Lunes, 01 Octubre 2018 08:39

I EXPOSICIÓN Y CICLO PIERRE DE COUBERTIN

Con motivo del I , la Escuela del Deporte con Corazón, en colaboración con la Real Academia Olímpica Española, está organizando e impartiendo por toda España conferencias sobre este pedagogo, filósofo y amante de la historia junto con una exposición que consta de varios paneles con información tanto gráfica como descriptiva sobre la vida y obra del barón Pierre de Coubertin.

Además, en este ciclo se proyecta un audiovisual cedido por la RAOE titulado «Pierre de Coubertin, ayer y hoy», en donde podemos escuchar la voz del presidente y fundador de la Academia Olímpica Española, D. Conrado Durántez.

Si queremos destacar algo de este maravilloso ser humano es que Pierre de Coubertin estaba convencido de que la restauración de los Juegos Olímpicos, tras siglos de olvido, ayudaría a desarrollar mejores individuos, lo que llevaría a un mundo mejor y, por tanto, a la paz; quería demostrar que la humanidad podía ser pacíficamente competitiva. Por eso, durante los Juegos de Londres dijo esta frase tan conocida y con un importante significado: «Lo importante de los Juegos Olímpicos no es ganar sino participar, de la misma forma que lo más importante en la vida no es el triunfo, sino el esfuerzo. Lo esencial no es haber conquistado, sino haber luchado bien».

Pierre de Coubertin estaba convencido de que la restauración de los Juegos Olímpicos, llevaría a un mundo mejor y, por tanto, a la paz; quería demostrar que la humanidad podía ser pacíficamente competitiva

Dentro de su ideario, Pierre de Coubertin entendía el espíritu de lucha como una constancia vital: «La vida es bella porque la lucha es bella: no la lucha sangrienta, fruto de la tiranía y de las malas pasiones, las que fomentan la ignorancia y la rutina, sino la santa lucha de las almas, en busca de la verdad, la luz y la justicia» (1902).

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En sus Memorias olímpicas, Coubertin expresa con claridad su postura: «El deporte no es ningún objeto de lujo ni una actividad para ociosos, ni es siquiera una compensación muscular al trabajo cerebral. Es, por el contrario, para toda persona, una fuente eventual de perfeccionamiento interior, no condicionada por la condición laboral, patrimonio de todos por igual y cuya esencia no puede sustituirse con nada».

La Escuela del Deporte con Corazón es consciente de lo que se transmite a través de la práctica del deporte y promueve la vivencia de la actividad deportiva con «espíritu olímpico». Invitamos a todos aquellos que viven de esta manera el deporte a participar de las próximas conferencias que se realizarán en Barcelona, Almería y Jaén.

 

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Lunes, 01 Octubre 2018 00:00

El espíritu olímpico, fuente de valores

Si buscamos en la historia algunos elementos que hayan sobrevivido a lo largo de miles de años, aunque sea de manera intermitente, y que hayan servido a personas que vivieron hace más de dos mil años y que todavía sirven hoy en día para nuestra sociedad, uno de estos elementos es, sin duda, los Juegos Olímpicos.

No vamos a hablar sobre la historia de los Juegos, sino sobre aquello que subsiste de forma inmanente en la celebración de los mismos y que es el espíritu olímpico, que sigue inspirando hoy en día a cada uno de los participantes de este evento.

La Escuela del Deporte con Corazón nació con el propósito de seguir alentando este espíritu. Para ello, ofrece el deporte para todos (viejo sueño de Coubertin), y para todas las edades. La educación deportiva es útil para todos: los que poseen vocación y los que se sienten atraídos por el deporte, para que todos tengan la oportunidad de vivir la experiencia del deporte como algo lúdico, agradable, provechoso, y que no produzca rechazo en personas que tienen el concepto erróneo de que el deporte es solo sacrificio y sufrimiento del cuerpo físico. El deporte produce bienestar físico y psicológico, así como salud si se practica con inteligencia.

La gimnasia no solamente posee la capacidad de formar físicamente al individuo, sino también psicológica y moralmente si utilizamos el deporte como medio para desarrollar y transmitir valores, formando seres humanos conscientes, útiles y felices. Algunos valores como la solidaridad, la cooperación, la comunicación, la participación, la tolerancia, el respeto a los demás, el trabajo en equipo, la convivencia, la perseverancia, la creatividad o la iniciativa, pueden desarrollarse con la práctica del deporte.

La Escuela del Deporte con Corazón colabora hoy en día como Centro de Estudios Olímpicos, formando parte de esa gran familia olímpica cuyo padre/madre es la Real Academia Olímpica Española, difusora y defensora del olimpismo, que es la filosofía olímpica.

El olimpismo se presenta como una filosofía de la vida, y los postulados están, entonces, dirigidos a exaltar y combinar en su conjunto armónico las cualidades del cuerpo, la voluntad y el espíritu. Al asociar el deporte con la cultura y la educación, el olimpismo se propone crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios éticos fundamentales universales. Es por ello por lo que el objetivo del olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armó nico del ser humano con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana.

