Domingo, 01 Julio 2018 00:00

La Filosofía es útil

No lo hemos escrito en ningún código, ni nos hemos puesto de acuerdo, pero es evidente que a quienes hacemos Esfinge y a nuestros colaboradores nos parece que la filosofía es útil y, por lo tanto, recomendable. Nos referimos a esa filosofía que es capaz de salir a la calle y mostrar que puede proporcionar los métodos que estamos necesitando para ser más libres y encontrar respuestas a nuestras preguntas y soluciones para los problemas de nuestra sociedad. Es útil, pero no como lo es una herramienta, sino porque sirve a lo más valioso que tenemos, que es nuestra capacidad para pensar.

Cuando nos miramos a nosotros mismos y a nuestro alrededor, cuando sentimos la necesidad de abrir caminos en nuestra vida, orientarnos mejor y entender lo que sucede en el mundo, si tenemos a mano algún texto filosófico inspirador, escrito por alguno de los grandes sabios que dejaron huellas profundas, es probable que encontremos lo que buscamos: una orientación, un consejo, una recomendación, que nos saquen de nuestro atolladero.

Para ello es indispensable tener la mente abierta, saber que nos queda mucho por aprender y no dejar de practicar el arte de hacer preguntas, previo al de responderlas. Este número de Esfinge nos ofrece sustancia para esas reflexiones tan necesarias, esos diálogos tan indispensables. Para ello, como sugiere nuestro entrevistado José Antonio Marina, es importante ser conscientes de nuestras palabras, cuidar nuestros lenguajes, pues a través de ellos pensamos y sentimos.

Por eso, queridos lectores, os ofrecemos este conjunto de palabras escritas para vuestro ejercicio frecuente de alimentar las ideas y ponerlas en práctica.

Publicado en Editorial
Domingo, 01 Julio 2018 00:00

Filosofía en la calle

El Museo de Almería acogió el pasado día 23 noviembre la inauguración del proyecto «Filosofía en la calle», en el que hubo una conferencia, representaciones escénicas y exposiciones de fotografía y escultura.

El pasado 23 de noviembre se impartió una conferencia del proyecto «Filosofía en la calle» en el Museo Provincial de Almería. Ese mismo día se inauguraron las exposiciones permanentes de fotografía y escultura, que junto con una actuación y un vídeo, formaban parte del mismo proyecto. Se trataba del tercer ciclo de esta actividad, que desde hace años se ha venido produciendo en lugares de Almería como la extinta librería Sintagma y el IES Fuente Nueva. En esta ocasión, se ha dado una diversificación del diseño original enlazándolo con otras disciplinas artísticas. Antonio Guerrero, creador y coordinador de este proyecto, ha incluido a personas como Francisco Escudero en la representación, Rubén García, comisariando la exposición fotográfica en la que intervinieron fotógrafos de toda España, Manolo Fernández Castilla, en la exposición de escultura, y a los ponentes Cayetano Aranda, Francisco J. Carbonell, Irene Gálvez y Jorge Cordi. Además, el acto contó con la presencia del delegado de Cultura Alfredo Valdivia.

Como arranque de la conferencia, el artista Francisco Escudero ofreció un espectáculo titulado Palabras al viento . Iniciada la conferencia, el tema de fondo, en palabras de Guerrero, consistió en abordar la problemática de la vigencia de la filosofía actual, desde el punto de vista de su salud. En términos generales, el proyecto denunciaba que si el objetivo de esta disciplina era crear personas con pensamiento autónomo y con la capacidad de emanciparse de su entorno, los resultados mostraban que no era así. La filosofía tenía, por tanto, una enfermedad. En sí misma esta idea acarreaba la crítica al sistema educativo, donde estaba insertada la filosofía. El proyecto también traía la crítica a la crisis de identidad de los filósofos españoles. Finalmente, la idea de enfermedad de la filosofía actual también conducía a la crítica del bloqueo conceptual. En términos generales, la posmodernidad había parido productos repetitivos que versionaban la modernidad sin aportar luz al conocimiento. Además existían otras críticas implícitas en el proyecto: en la segunda mitad del siglo XX se dieron ideologías que absorbieron las ideas de la filosofía y la dejaron vacía. También se dio otro proceso: la mercantilización de la cultura convertida en un producto de consumo.

A continuación, Cayetano Aranda habló de la necesidad de defender lo público en detrimento de lo privado, y con eso se refirió a la plaza pública. También aludió a la irresponsabilidad de la clase política respecto a ese ágora y a cómo en la antigua Grecia la relación entre el político y el ciudadano era más directa y responsable. Irene Gálvez efectuó una reflexión sobre el feminismo en la que surgió la figura de Carmen de Burgos. La filosofía servía, según dijo, para comprender las contradicciones y salvarnos de la caverna del patriarcado. Francisco G. Carbonell aludió a la crítica a la filosofía academicista y a la importante desvirtuación del lenguaje. Por otro lado, declaró que la filosofía servía para desenmascarar el poder y el lenguaje capitalista como fundamento del mundo. Finalmente Jorge Cordi, retomando la idea base, se refirió a la idea de dispositivo de este proyecto. A continuación habló de la diferencia entre sujeto y subjetividad y reflexionó sobre el goce autista de la cultura neoliberalista.

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Finalizada la conferencia el público asistente, que fue bastante amplio y estaba compuesto por personas de diferentes lugares de la geografía nacional, acompañó a los participantes del proyecto a la segunda planta del museo, donde la directora de dicha institución, María Isabel Pérez, y el delegado de cultura, Alfredo Valdivia, dijeron unas palabras e inauguraron las exposiciones de fotografía y escultura, comisariadas por Rubén García y Manolo Fernández Castilla respectivamente. En la exposición fotográfica también estuvo, como participante, Antonio J. García (Ché).

