Enero 2007

El Feng Shui y los Trigramas

Escrito por  Leonardo Santelices A.
El Feng Shui y los Trigramas


El feng shui y el Arte Sagrado


Para las civilizaciones clásicas, el ser humano y el cosmos son realidades análogas regidas por las mismas leyes. La noción de Cosmos es la de un todo ordenado y unitario.
Así, la casa, el templo, la ciudad, el ser humano, son también un cosmos.

El orden de un cosmos es la expresión concreta de su Inteligencia.

Así, el estudio de la Naturaleza no es solo la observación de la realidad material, sino especialmente la de sus formas, proporciones, ritmos y armonías, que expresan la Inteligencia que es su causa.

Cuando el Arte se sustenta en esta Inteligencia Natural, se llama Arte Sagrado, que no es lo mismo que arte religioso. En su libro “Principios y Métodos del Arte Sagrado”, Titus Burckhardt escribe: “El arte sagrado se funda, entonces, en una ciencia de las formas o, mejor dicho, en el simbolismo inherente a las formas. Por esta razón, el simbolismo tradicional jamás está desprovisto de belleza: según la visión espiritual del mundo, la belleza de algo es la transparencia de sus envolturas existenciales; el arte auténtico es bello porque es verdadero”.

El arte sagrado recrea el cosmos expresando a través de las formas las leyes de la Inteligencia, que por ello pasan a ser símbolos. Así, en el arte sagrado, la forma es el soporte de un símbolo o realidad trascendente.

Para esta perspectiva el espacio y el tiempo no son homogéneos sino heterogéneos, es decir, que poseen cualidades que les diferencian. Por ello la geografía, por ejemplo, es un tejido de lugares con diferentes cualidades; de ahí la importancia de saber escoger el lugar adecuado para cada cosa. La elección de los lugares donde se construyeron las más importantes ciudades no fue fruto del azar, sino que obedecen a un mito fundacional; así, por ejemplo, Cuzco, Delfos, Tenochtitlán, Roma, entre otros, son todos lugares sagrados donde se han cumplido ciertas condiciones que justifican la construcción de la Ciudad como “Centro del Mundo”. Para la geografía sagrada el centro del mundo no corresponde a una medida, sino a una calidad, que justifica que en ese centro puede ser construido un Imago Mundi, es decir, un Cosmos.

La sabiduría china también tiene su geografía y arquitectura sagrada en el Feng Shui, que desde tiempos remotos ha sido una guía práctica para escoger los lugares adecuados para construir una ciudad, un templo, una casa, una tumba.

El feng sui se fundamenta en la ciencia de la orientación y se resuelve en el arte de modificar conscientemente ciertos elementos del paisaje con el objeto de potenciar las cualidades positivas y neutralizar las negativas provenientes de los aspectos caóticos de la naturaleza.

Fundamentado en la sabiduría china, el feng sui parte de los principios Yin y Yang como opuestos complementarios que, cuando están armonizados, producen el Tai Chi o Armonía.

El espacio arquitectónico es el cosmos por excelencia. Si la arquitectura solo considera las características materiales y funcionales puede ser un espacio para habitar, pero nunca para vivir. El espacio arquitectónico es un espacio humano, una creación cultural que se transforma en arte sagrado cuando integra las leyes del cosmos, es decir, cuando considera las diferentes dimensiones en las que se desarrolla el ser humano. La ciencia y el arte del feng sui pueden ser de mucha utilidad para el diseño arquitectónico y la decoración, cuando se toman como una ciencia y un arte y no como una superstición que es la forma más vulgar.

La doctrina del Feng Shui está inmersa en la Sabiduría china. Por ello, para acercarse al mundo de la también llamada Geomancia china o Arte de la Localización o Geografía Sagrada China, es imprescindible introducirse en las características básicas del Pensamiento chino y su cosmovisión. En este trabajo de investigación se tratará solo de uno de los fundamentos del Pensamiento chino, los 8 Trigramas.

El Shuo Kua

Los santos sabios de los tiempos antiguos hicieron el Libro de las Mutaciones de este modo: ellos quisieron escrutar los órdenes de la ley interior y del destino.
Establecieron por lo tanto el TAO (sentido) del Cielo y lo denominaron: lo oscuro y lo luminoso.
Establecieron por lo tanto el TAO (sentido) de la Tierra y lo denominaron: lo blando y lo firme.
Establecieron por lo tanto el TAO (sentido, sendero) del hombre y lo denominaron: el amor y la justicia.

Uno de los aspectos esenciales en el pensamiento chino, como en general en los clásicos, es la noción de investigar el orden natural comprendido como INTELIGENCIA. El ser humano busca comprender el Orden y el Destino para alcanzar su propio Deber y estar así en armonía con el cielo, con la tierra y consigo mismo. En el TA HIO, Confuncio explica que la Gran Enseñanza consiste en desarrollar el principio luminoso que hemos recibido del Cielo, y en renovar constantemente a los hombres hasta llevarles a alcanzar la perfección, que es el Supremo Bien.