Como homenaje a este caballero del deporte que fue Pierre de Coubertin, hemos dedicado este año 2018 a rescatar y reivindicar la vida de este hombre, a decir de D. Conrado Durántez «el más famoso desconocido de la historia». Para ello hemos realizado muchas actividades en torno a su vida y su obra: una exposición itinerante y un audiovisual cedidos por la Real Academia Olímpica Española, más de 15 conferencias, charlas y tertulias en doce ciudades de toda España y, por último, esta revista, que trata de resumir toda la labor que realizó este gigante de la pedagogía y de acercarnos un poco más a la persona.

Coubertin, pedagogo antes que deportista

Conocido como «renovador de los JJ. OO.», Pierre de Coubertin, que se considera pedagogo por encima de todas las cosas, explora todos los dominios de la actividad humana y merece el noble título de humanista. Su obra resulta de una actualidad admirable. Con esta revista pretendemos, desde la humildad, aportar nuestro granito de arena en el rescate de la titánica obra y figura de este gigante de aspecto afable y sonrisa cómplice.

Coubertin quiere imprimir en el deporte una misión educativa; este aspecto se menciona en varios de los principios fundamentales de la Carta Olímpica:

Principio Fundamental 2 : El olimpismo es una filosofía de vida que exalta y combina en un todo equilibrado las cualidades del cuerpo, la voluntad y la mente. Con esta fusión del deporte con la cultura y la educación, el olimpismo aspira a crear un modo de vida basado en el disfrute hallado en el esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios é ticos fundamentales universales.

Principio Fundamental 3 : El objetivo del olimpismo es poner el deporte al servicio del desarrollo armó nico del ser humano en todos los ámbitos, a fin de fomentar el desarrollo de una sociedad pacífica preocupada por la preservación de la dignidad humana.

El espíritu de la Escuela del Deporte es entender que lo que importa es ser mejores, más rápidos a la hora de cumplir con las responsabilidades, más altos para elevar nuestros sentimientos y pensamientos y más fuertes para vencer las debilidades: citius, altius, fortius.

Como diría Aristóteles, «En los Juegos Olímpicos no se corona a los más hermosos y a los más fuertes, sino a los que saben competir…». De esta manera recuperamos el sentido original de la competición: com petire (ir juntos hacia algo). Por lo tanto, se hace imprescindible el desarrollo del espíritu olímpico.

En nuestro logo aparece el fuego olímpico como símbolo universal de unión. Quien siente esta vocación cree, además, en las ideas de hermandad entre los pueblos, de no discriminación, de usar el deporte como correa transmisora de valores y de la búsqueda incansable de la paz.

Así pues, emprendamos el comienzo de una hermosa aventura, hija de ideas luminosas, y al decir de Coubertin:

«A vosotras, mis ideas, dedico mis memorias en señal de agradecimiento por los momentos felices que me habéis dado. No estoy seguro de si sois todas mías, ni de si antes de que llegarais a mi mente habíais vivido en la mente de otras personas. No obstante, tengo la impresión de que me pertenecéis, lo que viene a ser lo mismo que si realmente lo hicierais. Nunca nos peleamos. Tiendo a aceptaros y a obedeceros, y tengo fe en vuestra consistencia. Algunas de vosotras ya habéis tomado forma y os habéis hecho realidad. Esto le da confianza a otras ideas en las que no he tenido tiempo de trabajar… Esperarán con paciencia y no me abandonarán.

¡Oh, no me abandonéis! Sois mi felicidad. Pensar, imaginar, soñar, concebir: que placer!».

 

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Lunes, 01 Octubre 2018 00:00

Deporte con valores

Cabe pensar que prácticamente todas las actividades humanas tienen relación con lo que hemos dado en llamar «valores», entendidos como principios rectores de las conductas con vistas a desarrollar las mejores cualidades de los individuos y las sociedades. Sin embargo, son los grandes olvidados, pues el utilitarismo materialista que todo lo contamina suele dar prioridad a los «contravalores», es decir, lo que coloca a los individuos y las sociedades en dirección opuesta: solo se piensa en el lucro, en los premios, en las rivalidades.

Quizá el deporte es uno de los ámbitos más castigados por ese fenómeno de inversión de valores, especialmente en cuanto se ha convertido en espectáculo, aceptando no solo las reglas y normas que marcan sus reglamentos, que fueron ideados en otros contextos, sino las de los mercados, insensibles para con las cuestiones éticas. Sus héroes ya no lo son por sus hazañas ejemplares, sino por el dinero que mueven. Y si los valores salen a relucir, es de manera secundaria, como para generar buena imagen que solape los verdaderos objetivos.

Por eso, hemos decidido respaldar la iniciativa de la Escuela del Deporte con Corazón de promover una práctica del deporte basada en la mejora de las personas y las sociedades, como si de una escuela de vida se tratase. Su figura inspiradora es el barón de Coubertin, que ideó las Olimpiadas de la época moderna, rescatando el viejo espíritu del mundo clásico, y lo hemos acogido en nuestras páginas. El deporte como vía para la convivencia entre seres humanos más allá de todas esas diferencias que nos separan y enfrenta es el ideal que persiguen estos deportistas con corazón. Un buen ejemplo digno de ser imitado.

Publicado en Editorial
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