De este evento salieron iniciativas para su continuación en la Universidad de Murcia, donde ya se estaban realizando las gestiones, y en el Ayuntamiento de Huercal-Overa. Según Antonio Guerrero, allí se ampliarán el número de disciplinas.El objetivo del proyecto multidisciplinar «Filosofía en la calle», en palabras de su fundador, Antonio Guerrero, es deconstruir la filosofía academicista, anquilosada y sin interés por lo que sucede más allá del aula, y crear un nuevo vínculo de la filosofía con la realidad de la calle, de la vida social, para salvar así el desbloqueo del pensamiento posmoderno repetitivo y para generar librepensadores en nuestra sociedad de masas. Es un movimiento humanista que trata de reconstruir al ser humano y de darle las herramientas necesarias para que se emancipe del consumismo y del gregarismo. El proyecto está establecido en ciclos. En esta ocasión, en el Museo Provincial de Almería, se ha celebrado el tercer ciclo, que trata de conducir la filosofía desde el nivel de la argumentación de la conferencia al mundo del arte, representado en un espectáculo, una exposición de fotos y una de escultura. El proyecto buscará nuevos territorios, en nuevas ediciones, a través de talleres y de acciones sociales en la vía pública para así recuperar su lugar natural, el ágora, la plaza pública, etc. También está prevista una edición próxima en la Universidad de Murcia a la que se incorporarán nuevas acciones y disciplinas.

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El método del proyecto es la «filosofía práctica intervencionista». Por su nomenclatura tiene distintos significados. En primer lugar, el carácter práctico de la filosofía: ante el divorcio entre el academicismo y la realidad social, la filosofía práctica afirma su carácter práctico como única para luchar contra el bloqueo (patología) de la filosofía y su mercantilización dentro de la cultura de masas. Esto es una filosofía que enfatiza las relaciones entre pensamiento y acción humana, es decir, que lleva las ideas a la realidad mediante acciones concretas. Para ello estudia y analiza el entorno para describir unos objetivos y fines, fundamentados. Las relaciones del nuevo nexo entre filosofía y realidad se aproximan más a la política, la ética y la estética. Es importante decir que esta no es en absoluto la filosofía práctica de la consultoría filosófica de los 80 (asesoría complementaria de la psicoterapia), pues no es individualizada sino colectivista; y no aspira a tejer cursos ambiguos de formación sobre el autoconocimiento. Todo lo contrario, pretende transformar la sociedad desde el juicio ético y la acción en la vía pública. Tampoco guarda relación ninguna con la filosofía instrumental, tan extendida hoy en el marco de la empresa y el coach . En sí, la filosofía práctica de este proyecto aspira a deconstruir la misma filosofía práctica, tan empobrecida desde hace algunas décadas por la tergiversación, para así reconstruirla. Por otro lado, se trata de una filosofía práctica intervencionista: esto es así ya que este proyecto aspira a la regulación social como una apropiación de la realidad para mejorarla desde los criterios impuestos por la ciudadanía. Con esto decimos que existe la tendencia a inmiscuirse en los problemas de la sociedad y al mismo tiempo a participar en ellos. Con la filosofía práctica intervencionista el proyecto Filosofía en la Calle pretende llevar la filosofía a la ciudadanía y convertirla en una herramienta necesaria para el empoderamiento de las personas, a través del aprendizaje del pensamiento autónomo y crítico.

https://filosofialacalle.wixsite.com/fcalle/blog/
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http://antonioguerreroruiz.blogspot.com.es/

 

Publicado en Buenas noticias

José Antonio Marina (Toledo, 1939) es filósofo y pedagogo. La editorial Anagrama, donde ha publicado buena parte de sus libros, lo define como «uno de los pensadores absolutamente imprescindibles de nuestro país». Sus decenas de ensayos de divulgación y sus cientos de artículos en prensa lo acreditan. Pero a lo largo de su vida ha cultivado tanto las letras como los jardines. De hecho, la principal faceta de la que presume es la de horticultor, dado su orgullo como inventor de una variedad de berza. Fruto de su pensamiento es una teoría de la inteligencia humana que pone el acento en sus posibilidades creadoras. Desde la Universidad de Padres que fundó en 2007, así como desde la cátedra en Inteligencia Ejecutiva y Educación que dirige en la Universidad de Nebrija, investiga las funciones ejecutivas de la inteligencia, un área prometedora para decidir cómo será la educación del futuro.

Dentro de la filosofía, usted se ha referido a Husserl, entre otros, como su gran maestro.

Sí, y precisamente porque estaba muy relacionado con Husserl, Sartre me interesó muchísimo. Además, me parece un escritor fantástico. Otro de los que influyó más en Husserl fue Alain, un filósofo muy importante en Francia; todo lo que escribió fueron artículos de prensa. Comte-Sponville es otro filósofo moderno muy brillante que ha sabido llegar muy bien al gran público. Su libro sobre las virtudes consiguió recuperar un tema que se había perdido de una manera absurda, después de aparecer con Platón y Aristóteles. Lo retomó después la teología católica como estructura moral básica. Cuando la teología católica pierde vigencia, arrasa la teoría de las virtudes. Entonces, quien volvió a descubrirla fue la psicología americana moderna, que ha estudiado las virtudes en todas las culturas. Ahora, en vez de cogerlas de su raíz verdadera, las estamos cogiendo de la psicología americana. La historia de las ideas es muy curiosa. Aparecen y desaparecen. Tienen en las tripas contenidos que no sabes que tienen. Por ejemplo, cuando estudié el ingenio, había una gran cantidad de cosas que manejábamos sin decirlas. Ahora lo que me interesa es lo que estoy publicando últimamente en El Confidencial .

¿Se refiere a sus artículos sobre emociones y conceptos políticos en referencia a la situación de Cataluña?

Claro, lo que pasa es que estamos manejando palabras sin saber exactamente lo que significan. Desde la palabra nación hasta la palabra pueblo , utilizadas como concepto político. Son conceptos que engloban muchísimas nociones que vienen de distintos sitios. Con los conceptos, es como si manejáramos una caja que no sabemos muy bien lo que lleva dentro. Nos fijamos únicamente en el título. Pero cuando aceptas una de esas nociones, no sabes la cantidad de cosas que estás aceptando. Ese tipo de historias me parecen fascinantes, porque descubres cosas que no sabías, que estaban de una manera implícita, y que al final te pasaban factura.

Algunos de sus libros contienen guiños a otras obras. Por ejemplo, además de su Por qué soy cristiano , está el Por qué no soy cristiano de Bertrand Rusell. Su Pequeño tratado de los grandes vicios es una respuesta o complemento al Pequeño tratado de las grandes virtudes de André Comte-Sponville, al que ya se ha referido. El bucle prodigioso también se asemeja en algunas ideas al libro de Douglas Hofstadter Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle . ¿Le gusta tomar el testigo de otras obras y establecer un diálogo entre su trabajo y el de otros intelectuales?

