluma el mundo que cambió a partir del emperador Octavio Augusto. Pero eso ya es otra historia que espero gustoso.

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