Esta búsqueda de la armonía, de la unión del Cielo y la Tierra, es el objetivo esencial del feng sui, como de muchas otras artes y ciencias chinas.

En los trigramas, el puesto inferior es el de la tierra, el superior el del cielo, y el del medio es el hombre. Encontramos aquí la idea central y fundamental del ser humano como intermediario entre el Cielo y la Tierra.

El TAO es el Deber Ser o Sentido, explicado en base a los dos opuestos complementarios, YIN y YANG.

En el cielo, lo oscuro es yin y lo claro yang.

En la tierra, lo blando es yin y lo firme es yang.

En el hombre, el amor es yin y la justicia es yang.

Aprender a distinguir el Yin y el Yang en los diferentes planos es un primer paso de mucha importancia en el feng shui y es muy recomendable hacer este ejercicio.

En general las artes chinas y japonesas en su sentido clásico son una vía, un sendero, un camino (Tao o Dao) y no un fin en sí. A esta vía es a la que los japoneses llaman Do, vemos en las Artes Marciales (Karate Do, lai Do, Kyu Do, Ju Do, etc). Un poeta, un ceramista, un pintor, un esgrimista, un luchador, no practican su arte por el arte en sí mismo, sino como una Vía. Con el correr del tiempo, la idea original se fue desgastando, se olvidó la Vía y la práctica pasó a ser un fin en sí mismo.

Con el feng sui ha sucedido algo similar. En un sentido clásico, la Vía era un camino para que el ser humano encuentre el Justo Medio que le permita actuar de acuerdo al Orden Natural. Esa es la idea de Salud en todos los planos. En su decadencia, el feng sui ha llegado incluso a ser una superstición donde se busca atraer “la buena suerte” en vez de buscar el Sentido de la Vida.

Cielo y Tierra determinan la dirección.
La montaña y el lago mantienen la unión de sus fuerzas.
El trueno y el viento se excitan mutuamente.
El agua y el fuego no se combaten entre sí.
Así se sitúan entreveradamente, los ocho signos.
La cuenta de lo que sucede y se desvanece, se basa en el movimiento hacia adelante.
El saber de lo venidero se basa en el movimiento retrógrado.


En este párrafo aparecen los trigramas clasificados por pares de opuestos, que es la forma en la cual se relacionan entre si.

También se muestra otro aspecto fundamental, que en una primera vista resulta complejo
 para la mentalidad moderna: aparecen los trigramas como elementos dinámicos, es decir, no totalmente diferentes uno de otro, sino entreverados, y solo en conjunto forman una unidad. Cada uno de ellos es un momento de mutación; no es algo definitivo, sino un momento de un proceso cíclico.

La idea de lo que “sucede y se desvanece” refuerza el concepto de mutación. Las cosas que suceden no son per se, simplemente suceden y se desvanecen, tanto en el orden del cielo como en el de la tierra y del ser humano.

En el cielo las estaciones se suceden armónicamente y van marcando el ritmo de las siembras y cosechas, de los flujos y reflujos, de los sonidos y silencios, del crecimiento y envejecimiento.

En la tierra las formas aparecen y se desvanecen como las huellas en la arena, las olas del mar, el flujo de un río; mientras el orden las formas están, luego se desvanecen.

En el hombre, las emociones y los pensamientos aparecen y luego se desvanecen, llegan y se van. No hay mal que cien años dure, dice el refrán, ni hay un hombre que pueda bañarse dos veces en un mismo río, decía Heráclito, porque ni el río es nunca más el mismo ni tampoco el hombre.

Este sentido de transitoriedad para nuestra cultura es algo terrible. Sin embargo, para el pensamiento chino tradicional es la esencia misma del cambio y la mutación; las cosas son transitorias porque cambian constantemente, pero no cambian por cambiar, sino porque tienen un Sentido, un Tao. Comprender que las cosas suceden y se desvanecen es comprender el movimiento hacia adelante.

Para comprender el sentido de Li (la Armonía) y el Chi (la Vitalidad), dos componentes fundamentales del feng sui, hay que hacerlo en este sentido de transitoriedad. No se llega a la armonía como a una estación, la Armonía se logra, pero también hay que mantenerla.

El porvenir se comprende gracias al movimiento retrógrado. Esto significa que una vez que se conoce el sentido del cambio se puede regresar y ver hacia donde se dirigen las cosas. Si un jardinero conoce bien la transformación que tiene una determinada semilla y sabe después de cuento tiempo va a ser un árbol, cual será el color de sus flores, la forma de sus frutos, podrá saber qué es lo que depara el porvenir. Cuando un médico conoce el desarrollo de una enfermedad y sus consecuencias, puede luego al hacer un diagnóstico prever lo que sucederá a su paciente.