Sí, muchísimo. Con los autores tengo una relación muy viva y muy poco académica. Por ejemplo, puedo citarles mal, o puedo citarles sin atribuírselo. Eso se ve, sobre todo, en algunos de mis libros, donde, en vez de hacer una bibliografía, hice una cosa llamada autobiobibliografía, es decir, mi trato con los autores: los que me han influido, los que me han irritado, las cosas que he copiado, las cosas que me han sugerido, a los que tengo simpatía, a los que tengo antipatía… Creo que esa es una relación muy importante de la vida intelectual. Yo soy muy poco sistemático con mis lecturas. Leo muchas cosas, muy diferentes, y es interesante cómo encuentras ideas en tipos de lecturas muy distintas. La política te puede dar ideas sobre la neurología; la neurología te puede dar ideas sobre la religión. Empiezas a ver conexiones que un mundo hiperespecializado como es el de la investigación no tiene. Esa es una de las características de la filosofía.

¿Se refiere a la visión global?

Efectivamente. La filosofía debe tener una visión global porque estamos perdiendo los hilos del entramado. Entonces, no acabamos de comprender el tapiz, porque cada uno está con su hilo. Es cierto que es muy complicado. Todo avanza con mucha rapidez. Pero la forma de comprender no es al final de las creaciones. En cambio, sí puedes entender si te retrotraes a la máquina que ha puesto eso en movimiento. Por ejemplo, ahora un matemático no entiende más del 10% de las matemáticas que se hacen. Por eso, buscar las genealogías ha sido una especie de método o de manía.

Entrevista Jose Antonio Marina editada 1

En uno de sus ensayos, El bucle prodigioso , afirma rotundamente que « la filosofía debe ocuparse de las nuevas tecnologías» . Los llamados « tecnoescépticos», como Nicholas Carr, Sherry Turkle, Jaron Lanier o Evgeny Morozov, cada uno en su ámbito, plantean el debate de que la convivencia con las nuevas tecnologías como smartphones está cambiando nuestras mentes, identidades y relaciones. ¿Nos adaptaremos a estos cambios?

Siempre que ha aparecido una nueva tecnología, se ha planteado un debate. En primer lugar, hay que tener en cuenta que las técnicas son de dos tipos: técnicas que nos permiten hacer algo y técnicas que me permiten organizar mis propias capacidades, que son las «tecnologías del yo». Las «tecnologías del yo» se han hecho para ampliar las capacidades de la inteligencia. ¿Cuáles son esas tecnologías? Además de la escritura, está el álgebra, sin el cual no se pueden determinar ciertas operaciones; la notación musical, que permitió a Beethoven componer una sinfonía que no podría haber compuesto en la Edad Media. Las «tecnologías del yo» actuales están dando un salto cualitativo distinto, no a partir de la informática, sino de la inteligencia artificial. Los sistemas de inteligencia artificial están expandiendo capacidades humanas de una manera desmesurada. Estamos hablando ya de superinteligencias.

¿También del avance de los robots?

Cuando hablamos de robots, estamos hablando de máquinas que realizan operaciones muy rutinarias, repetitivas y cerradas. En inteligencia artificial, ya hay sistemas que aprenden por sí mismos y que pueden hacer funciones que hasta ahora creíamos que estaban reservadas al ser humano. Estoy estudiando este tema a través del Proyecto Centauro. Lo que busco es cómo podemos utilizar esos mecanismos potentísimos de la inteligencia artificial para mejorar el rendimiento de la inteligencia humana. Eso es muy complicado, pero tenemos que decidirlo para ver qué tipo de educación vamos a hacer. El asunto está en qué competencias van a estar en formato neuronal, en la memoria de cada niño y niña, y qué competencias pueden estar en su ordenador, no en la nube. Esto es un cambio realmente serio. En último término, no estamos decidiendo quién va a manejar la información (eso lo va a hacer mejor un ordenador), sino quién va a tomar las decisiones. El problema está ahí. Qué tipo de decisiones va a tomar uno y otro. Hacia donde va la inteligencia artificial es a tomar decisiones. Eso deja el mundo de la libertad humana un poco marginado.

Hablemos de sus artículos. Uno de los rasgos genuinos de sus escritos en prensa es lo que ha llamado la « filosofía zoom» . Se trata de una búsqueda de verdades sistemáticas en los detalles y objetos cotidianos. ¿Considera que una de las funciones de sus artículos es hacer una pedagogía de la mirada?

Sí, entendiendo la mirada en un sentido amplio, tal y como se entiende en Occidente, equiparada a cualquier visión intelectual y no solo a la mirada física. Lo que busco en mis artículos es un tipo de educación de la mirada para descubrir las cosas interesantes que tenemos alrededor y pueden pasarnos desapercibidas. He comentado muchas veces el poema de Machado al olmo viejo. Antes se veían muchos troncos caídos, tirados por la carretera. Ahora, menos. Era un espectáculo vulgar. Pero pasa por ahí una persona como Machado y se fija en que, en ese tronco podrido, ha aparecido una rama verde. Ese hecho le parece absolutamente maravilloso: Al olmo viejo, hendido por el rayo / y en su mitad podrido / con las lluvias de abril y el sol de mayo / algunas hojas verdes le han salido . ¿Qué ha pasado aquí? Pues dice él que es un milagro de la primavera. Pero hay un momento importante en que dice: Olmo, quiero anotar en mi cartera / la gracia de tu rama verdecida . ¿Por qué? Porque no quiere olvidarlo. Ese enriquecimiento de la experiencia es, en último término, a lo que me refiero con la educación de la mirada. Es la gran tarea creadora. El hecho de que ante una noticia lo único que hagas sea indicar «me gusta» o «no me gusta» es de una simplicidad tan sumamente grave que evita toda posibilidad de análisis y pensamiento crítico. Ese es el problema que tenemos ahora. Sin pensamiento crítico, somos muy vulnerables a cualquier tipo de adoctrinamiento u eslogan.

En el libro Memecracia. Los virales que nos gobiernan , su autora hace un análisis atractivo de uno de esos fenómenos ligados al consumo de noticias a través de medios sociales como es la viralidad.

La viralidad significa literalmente una enfermedad, algo que se contagia. Ahora se dice como un elogio, pero no lo es. También el catarro se ha viralizado. Hay una especie de demagogia de la opinión muy compartida. Con el populismo a lo Trump, la gente a la que no le gusta se equivoca al pensar que este hombre es tonto. Trump es cualquier cosa menos tonto. Lo que ocurre es que dentro de su sistema de desprestigio, lo primero que tiene que desprestigiar son las instituciones de referencia crítica. Los periodistas son los primeros. Los científicos, lo mismo. ¿Qué van a decir ellos del cambio climático? Los jueces, lo mismo. Va desmontando esas instituciones críticas de referencia y se queda con que ni siquiera hay hechos, solo hay versiones de los hechos. Es todo un sistema el del populismo. El periodismo podría ser la aplicación a los sucesos de todos los días de un serio sistema de ideas, de un sistema filosófico. Eso es lo que yo he estado haciendo desde muchos puntos de vista.

