En 2017 se cumplieron 1900 años de la muerte de Trajano, uno de los grandes emperadores de la historia de Roma en su faceta de militar y conquistador. Era de origen hispano y se le consideró Optimus Princeps (el mejor de los príncipes).

Las virtudes de Trajano
Marco Ulpio Trajano nació en el año 53 a 9 km de Hispalis (Sevilla), y gobernó desde el año 98 hasta su muerte, en el año 117.

Fue el primer emperador no nacido ni criado en Italia, aunque pertenecía a una familia romana, y dio origen a la saga de emperadores hispanos de los Antoninos, continuada por Adriano y Marco Aurelio, junto con Nerva, Antonino Pío y el nefasto Cómodo.

Muchas fueron sus virtudes, pero la que le distinguió fue la justicia, gracias a la cual pudo mantenerse la paz: « Arme contra mí mismo la espada del pretor que me quite la vida si alguna vez faltase a la justicia » .

Según las crónicas, era habitual verle impartir justicia en las plazas públicas, así como visitar de incógnito las casas de senadores o comercios para comprobar si se respetaban la justicia y el decoro. La anécdota trajana cuenta que, en cierta ocasión en que Trajano marchaba a una guerra, se le acercó llorando una viuda cuyo hijo había sido asesinado y, dado que ya nadie podía devolvérselo, le pidió que hiciera justicia por su sangre derramada. El emperador le respondió que, una vez que hubiese vuelto de la guerra, le vengaría. La viuda le replicó: «Y si tú mueres en la guerra, ¿quién me responderá?». Trajano, movido por la razón y por la piedad, bajó de su caballo y no se apartó de allí sin haber concluido el juicio.

Medidas contra la corrupción
Se distinguió como legislador y juez. En las Cartas de Plinio el Joven, quien lo conoció personalmente, aparece en numerosas ocasiones actuando como juez en variados litigios, ya fuera entre personas o entre políticos y el pueblo. Una de las intervenciones más significativas de Trajano con respecto a la política, riqueza y urbanismo de su época la registra Plinio el Joven en una carta dirigida a su amigo Mecilio Nepote (VI, 19), donde podemos ver la actualidad de los hechos :

« ¿Has oído que el precio de las tierras ha subido, sobre todo en las proximidades de Roma? […] En los últimos comicios el Senado ha expresado su opinión con estas atinadísimas palabras: “que los candidatos no celebren banquetes, ni ofrezcan regalos, ni depositen dinero en manos de agentes”. De estas prácticas, las dos primeras se realizaban tan abiertamente como sin medida; la tercera, aunque se hacía a escondidas, era bien conocida de todos. […] Ha puesto el remedio [Trajano] , pues ha restringido los gastos de los candidatos, esos gastos escandalosos y deshonrosos, mediante la ley contra la corrupción. Además, les ha obligado a invertir en bienes inmuebles una tercera parte de su patrimonio, pensando que era vergonzoso (y realmente lo era) que los candidatos a una magistratura considerasen a Roma y a Italia no como su patria, sino como una posada… » .

Ordenó que se diera sustento de su propio patrimonio a mendigos y vagabundos, que se barriesen y regaran todas las calles de Roma, que solo se mantuvieran veintidós fiestas en el año («Más se puede servir a Dios trabajando que holgazaneando»), que se moderaran sacrificios y ofrendas («Más gusta a los dioses que los hombres enmienden sus vidas y no que les den sus haciendas») y que se prendiera a calumniadores, corruptos y acusadores.
El valor y la piedad brillaban en él. En las campañas que dirigió, siempre iba el primero, caminando con sus soldados, sufriendo con ellos las inclemencias del tiempo y las situaciones adversas. Se mezclaba con el ejército y comía lo mismo que los legionarios, sufriendo con ellos.

Trajano un emperador legionario al servicio de la justicia 1

Se ejercitaba con sus hombres como uno más, siendo el último en acostarse después de realizar la ronda por el campamento. Felicitaba a todo aquel que lograba batirle en los ejercicios de lucha y solía ser comprensivo con los soldados, perdonando muchas faltas, excepto dos: quedarse dormido durante las guardias y blasfemar contra los dioses.