Conocer el movimiento hacia delante y el movimiento retrógrado es conocer el sentido del cambio y la mutación, es saber hacía donde va y de donde viene todo.

El Trueno obra el movimiento, el Viento obra la disolución.
La lluvia obra el humedecimiento, el Sol obra el calentamiento.
El Aquietamiento obra la detención, lo Sereno obra el regocijo.
Lo Creativo obra el Dominio, lo Receptivo obra la conservación.


En este párrafo se muestran los ochos trigramas expresados como fuerzas de la Naturaleza. Todos son actuantes y todos están relacionados entre sí.

Un paisaje no es una suma de componentes sino una interacción entre esos componentes para formar una unidad funcional. Por eso en la pintura china, más que pintar objetos, se pintan las fuerzas que son sus causas, el movimiento de las olas, la fuerza de la montaña, la inmovilidad de la roca, así como la relación entre ellos. Una pintura de un paisaje llega a ser una verdadera obra de arte cuando sus partes no aparecen yuxtapuestas, sino integralmente relacionadas entre sí, conformando una unidad diferente de la suma de esas partes.

Esta unidad formada por la interacción de elementos diversos es otro de los aspectos relevantes del feng shui. Analizar un espacio es desmenuzado en sus componentes, pero para comprenderlo hay que unificarlo en sus interacciones.

La experiencia del ser humano en el espacio natural o en el arquitectónico no es con sus partes, sino con el todo que como sistema forma una unidad funcional.

Dios se manifiesta al surgir en el signo de lo Suscitativo.
Hace que todo sea pleno en el signo de lo suave.
Deja que las criaturas se perciban mutuamente con la mirada en el signo de los Adherente.
Hace que mutuamente se sirvan en el signo de lo Receptivo.
Da alegría en el signo de lo Sereno.
Lucha en el signo de lo Creativo.
Se afana en el signo de lo Abismal.
Los lleva a la consumación en el signo del Aquietamiento.


En un lenguaje simbólico, este párrafo nos habla de un proceso cosmológico, es decir, de la dinámica natural de desarrollo.

La cosmología como imagen otorga un orden del mundo fundamental para actuar coherentemente en él. Este orden es natural, armonioso. La búsqueda del feng shui consiste en diseñar, construir y adecuar espacios para que sean armoniosamente naturales.

El orden en el cual aparecen los signos ya no es en parejas complementarias, sino en forma de secuencia. Esta secuencia es la del Rey Wen, llamada también la del cielo Posterior, y coincide con la de las Estaciones, por eso comienza en DSCHEN, la Primavera, el Este.

Todos los seres surgen y se manifiestan en el signo de los Suscitativo. Lo Suscitativo se ubica en el Este.

Es el momento de la plenitud del Verano, el signo LI, que tiene como cualidad lo luminoso, el calor del verano, la época de los frutos.

Lo Receptivo significa la Tierra. Ella cuida de que todos los seres sean alimentados. Por eso está dicho: “Él hace que se sirvan mutuamente en el signo de lo Receptivo”.

Lo sereno es el pleno otoño que alegra a todos los seres. Por eso está dicho: Él los alegra en el signo de lo Sereno”.

“El combate en el signo de lo Creativo”. Lo Creativo es el signo del Noroeste. Significa que aquí lo Oscuro y lo Luminoso se excitan mutuamente.

Lo Abismal significa el agua. Es el signo del Norte exacto, el signo de los afanes, hacia el que todos los seres se sienten atraídos. Por eso está dicho: “El se afana en el signo de lo Abismal”.

El Aquietamiento es el signo del Noreste, donde se consuma el comienzo y el fin de todos los seres. Por eso está dicho: “El los consuma en el signo del Aquietamiento”.

Es el fin de la secuencia, GEN el Aquietamiento, la quietud donde reposa la fuerza que hará surgir la siguiente primavera.

Conclusión

La secuencia de los 8 Trigramas del Shuo Kua muestra el ciclo de mutación o desarrollo que constituye el orden natural, el orden del Cielo que se expresa en la receptividad de la Tierra y del cual participa el ser humano.

También encontramos en esta secuencia otro componente muy importante de la Arquitectura que en muchos casos no se toma debidamente en cuenta: el tiempo y su secuencia. Generalmente al diseñar un espacio arquitectónico, el tiempo se considera en forma tangencial, olvidando que el ser humano desarrolla su vida no solo en el espacio, sino también en el tiempo.

A través de imágenes, el Shuo Kua muestra los diferentes momentos de mutación. Si buscamos reconocerlos en nuestra vida cotidiana, si prestamos atención a los cambios, podremos percibir el ritmo del orden natural y percatamos de la fuerza del cambio y la mutación que también opera en los espacios arquitectónicos.

Leonardo Santelices A.

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