¿Qué le queda por conocer a José Antonio Marina?

Me queda muchísimo por conocer. Me gustaría comprender mejor algo que he estudiado en varios libros con cierta insatisfacción. En concreto, la pregunta que quiero responder es: ¿quién habla cuando yo hablo? En esta conversación contigo, he estado hablando yo. Pero, en realidad, no he pensado mucho lo que estaba diciendo. Porque cuando hablamos, salvo en los momentos en los que hay que tomar una decisión, hay una especie de secuencia muy fácil que parece automática. Hay una cosa que decía Forster, el autor de Un viaje a la India : «¿Cómo voy a saber lo que pienso sobre algo si todavía no lo he dicho?». ¿Y quién lo dice entonces? Lo que yo respondo es: la inteligencia generadora, que tiene que ser muy lista para proporcionarme las palabras sintácticamente construidas y organizadas. Lo único que podemos hacer es organizar de la mejor manera esa fuente de ocurrencias porque así la tendremos entrenada para lo que queramos hacer.

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Viernes, 01 Junio 2018 00:00

La filosofía es útil

Alguna vez alguien debería hacer un recuento de los innumerables bienes que ha proporcionado la filosofía a la humanidad. Veríamos que está presente en los mejores momentos de la historia y, más aún, que cuando la decadencia, la pérdida de los puntos de referencia oscurecen los tiempos, cuando parece que todos los valores se han perdido, encontramos las acciones heroicas de los filósofos que, sin derramar sangre, ni acentuar los conflictos, han ofrecido soluciones para los problemas de los seres humanos, deshaciendo los nudos que impedían el diálogo, suavizando las heridas, y ofreciendo ideas luminosas para alcanzar la felicidad.

Si hay una actividad humana que debería enorgullecernos como especie esa es la filosofía, en todas sus variables, en su maravillosa variedad. De tal manera que cuando nos preguntamos cómo podríamos hacer una sociedad mejor, más justa y más buena, la mejor respuesta es la que la señala como la mejor opción.

Así nos lo vuelven a demostrar nuestros colaboradores en este número, de manera coral, con diferentes voces y registros. De una manera o de otra de nuevo nos plantean sus respectivos llamamientos a fijarnos en las opciones filosóficas para alejar la lacra de la corrupción, que descompone a nuestras comunidades, o a indagar en nuestro propio interior, para buscar el sentido de la vida, en el silencio de la meditación, o a través del acercamiento a la mística. En sus propuestas late siempre ese amor a la sabiduría, que nos redime como seres humanos, peregrinos por un tiempo difícil que parece llevarnos en dirección contraria al de saber pensar, saber ser, saber actuar.

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Mónica Cavallé es doctora en Filosofía y pionera del asesoramiento filosófico sapiencial. Desde hace casi veinte años es filósofa asesora y facilitadora de consultas individuales, talleres y cursos de formación en asesoramiento filosófico. Fue fundadora y presidenta de la Asociación Española para la Práctica y el Asesoramiento Filosóficos (ASEPRAF). Actualmente dirige la Escuela de Filosofía Sapiencial. Su labor se centra en una filosofía que evidencie su íntima unidad con nuestro ser total y nuestra vida cotidiana, así como su potencial transformador y liberador. Entre sus libros destacamos La sabiduría recobrada , Filosofía como terapia (Grupo Anaya, 2002; Grupo Planeta, 2006; Kairós, 2011), La Filosofía, maestra de vida (Aguilar, 2003), y su gran novedad, El arte de ser (Kairós, 2017).

¿Quién es Mónica Cavallé realmente?

Te puedo describir cómo soy, qué hago, cómo vivo, qué me gusta, qué me conmueve, qué pienso y siento, cuáles son mis circunstancias… pero no quién soy. La pregunta «¿quién soy?» nos conduce a un lugar que no puede ser pensado ni descrito, solo «sido». Se corresponde con la vivencia de ser sin adjetivos, de ser presencia despierta, vida en expresión, capacidad de conocer, crear y sentir. Es la vivencia más directa e íntima de nosotros mismos. No necesitamos definirnos para ser en plenitud.

¿Qué la llevó a estudiar y difundir la filosofía sapiencial?

Siempre he sentido una profunda inquietud filosófica y espiritual. Estudié filosofía como parte del proceso de dar forma a esa llamada, a ese anhelo. Me interesó la vertiente sapiencial porque experimenté de forma nítida que las respuestas a las grandes preguntas no se alcanzan en el plano del pensamiento, sino que equivalen siempre a ciertas experiencias, a ciertos estados de ser. Y esto es lo que proponen las enseñanzas sapienciales: no nos ofrecen respuestas teóricas; invitan a una transformación. Para estas filosofías, el discurso intelectual no tiene un valor autónomo; vale en la medida que posibilita que experimentemos la verdad viva de una enseñanza.
¿Qué me llevó a difundirla? Todos compartimos lo que nos llena, lo que nos inspira, lo que amamos. Lo compartimos queramos o no. Como afirma el Evangelio: «De la abundancia del corazón, habla la boca».

¿Qué diferencias o similitudes hay entre filosofía perenne, filosofía esotérica y filosofía sapiencial?

La expresión «filosofía perenne» (en su acepción más reciente, porque no todos los autores han utilizado esta expresión en un mismo sentido) alude a la constatación de que hay claras semejanzas estructurales entre las enseñanzas sapienciales de distintas culturas, intuiciones análogas que se sustentan en lo que hay de perenne en la condición humana.
La expresión «filosofía sapiencial» alude a la filosofía que no ha olvidado su significado etimológico: amor a la sabiduría, es decir, su conexión con los fines de la vida humana. Puesto que la orientación a la sabiduría nos concierne a todos, la filosofía sapiencial tiene una vocación claramente universal.
La expresión «filosofía esotérica» alude a las doctrinas (filosóficas y/o religiosas) que solo se trasmiten a un grupo de iniciados; abarca manifestaciones muy dispares: enseñanzas sapienciales genuinas y otras que no lo son.