Después de cada batalla, intervenía en el auxilio de los heridos, haciendo vendas, cuando así era necesario, de su propia túnica. Siempre atendió a los que quedaban huérfanos después de cada contienda.

A pesar de que vivió en la época de mayor extensión y riqueza del Imperio romano, se distinguió siempre por su modestia. Vestía igual que los soldados, sin hacer ostentación alguna. Su mujer, Pompeya Plotina, era igualmente modesta en su forma de vestir, sin lujos innecesarios, pues decía que cuando llegó a Roma no lo hizo para ser emperatriz, sino una matrona más del imperio.

A Trajano se le veía ir siempre a pie dirigiéndose al Senado. Nos han llegado testimonios de su humildad: cuando recibía visitas de gobernadores o generales, se bajaba de su silla imperial e iba a abrazarlos, colmándolos de halagos.

Pidió a los sacerdotes que cuando rezasen por la duración de su reinado añadiesen: «siempre y cuando lo merezca». Cuando le reprochaban que era demasiado amistoso, decía: «Quiero tratar a los demás como yo hubiese querido ser tratado si no fuese emperador». Cuando nombró prefecto a Suburano, se cuenta que al entregarle el puñal que simbolizaba el cargo, le dijo: «Te lo entrego para defenderme si me conduzco bien; en caso contrario, úsalo contra mí». También destacó por la lealtad a sus amigos, su paciencia en los trabajos, su carácter agradable y su trato honesto y franco, además de su inteligencia a la hora de emprender cualquier actuación.

Favoreció la cultura, abriendo academias y la biblioteca Ulpia en el Foro Trajano. Plutarco fue su maestro y se dice que llevaba a las batallas a algún filósofo por si podía mantener alguna conversación.

Decía que a la hora de la muerte, son dos las cuentas que los príncipes tienen que rendir: una a Dios, acerca de lo bien y mal obrado, y otra al mundo, sobre las acciones que realizaron y su forma de gobernar.

Trajano, emperador legionario

Trajano es reconocido por su buen gobierno, que se refleja en el acertado empleo de los caudales del Estado en obras públicas, respeto a la ley, políticas para los desfavorecidos y expansión del imperio.

Para ello utilizó el Ejército ante amenazas exteriores e interiores y revirtió el botín obtenido en el imperio.

A mitad del s. I, la Bética había dado ya muchos senadores; el propio padre de Trajano, con otros itálicos, habían influido en que Vespasiano fuera investido «emperador», lo que le valió para ser ascendido a gobernador de la lejana provincia de Siria en el año 77.

De la niñez y juventud de Trajano sabemos poco, solo que se trasladó con su padre a su destino. Con veinticuatro años fue ascendido a jefe de una legión. Esto suponía estar al mando de unos cinco mil legionarios y sus fuerzas auxiliares.

Como joven militar, se ganó el respeto de sus hombres y del Senado en territorios difíciles como Siria, Hispania o Germania, por lo que fue nombrado cónsul.

En época de Trajano, el legionario era un soldado profesional muy cualificado. El contubernio era la unidad más pequeña del ejército y lo formaban ocho legionarios. Diez contubernios hacían una centuria; seis centurias eran una cohorte, y diez cohortes eran una legión. En total, era una fuerza de 4800 hombres más sus oficiales y suboficiales.

A estas fuerzas se le sumaban cuerpos de caballería de 30 caballeros, que se distribuían en una cohors equitata de 120 caballeros.

La Marina tenía una labor de apoyo a la infantería más que una fuerza autónoma.

También estaban las importantes fuerzas auxiliares, que eran verdaderas legiones extranjeras de guerreros venidos de todos los lugares del imperio y de más allá de sus fronteras.

Era el año 97 cuando el emperador Nerva asumió el título de emperador y entregó el gobierno de la provincia de Germania a Trajano, que adquirió el título de heredero.

