Junio 2019

Cien años de la Institución Libre de Enseñanza

Escrito por  Sony Grau
Institución Libre de Enseñanza Institución Libre de Enseñanza

Se han cumplido en 2018 cien años de actividad en España –interrumpidos a los sesenta años por la guerra civil y resucitados por la transición del 78– de la Institución Libre de Enseñanza, una obra educativa que marcó un hito en la docencia española. ¿Qué fue lo que inspiró este proyecto docente?

Desde la segunda mitad del siglo XIX, se movió por Europa una corriente de regeneración docente, frente al racionalismo materialista que se había enquistado en la sociedad cultural de aquellos tiempos. No en balde surgieron nombres de poderosa trayectoria, como Madame Blavatsky y sus seguidores, que aportaron una nueva óptica por medio de la Sociedad Teosófica –nueva y antigua– a las necesidades filosóficas y espirituales de una sociedad adormecida por el materialismo y los prejuicios sociales y religiosos excluyentes. Y como para renovar había que educar a las nuevas generaciones, surgió un compromiso docente para volver a enseñar lo que se había olvidado. Fueron los librepensadores, tan denostados a veces, los que, en su afán de mejorar al ser humano, no escatimaron esfuerzos, luchas pacíficas y reivindicaciones sociales. En el caso español, después de las pérdidas coloniales, se acuñó una frase lapidaria: «Salvar España por medio de las escuelas». O como también dijo María Montessori en Italia: «Salvar a la humanidad a través de los niños».

Érase una vez … Así comenzaban los entrañables cuentos de pasadas generaciones, y así me tomo la licencia de comenzar esta pequeña crónica, que no es cuento, sobre un sueño, soñado por un soñador: Francisco Giner de los Ríos (Málaga, 1839-1915). Fue alumno y amigo del filósofo y jurista soriano Julián Sanz del Río (1814-1869), divulgador krausista de la regeneración intelectual desde la Universidad Central de Madrid. Fue divulgador de la filosofía renovadora del alemán Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832), una vertiente de Hegel, defensor de un idealismo ético, que propuso tolerancia y libertad frente al dogmatismo, así como una concepción doctrinal de unidad de teísmo y panteísmo: «Dios, sin ser el mundo ni fuera de él, lo contiene y lo trasciende».

En su ética pretendían la tolerancia y la libertad académica ante el dogmatismo lineal y excluyente, fomentar una curiosidad por el saber y los medios adecuados y la autonomía del maestro para ejercer su enseñanza amplia y ecléctica.

Conoció su filosofía en Alemania, cuando fue becado por el Gobierno español para cursar estudios. En España había, desde la Restauración, una pugna entre progresistas y conservadores, seguidores de Espartero y Narváez respectivamente. Estos pretenden mirar atrás, hacia las glorias del Siglo de Oro; aquellos no quieren enredarse en discusiones ideológicas y sí mirar al entorno social del país, acuñando una frase de Joaquín Costa: «Escuela, despensa y doble llave al sepulcro del Cid».

Estaba claro que el glorioso pasado podía esperar. Ya lo aprenderían en las escuelas. Primero había que alimentar los estómagos y la mente pragmática, enseñar a los niños lo prioritario: leer y escribir. Y eso era una labor gigantesca, teniendo en cuenta que el analfabetismo en España superaba el 40%, y más en zonas rurales. Es verdad que los medios eran pocos, tanto en material escolar como en maestros, mal pagados por los ayuntamientos, con vivienda y poco más y subsistiendo casi de donativos en especie de los padres, humildes y carentes de bienestar. De esa época se acuñó una frase popular: «Pasa más hambre que un maestro de escuela».

No es de extrañar que los krausistas, o regeneradores, como también se les llamaba, tuvieran esa arrebatada pasión por mejorar la sociedad a la cual querían con vehemencia. Ya se había intentado una solución con la creación del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes en el año 1900. Pero, ante la gran demanda social, se tuvo que reestructurar, y siete años más tarde se fundó la Junta Central de Primera Enseñanza. Ahí estaba la raíz para que floreciese el árbol del conocimiento, en la primera enseñanza. Por ese sendero se podía abrir el abanico de la instrucción escolar. Luego, ya llegaría la alfabetización de los adultos, pero lo importante era salvar el futuro.

No hay duda de que estas enseñanzas debían de chocar con la hegemonía docente y doctrinal de la Iglesia católica de entonces, hoy renovada después del Vaticano II. Pero eso es otra historia… aunque, en verdad, hay que reconocer que en ciertos ambientes marginales sí estaba presente algún miembro religioso preocupado por los niños y jóvenes. Como dice el catedrático e historiador Javier Paredes: «Y en cuanto a las renovaciones pedagógicas, las hubo y muy importantes en el siglo XIX, pero, además de la Institución Libre de Enseñanza, también fueron otros los que las aplicaron, como por ejemplo, las que llevó a cabo en esa misma época el padre Manjón (1846-1923) en sus Escuelas del Ave María de Granada. También aquí se ponía a los alumnos en contacto con la naturaleza y hacían excursiones, aunque sin llevarles a pie hasta Lisboa, pero sobre todo, se les educaba integralmente proporcionándoseles una educación intelectual y una formación moral. A diferencia de la Institución Libre de Enseñanza, que atendía a los hijos de la burguesía madrileña, las iniciativas del padre Manjón estaban dedicadas a los sectores marginales de la población, y concretamente a la comunidad gitana».