Entrevista Revista ESFINGE Dra. Monica Cavallé 1

¿Qué es la «mayoría de edad del pensamiento»?

Aspirar a la plena autonomía en el plano del pensamiento. Ser luz y guía para uno mismo. Encontrar la fuente del criterio en nuestro propio interior. Asumir que nadie puede responder por nosotros a las grandes preguntas de la vida. No vivir de opiniones de segunda mano, sino descansar en nuestras propias comprensiones. No buscar tutores que nos suplan en la tarea de pensar por cuenta propia y de protagonizar nuestra propia vida. Esto último, por cierto, en ningún caso equivale a no inspirarnos en las personas que van por delante de nosotros en el camino, a no aprender de ellas.

Más allá de nuestro ego o yo superficial, ¿existe realmente en nuestro interior una fuente íntima de asesoramiento o de criterio de verdad?

Todos encontramos en nosotros el sentido de la verdad, de la belleza y del bien, por más que en ocasiones vivamos a espaldas de él. Aludo a ese sentir profundo que nos habla a través de un sentimiento de falta paz cuando no vivimos de forma congruente; que nos hace reconocer que ciertas palabras tienen autoridad; que nos impele a rechazar la destrucción de algo valioso, a corregir la injusticia, a conmovernos ante ella… Este fondo insobornable, este sentir profundo (pues surge de un lugar más profundo que el plano de nuestros deseos superficiales, de nuestras opiniones personales, de los códigos sociales asumidos…) es nuestra verdadera guía.

¿Qué es, de dónde viene ese misterioso espacio interior que es fuente última de creatividad y libertad, cuál es su naturaleza?

Cuando nos situamos en nuestro verdadero eje de gravedad, estamos despiertos y presentes en nuestras repuestas. Estas últimas ya no son ciegas, automáticas, reactivas… Se abre un paréntesis entre el estímulo y nuestra respuesta y tenemos la capacidad de ofrecer una respuesta originaria y propia. Este eje de gravedad es nuestro centro ontológico, una instancia más originaria que el plano en el que se desenvuelve el pensamiento condicionado y los impulsos asociados. Este centro, en efecto, es fuente de creatividad y de libertad.
¿Cuál es su naturaleza? Aristóteles decía, enigmáticamente, que el nous (el espíritu) es «algo divino» en el ser humano, aludiendo al hecho misterioso de que, en medio de esta realidad condicionada, tengamos la vivencia de un principio completamente incondicionado.

Entrevista Revista ESFINGE Dra. Monica Cavallé 2

¿En qué medida la filosofía es psicoterapia?

La filosofía sapiencial es profundamente transformadora y liberadora, pero eso no significa que sea una psicoterapia, por más que haya conexiones entre ambas y puedan enriquecerse mutuamente.
La filosofía nos invita a ejercitar nuestro discernimiento para poder vivir en verdad. Y la realidad y la verdad liberan. Siempre. El sufrimiento evitable encuentra su raíz última en nuestra ignorancia sobre nosotros mismos y sobre la realidad.
La psicoterapia busca mejorar la calidad de vida del paciente. La filosofía se dirige a todo ser humano en tanto que tal, y se orienta a la verdad. La progresiva liberación interior y la superación de mucho sufrimiento inútil son los subproductos de este compromiso incondicional con la verdad, con la toma de conciencia.

¿Y en qué medida la filosofía es o lleva a la espiritualidad?

La espiritualidad no es propiedad de las religiones oficiales. Es la dimensión profunda de la realidad y del ser humano. La filosofía sapiencial es una actividad espiritual en la medida en que tiene como sujeto y como objeto esa dimensión de lo real; en que nos orienta al conocimiento del ser; en que nos abre al reconocimiento vivencial de lo que en nosotros trasciende el nivel estrictamente psicofísico.
Esta dimensión, como decíamos antes, constituye nuestro centro de gravedad y, si bien tiene una vertiente individual, nos trasciende como meros individuos y tiene también una vertiente cósmica. Ahí se establece la conciencia de unidad con todo lo existente.

¿A qué se refiere en su libro con las «Sabidurías del Despertar»?

Aludo a las filosofías que consideran que no hay verdadero conocimiento filosófico sin una modificación de nuestro nivel de conciencia; una modificación que equivale a un despertar. A las filosofías que afirman que la purificación de nuestra mirada es la condición de posibilidad del conocimiento filosófico, porque si nuestro mundo interno es irreal, es decir, si estamos dormidos, cegados por nuestros condicionamientos, prejuicios y creencias, no podremos abrirnos a lo real.

¿Qué papel jugaron las escuelas de filosofía antiguas en la construcción de la civilización?

Las filosofías griega y romana establecieron importantes cimientos de lo mejor de nuestra civilización occidental. Pero frente a lo que muchos creen, no solo pusieron las bases del pensamiento racional, lógico, conceptual y argumentativo científico, sino también las del conocimiento contemplativo ( nous ) que nos conecta con nuestra dimensión espiritual. Algunos de los filósofos de la Antigüedad fueron, de hecho, grandes místicos.
Algunas escuelas filosóficas de la Antigüedad contribuyeron, muy en particular, a desarrollar la filosofía como arte de vida. Somos deudores de su sabiduría, que ha impregnado la historia de Occidente.

¿Existirán de nuevo escuelas de filosofía sapiencial en el futuro? ¿Qué pueden aportar?

La trasmisión de la filosofía, entendida como amor a la sabiduría, precisa de un clima de amistad filosófica, el que se da entre personas unidas por vínculos de afinidad, comprometidas con una determinada forma de encarnar la filosofía. Los entornos institucionalizados no son su elemento natural. A la filosofía-sabiduría le es indispensable esa atmósfera de libertad apasionada. Esta era la atmósfera que proporcionaban las primeras escuelas de sabiduría. En ellas, además, la autoridad del maestro no solo radicaba en los conocimientos que «poseía», sino, sobre todo, en que era un maestro de autogobierno, de autoconocimiento, de serenidad.
Decía Cioran que «Las cosas esenciales no deberían institucionalizarse», que «la filosofía debería enseñarse en el ágora, el parque o la casa». Creo que esos espacios y escuelas necesitan revitalizarse bajo nuevas formas, en marcos contemporáneos, para ser lugares de renacimiento y de desarrollo de la filosofía en su vertiente sapiencial.

¿Cómo distinguir los genuinos ideales de los falsos ideales que son fuente de división, exclusión y violencia?