La muerte de Nerva cogió por sorpresa a Trajano dos años después. Trajano estaba con sus planificaciones sobre Germania, construyendo ciudades, puentes, puertos y fortalezas para defender el Rin de los germánicos.

La guerra de Dacia

Durante el reinado de Domiciano el Ejército romano se enfrentó con el ambicioso rey Decébalo, con quien firmó una humillante paz en el año 95.

Trajano preparó la campaña sobre Dacia con tanto secreto que hasta que las tropas no cruzaron el Danubio en el 102, no supieron que estaban invadiendo Dacia.

Roma llevaba un ejército de treinta legiones y tropas auxiliares, formando un contingente de 100.000 hombres; Decébalo consiguió reunir a 180.000 soldados.

Trajano dividió sus tropas en dos columnas y atacó la fortaleza de Tapae por dos frentes. Fue una batalla difícil, en la que el agotamiento de los contendientes hizo pertinente pactar el alto el fuego en varias ocasiones. Pero al fin vino la victoria, y los dacios se replegaron.

Trajano regresó con los suyos a sus campamentos de invierno dentro de sus fronteras, aunque dejaron algunos destacamentos de tropas auxiliares, que luego fueron condecoradas por su valor.

En el año 103 hubo duros enfrentamientos, aunque poco a poco los romanos fueron adueñándose del terreno hasta llegar a las puertas de la capital, Sarmizegetusa.

Trajano un emperador legionario al servicio de la justicia 4

Trajano, con un ejército agotado, y Decébalo, viéndose perdido, renegociaron la paz que aceptaba la derrota dacia, lo que conllevaba la pérdida de territorio, vasallaje y la prohibición de hacer política exterior. Trajano, como vencedor, tomó el título honorario de «Dácico» que ya sumaba al de «Germánico».

La paz no duró mucho porque, en el año 105, Decébalo consiguió coger prisionero a Longinus, el comandante de la guarnición que se había quedado cerca de Sarmizegetusa, pidiendo un rescate por él y sus hombres. No contaron con que los legionarios se suicidaron para que Trajano tuviera las manos libres y arrasara Dacia, dejándola prácticamente sin hombres útiles para la guerra.

Rumanía considera que el nacimiento de su país comienza cuando Trajano tomó el territorio.

Nabatea y Partia

Un objetivo de Julio César había sido expandir el imperio hacia el oriente siguiendo a Alejandro Magno. Trajano, conocedor del terreno, se anexionó Nabatea en el año 106. La ciudad de Petra había prosperado mucho porque era una de las puertas de la Ruta de la Seda; con Trajano se convertía en una provincia romana.

Otra cosa fue la guerra contra Partia. Trajano, dirigiendo su ejército, entra en Partia cuando Osroes I era su rey. Los romanos tenían la frontera en el Éufrates, lo atraviesan y traspasan nuevamente el Tigris.

En menos de un año tomaron Armenia, Asiria y Mesopotamia, apenas sin enfrentamientos, aunque las calamidades del calor y el frío se suceden creando problemas en la tropa; en una ocasión, un terremoto casi acaba con la vida a Trajano, aparte de causar bajas en sus tropas.

En el año 114, el Senado le otorga el título de Optimus, la máxima excelencia, y poco después el de Pártico.

Pero no era todo paz dentro del imperio. En el año 115, se sublevaron los judíos en Egipto, Chipre y Judea, lo que provoca que Trajano tenga que retirar tropas para repeler la rebelión, con lo que su avance se ve afectado. En el 116 las ciudades del territorio recién conquistado se sublevan y tiene que enviar a sus mejores generales a reconquistarlas. A todo esto se le suma una apoplejía que le mina la salud.

Trajano se lamentó de tener sesenta años y no poder emular a Alejandro. Enfermo, se retira en dirección a Roma cuando le sorprende la muerte en el 117 sin haber llegado a la ciudad imperial.

El imperio había llegado al máximo de su expansión física, pero realmente la aventura de Partia fue un descalabro en cuanto a muerte de hombres y dinero invertido. Le sucede Adriano, que retiró las tropas de Partia volviendo a sus antiguas fronteras anteriores al año 113.

Publicado en Historia
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