Pero no estamos en ello ahora. Solamente lo cito como un paradigma, para evitar obcecamientos ideológicos.

Europeizar era la consigna, aunque poco se sabía de Europa, salvo la cercana Francia y la «pérfida Albión». Los demás países estaban lejos, menos Italia, que también se hallaba inmersa en su regeneración. De todos modos, según P. Moa y otros analistas, la pérdida de colonias no fue tan negativa porque recuperó material humano y capitales. De algún modo, fue un revulsivo para la regeneración. Ortega y Gasset clamaba: «El problema es España y la solución, Europa». Así que pusieron manos a la obra y comenzaron, entre los estamentos oficiales y la Institución Libre de Enseñanza, a competir en la mejora social para lograr bajar el analfabetismo y formar culturalmente al pueblo.

Lo importante de la Institución Libre de Enseñanza fue su gran aporte y apertura hacia una nueva docencia, moderna, aconfesional, europeizante y abierta a las corrientes progresistas del mundo occidental. Hubo varios movimientos reformistas y eclécticos de la docencia que hicieron emerger procedimientos novedosos por toda Europa (entre ellos, los de la doctora Montessori), que pretendían abrir una brecha hacia el libre pensamiento y fortalecimiento psicológico e intelectual del alumno; un nuevo Renacimiento que aportase luz inteligente a las sombras de ideas caducas y prejuicios sociales, injusticias incluidas, que solo se podían atajar con la educación escolar universal y adecuada a los tiempos modernos de progreso e industrialización.

Los proyectos que se pusieron en marcha, aparte de la educación de élites liberales, que se alojaban en la famosa Residencia de Estudiantes, fueron un compendio de actividades culturales llevadas a los pequeños pueblos de todo el territorio español. Este proyecto fue auspiciado por el presidente de la Segunda República, Niceto Alcalá Zamora.

Misiones Pedagógicas

Se creó un Patronato de Misiones Pedagógicas en 1931, siendo presidente Alcalá Zamora, con la intención de difundir la cultura general y la educación en las aldeas, con especial atención a la población rural.

El programa preparado para este fin, teniendo en cuenta que la cultura rural española estaba muy retrasada con respecto a la europea, incluía el fomento de la lectura mediante bibliotecas populares y el acercamiento de sesiones de cines y actuaciones musicales de coros y orquestas en recorridos itinerantes por toda España. También se desplazaron exposiciones con museos itinerantes que mostraban copias de las obras maestras de la pintura, y formación específica para los docentes rurales para que pudieran ejercer mejor su labor facilitándoles los materiales de los que se disponía.

El teatro adquirió mucha importancia como herramienta educativa en estas misiones. Alejandro Casona dirigió el llamado «teatro del pueblo», integrado por estudiantes universitarios, que representaban obras al aire libre con vestuario que les facilitaba el ayuntamiento al que iban; García Lorca, por su parte, encabezaba el proyecto de teatro universitario «La Barraca».

La guerra civil en el año 1936 y la clausura de la Institución en 1939, abrieron un largo paréntesis en sus actividades, que se reanudaron en 1978, aunque algunos de sus miembros siguieron desarrollando su ideario en el exilio americano.

Actualmente desarrolla actividades en su antigua sede, recuperada y restaurada, como escuela de vacaciones, escuela de música medieval, laboratorio de la nueva educación, etc.

Residencia de Estudiantes

Fundada en 1910, convivieron durante los primeros años, en calidad de residentes, personajes como Dalí, Buñuel y García Lorca, que trabaron una buena amistad. También residieron un tiempo Jorge Guillén, Severo Ochoa, Ortega y Gasset, Eugenio d´Ors, Unamuno, Falla, Pedro Salinas, Antonio Machado, Valle-Inclán, Ramón y Cajal y otros muchos.

A los actos culturales solían asistir Juan Ramón Jiménez o Rafael Alberti. Como invitados especiales, por su salón de actos desfilaron personalidades nacionales y europeas: Bergson, Einstein, Chesterton, Paul Valery, Marie Curie, Le Corbusier, Stravinski… Había conciertos semanalmente a los que solía acudir Gerardo Diego como crítico musical.

Pero no solo eran actos culturales. En su departamento de ciencia había laboratorios de ciencia experimental a cargo de Severo Ochoa y Juan Negrín, así como de médicos reconocidos y filólogos.

En resumen, un lugar docente del más alto nivel que causaba la admiración de los visitantes y contaba con biblioteca, instalaciones residenciales de gran limpieza y comodidad, buenos menús y disciplina, no impuesta sino con indicaciones oportunas dentro de la libertad del residente.

Después de su clausura al final de la guerra civil española y tras años de silencio, en 1986 se reabrió esta residencia de estudiantes, que es ahora una fundación privada del Consejo Superior de Investigaciones Científicas como Patronato del que forman parte, entre otros, el Ministerio de Asuntos Exteriores, el Consejo Superior de Deportes o el Ayuntamiento de Madrid. Ahora se dedica a la recuperación de la memoria histórica de la edad de plata de la cultura española, entre 1868 y 1936, con actos y exposiciones, y con la labor de rescatar documentos de su Centro de Documentación.

 

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