Los ideales reales son ese sentido de la verdad, del bien y de la belleza al que antes aludíamos, el que nos impulsa a poner, a través de nuestras respuestas presentes, más verdad, bien y belleza en nuestra vida y en nuestro entorno.
Los falsos ideales son las ideas rígidas sobre cómo deberían ser las cosas que nos conducen, en nombre del ideal, a violentar la realidad presente, a despreciarla, y a sentirnos separados de quienes no comparten nuestro ideal. Son los ideales que despiertan sentimientos de impaciencia y hostilidad con nosotros mismos y con los demás; los que conducen a agredir de pensamiento, verbal o físicamente. El falso ideal siempre legitima la violencia, aunque esta se ejerza de forma sutil.

Como experta en filosofía sapiencial ¿es más alegre y feliz que hace años? ¿Es esta una medida o comprobación del buen camino filosófico sapiencial?

Hace quince años vivía con fuerza las intuiciones que ahora me alimentan y me inspiran. Me sostenían entonces, me trasmitían paz y contentamiento, y lo siguen haciendo en el presente.
Creo que el signo de la vida filosófica, en efecto, es la serenidad. Un tipo de serenidad que no excluye la alegría y el dolor, el estrés y las dificultades, los momentos mejores y peores, pues procede precisamente de la capacidad de integrar y asumir todas las dimensiones de la existencia.

¿Qué es lo mejor y lo peor de su camino filosófico?

Lo mejor es que no hay separación entre mi vida, mi vocación y mi trabajo. Todo es uno. También que mi actividad de acompañamiento filosófico me permite interactuar con otras personas de un modo muy veraz, muy auténtico.
Lo más retador quizá haya sido encontrar el equilibrio entre la soledad (la reflexión y la escritura demandan grandes dosis de soledad) y la interacción constante con otras personas (mi vocación por las relaciones de ayuda). Son inclinaciones que necesitan atmósferas distintas y que precisan ser adecuadamente conjugadas.

Muchas gracias por su tiempo; ¿cuáles son sus próximos libros y proyectos?

Tengo varios libros en mente: un ensayo sobre espiritualidad, otro sobre filosofía oriental, un manual en el que explico mi método de acompañamiento filosófico... Esos son mis proyectos, además del de seguir haciendo lo que ya hago: crear espacios de intercambio y diálogo con las personas que forman parte de mi «familia» filosófica.

Más información: www.monicacavalle.com

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Domingo, 01 Octubre 2017 00:00

La risa, mejor con filosofía

Dicen los expertos que teorizar sobre el sentido del humor puede indicar que no se tiene sentido del humor. La vida está llena de paradojas, y una de ellas es la risa y el sentido del humor, que constituyen un tema divertido y serio a la vez. A pesar de su aparente superficialidad o trivialidad, nos encontramos ante un asunto que nos atañe directamente como seres humanos.

Es evidente que el sentido del humor nos afecta cotidianamente. A todos nos gusta encontrarnos con personas agradables, con una sonrisa en el rostro; esto lo saben muy bien quienes trabajan como relaciones públicas o en puestos similares. Por otra parte, la mayoría de las personas creen tener un sentido del humor superior a la media. Más aún, uno de los insultos que menos soporta un ser humano es que le digan que no tiene sentido del humor.

El humor y la risa nos diferencian de los animales. El humor es una demostración de grandeza que pareciera decir que, en última instancia, todo es absurdo y que lo mejor es reír, como aquel condenado a muerte que llevan a la horca un lunes y exclama: «¡Bonita forma de comenzar la semana!». El humor es una afirmación de dignidad, una declaración de superioridad del ser humano sobre lo que acontece, porque reírse de algo es, en cierto modo, estar por encima de ello.

Por otra parte, una actitud filosófica posibilita una mirada que pueda superar dogmas, ir más allá de una evidencia, un prejuicio u otras inhibiciones. Filosofía o inteligencia sin humor es esterilidad, artificialidad, robótica pura. Humor sin inteligencia es mal gusto, zafiedad.

Pudiera argumentarse que la risa impide la necesaria seriedad que exige el tratamiento de las cosas importantes de la vida; pero esto no es cierto. Es más probable que sea superficial y trivial alguien que no tenga sentido del humor. Poseer sentido del humor es indicativo de inteligencia. En la medida en que alguien tiene más discernimiento, es más capaz de ver el aspecto insólito de la vida, el aspecto cómico. No podemos llegar a decir que alguien que posea sentido del humor sea un sabio, pero es indudable que no lo es quien no lo posee. Y en cualquier caso, sí podemos afirmar que la risa hace al hombre más humano.

La importancia de la risa y el humor es mayor aún en un mundo como este en el que vivimos, donde parece que cuesta mucho reír. Prueba de ello es que casi no hay estudios sobre la risa y el humor.

La risa

La risa puede definirse simplemente como una demostración de alegría. Pero no es fácil dar una explicación completa de su naturaleza y significado.

No se puede establecer una clasificación completa de las distintas clases de risa: hay risas amables, cordiales, ruidosas, estridentes, nerviosas, mezquinas, sarcásticas, tétricas, dulces, inoportunas, amargas, provocativas, etc. Podría decirse que nadie ríe igual, y que hay tantas formas de reír como maneras de reaccionar tiene cada uno respecto al entorno. Dime cómo ríes y te diré quién eres.

Al hablar de la risa se dice que es la manifestación externa de un sentimiento interno. En general, los rasgos fisonómicos característicos de toda risa puede decirse que están constituidos por líneas oblicuas del rostro que se extienden hacia afuera y hacia arriba, al contrario que en el llanto. Entrando en detalles, se distinguen básicamente cuatro maneras de reír: sonrisa, risa moderada, risa fuerte y risa convulsiva.

En la sonrisa solo se mueven ligeramente algunos músculos de la cara, y hay un brillo en la mirada pero no hay sonido.

En la risa moderada, se intensifican los movimientos de los músculos faciales y hay sonido.

En la risa fuerte entran en funcionamiento el tórax y el diafragma, de forma que los pulmones se comprimen y expulsan el aire con fuerza. Vaciados los pulmones, se produce una aspiración profunda, repitiéndose de nuevo.

En la risa inmoderada o convulsiva, además de todos los movimientos anteriores, intervienen también movimientos del tronco y de las extremidades. Los ojos, incluso, se llenan de lágrimas. La respiración se hace como a sacudidas. Es en estos casos cuando se habla de «troncharse de risa», «desternillarse de risa», «partirse de risa» o incluso de «morirse de risa».

El filósofo renacentista Francisco Suárez (1548-1617) afirmaba que la risa está motivada por una afección interior del alma que produce algún tipo de deleite acompañado de admiración o sorpresa.
Lo inesperado y repentino impresiona más y suscita mayor risa. Los procesos internos que dan lugar a la risa son innumerables y dependen fundamentalmente del estado de conciencia en que se halle una persona. Podemos analizar tres niveles o grados de conciencia diferentes, donde puede gestarse la risa.

la risa mejor con filosofía 3

En el nivel sensorial, se incluyen todas las risas que proceden de impresiones relacionadas con los sentidos, por ejemplo, las cosquillas. Unamuno, en este sentido, se fijaba en el bienestar que proporciona el ejercicio físico. La importancia del ejercicio físico consciente es grande, ya que podemos combatir el mal humor y recuperar las buenas y agradables emociones.

A nivel emocional, determinadas emociones y sentimientos producen risa. Nos referimos a estados de ánimo como la alegría, la euforia, el afecto, etc. Como contraparte, hay estados de ánimo que producen llanto, como por ejemplo la tristeza o la angustia.

En el nivel mental, hay una comprensión intelectual o un entendimiento de algo que es lo que produce la risa. Aquí se diferencian tres aspectos: lo gracioso, lo ridículo y lo cómico.
Lo gracioso es producido por la cualidad estética de los movimientos, de las formas y de las actitudes. Esa gracia o salero, podríamos decir, produce una especie de simpatía que suele expresarse de forma natural en una sonrisa.

(Un grupo de presidiarios llevaban tanto tiempo en la misma cárcel que en lugar de repetir los mismos chistes una y otra vez, los habían numerado y se limitaban a decir el número correspondiente cuando querían contar un chiste determinado. Un día, uno de los presos dijo: ¡nueve!, y todos estallaron en carcajadas. Otro preso replicó: ¡seis!, y toda la galería de celdas retumbó de risas.

Finalmente, un tercer presidiario gritó: ¡cuatro!, pero no ocurrió nada, se hizo un silencio sepulcral. Cuando su compañero de celda, que era recién llegado, le preguntó por qué nadie se había reído, este le respondió: «Para contar chistes hay que tener gracia».)

Lo ridículo es algo más complejo de definir. Aristóteles ( Poética , libro V) dice que lo ridículo supone siempre cierto defecto, deformidad o desproporción que no produce mal. Por ejemplo, ponerse una máscara de feo no causa daño; o un hombre pequeño que se agacha cuando pasa por debajo de una gran puerta, es algo ridículo; también sería causa de risa un hombre que, dando muestras de cobardía, pretendiese ser tenido por valiente. Pero la desproporción o deformidad no debe traer algún mal grave, pues de lo contrario ya no es causa de risa. Por ejemplo, ver caerse a un hombre es causa de risa, pero la risa se detiene o no llega a producirse si notamos que de la caída se produce una lesión grave.

Lo cómico incluye lo ridículo, pero comprende también la ingeniosidad. Dentro de lo cómico se hallan los chistes, los juegos de palabras, las ocurrencias agudas, las anécdotas graciosas, etc.

La risa y el proceso interno que la genera

Esta correspondencia es exacta cuando nos referimos a un hombre sano cuya risa es franca y sincera. Pero esta puede dejar de darse, principalmente por dos causas: por voluntad de alguien que quiere fingir y por causas patológicas. Así tenemos tres tipos de risa: la risa sincera, franca o abierta, la risa fingida o falsa y la risa patológica.

La risa sincera se convierte en un extraordinario medio de expresión de todo tipo de fenómenos internos: amor, benevolencia, celos, admiración, vanidad, cordialidad, etc. Por poco conocimiento que se tenga del corazón humano, se distinguirá perfectamente la risa sincera de la risa maliciosa, la risa forzada de la risa espontánea.

Hasta qué punto es posible simular la risa a voluntad propia lo vemos claramente en el caso de los buenos actores, que pueden dar la sensación de que están rebosando de alegría cuando tal vez su corazón se halla en la tristeza. En general, no es fácil esta simulación, y puede decirse que muchos actores pueden reproducir el fenómeno de la risa porque pueden evocar dentro de sí los sentimientos necesarios para ello. Un tipo de risa fingida sería el llamado «reír del diplomático», o el reír de algunas actitudes sociales más bien hipócritas.

La risa patológica no se produce por voluntad del sujeto, sino por causas patológicas. Aquí se incluyen los casos de determinados maníacos que no dejan de reír, algunos tipos de histerismo o la risa en casos de demencia. También se puede producir la risa mediante determinados productos químicos, como el óxido nitroso, también llamado «gas hilarante» o «gas de la risa», el cual, aspirado por el ser humano, produce explosiones de risa singulares. Asimismo es conocida desde antiguo la propiedad de una hierba de la isla de Cerdeña, llamada sardonia, cuyas hojas, parecidas a las del perejil, contienen un veneno que causa la muerte de una manera tan extraña que la víctima, al expirar, parece echarse a reír. De ahí proviene que se llame risa sardónica a la risa trágica.

Como vemos, la risa también puede llevarnos a algunas reflexiones filosóficas, y es que hasta para reír podemos elegir hacerlo con filosofía.

Publicado en Sociedad
Viernes, 01 Septiembre 2017 00:00

Enseñar es pensar

Saben nuestros lectores que en Esfinge sentimos una especial devoción por la Filosofía y que sufrimos al ver de qué manera se la está arrinconando en los planes de estudio, como algo obsoleto, inútil, fuera de sintonía con las ideas predominantes materialistas, nihilistas, escépticas. Y eso a pesar de que muy cualificados pensadores vienen avisando acerca de la pobreza de espíritu que viene extendiéndose como una plaga en nuestra sociedad, desde que las Humanidades en general y la Filosofía en particular fueron perdiendo importancia. Muchos colaboradores se han hecho eco de esta inquietud y vienen proponiendo soluciones, como por ejemplo poder demostrar que la Filosofía es útil, posible y necesaria para todo tipo de personas.

Por eso hemos recibido con honores el soplo de aire fresco que manifiesta el profesor Negrete, que se asoma a nuestras páginas con sus saludables reflexiones y su ejemplo de docente comprometido en la tarea de enseñar a pensar a sus jóvenes alumnos de bachillerato. Pero no se queda ahí su tarea, pues a través de sus libros, profundos y a la vez sencillos y asequibles y de sus comentarios en sus blogs, «engancha» a muchas personas y las anima a no dejarse abatir por el olvido del ser y el catastrofismo de los agoreros que vienen anunciando la muerte de la Filosofía.

Aprender a pensar, a razonar, a dialogar es la primera fase de un ascenso que definió muy bien Platón en sus diálogos. Luego, llegará la serenidad ante la vida, la integridad moral y la práctica de las virtudes junto con la influencia positiva en la sociedad, y más adelante, una cierta intuición de lo esencial y verdadero, acompañada de una inefable plenitud ante lo sublime.

Publicado en Editorial

Dicen que la vida es aquello que sucede mientras nos empeñamos en planificar otras cosas para nuestro futuro. Ella nos depara tristezas, sinsabores y amarguras, pero también nos regala alegrías, momentos plácidos e instantes de verdadera felicidad. En el transcurso de los años, las esforzadas tareas y tensiones psicológicas, los fluctuantes estados de ánimo y las emociones desgarradoras, los vaivenes, miedos, dudas… darán paso, cuando se destile su enseñanza, a la comprensión profunda de nuestro camino.

La vida provoca todas las preguntas, pero encierra en sí misma las respuestas. Sin duda, los golpes y magulladuras que nos propina el paso del tiempo no son sino «pruebas» que nos predisponen a la comprensión profunda de la vida. De este modo, la adolescencia, con su inseguridad emocional y sus eternas dudas, no es sino el campo de batalla en que se conquista el asentamiento de nuestra personalidad. Más adelante, se pondrá a prueba la fragilidad de nuestras tibias emociones y la solidez de nuestras ideas y convicciones, aparecerán los sentimientos estables y duraderos, las alegrías y satisfacciones profundas, emprenderemos la lucha ilusionada por la consecución de nuestras metas, y llegarán o no –según encaremos las situaciones– los logros y recompensas. Y nuestro edificio se irá construyendo, poco a poco, con tesón y entusiasmo.

Según sea la apuesta realizada será el resultado. Si hemos sabido rehuir aquello que nos emparenta con un mundo de barro, si hemos sabido renunciar a lo mezquino, lo bajo y ruin, a lo superfluo e inútil, a lo seguro e interesado pero mediocre, a lo instintivo y pasional, a los apegos y amores pequeños… y en cambio, hemos apostado por todo aquello que nos eleva hacia las estrellas, llegaremos al lugar que nos está reservado y «en donde deberíamos estar». Pero este es el camino esforzado que requiere valentía, coraje, esfuerzo perseverante, amor y comprensión. Una comprensión profunda de lo que debemos hacer en la vida, basada en un conocimiento que nos permita desenvolvernos en las más variadas situaciones con soltura y seguridad, con fundamento…  a lo cual se le ha llamado en toda época Filosofía , porque la filosofía aporta las herramientas para conocernos a nosotros mismos, para educar el carácter y saber afrontar aquello que nos depara la vida.

De este modo, podremos decir, con visos de realidad, «tengo una filosofía de la vida que me permite salir adelante». Sin embargo, muchos hablan de la necesidad de tener una «filosofía» que avale las actuaciones a realizar (en una empresa, en un partido político, en un equipo deportivo, etcétera), pero en realidad carecen de ella –entendida como fundamento inspirador de todas sus acciones–, o tan solo la aplican de modo circunstancial. Pero filosofía es algo más que esa pobre concepción esporádica a la que recurrimos tan solo cuando la vida amenaza tormenta.

LA FILOSOFIAUN MAPA PARA TRANSITAR POR LA VIDA 1

La filosofía no es un manejo de cuatro ideas o máximas expresadas por algún que otro filósofo en un momento de lucidez, sino la herramienta eficaz que nos permite alcanzar, con garantías de éxito, nuestros fines en la vida. No consiste, tampoco, en tener una fortaleza o cualidad bien desarrollada (por ejemplo, la perseverancia o la amabilidad de un incansable vendedor inmobiliario), pues de nada sirve si está al servicio de una visión interesada y egoísta, encaminada tan solo al lucro o al engaño. Es menester, también, desarrollar nuestras cualidades latentes en servicio de unas ideas más profundas, honestas, rectas, humanas. Es decir:

  • Que estén encaminadas hacia el bien propio, pero que sepan considerar siempre el bien común (con sentido de la fraternidad, del altruismo, de la solidaridad, de la necesidad de la ayuda humanitaria y del voluntariado inegoísta, etcétera).
  • Que sirvan para el progreso y el desarrollo material, pero que tengan en cuenta el desarrollo interior de las personas (dirigidas hacia lo justo, lo verdadero, lo bueno, lo bello, etcétera).
  • Que cuiden del presente, pero tengan visión de futuro, que velen por el momento histórico actual y el desarrollo de nuestro mundo, pero que sepan preservarlo para las generaciones futuras, a fin de que ellas puedan disfrutar de ese legado que es también un derecho que les corresponde.

Cada ser humano tiene un camino en la vida, un sentido que ha de encontrar a lo que le ocurre, y la filosofía es la comprensión profunda de la senda que ha de transitar en la vida.

Podemos adentrarnos en el territorio inexplorado de la vida con una pobre «brújula» y una cantimplora, sin saber muy bien qué nos vamos a encontrar; o bien, podemos utilizar un «mapa» en donde aquellos que ya han explorado esos lugares nos indiquen los peligros que existen, las cautelas a tener en cuenta, las herramientas y fortalezas que debemos atesorar para salir de la intrincada selva indemnes, airosos y triunfantes. En el camino de la vida, la filosofía es el mapa que ha de servirnos de guía en esa búsqueda interior que ha de llevarnos a nuestra realización humana.

En verdad, la filosofía, entendida según su concepción clásica y no como un ejercicio meramente intelectual, es «amor al conocimiento», es búsqueda profunda de quienes se hallan enamorados de la vida y pretenden entender todos sus misterios, de quienes valoran el conocimiento por encima de cualquier otro bien, y en consecuencia, se entregan a él. Ella nos ayuda a tener criterios estables, firmes y bien fundamentados, emociones controladas y sentimientos nobles… centra nuestra mente cuando se dispersa y se diluye, traza el rumbo a seguir ante los vaivenes de la vida y nos lleva hacia la cota más alta posible de realización.

La filosofía es maestra de vida que nos enseña a conocernos, que aporta las claves para la comprensión real y formada del propio yo, de los seres humanos y de todos aquellos que pueblan la Naturaleza. Ella es… el mapa indispensable para transitar por la vida.

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