Domingo, 01 Noviembre 2020 00:00

Fronteras en el siglo XXI

En el imaginario del ser humano, las montañas, los valles, los mares y los océanos siempre constituyeron un límite o frontera. Para la sociedad del siglo XXI no existen fronteras geográficas que dificulten profundamente nuestra capacidad para viajar por el mundo. El barco, y sobre todo el avión, nos permite circunnavegar la Tierra en poco tiempo. Hoy en día solo el espacio exterior constituye un límite físico, como el que los antiguos exploradores encontraron en sus viajes.

Fronteras naturales

Las fronteras de la geografía no son impermeables, no han constituido nunca un límite infranqueable definitivo que determine el aislamiento total de un grupo humano. Exploradores y aventureros han horadado desde siempre los obstáculos de la geografía, abriendo al ser humano nuevos espacios para conquistar o donde intercambiar experiencias de vida distintas.

Para los que nos precedieron, viajar o explorar el mundo era una aventura que solo estaba al alcance de los más osados. Las fronteras físicas eran tan poderosas que, a veces, llevaron al hombre a olvidar que al otro lado de aquel espacio infranqueable existían otros seres humanos. Por otra parte, esos obstáculos han sido utilizados por los pueblos para mantener su integridad cultural y política a salvo de injerencias. Las montañas, como recuerda Robert Kaplan en su obra La venganza de la geografía (1), han sido el refugio de las culturas indígenas ante las feroces ideologías modernizadoras que han afectado a las llanuras.

La frontera es un concepto muy amplio cuyo significado ha ido cambiando con el paso del tiempo. Así, encontramos fronteras geopolíticas, económicas, raciales, religiosas, lingüísticas, etc. Podríamos decir que hay fronteras naturales que marcan las características de cada lugar en el mundo, de sus gentes, de su forma de ser, de su forma de vivir. Estas fronteras no separan a los seres humanos, sino todo lo contrario, son el punto de unión entre unos pueblos y otros.

alto

Fronteras políticas

El concepto de Estado y frontera política, tal y como lo entendemos hoy día, nace en la Europa posterior a la Paz de Westfalia (2). Esta dio lugar a la primera reunión diplomática moderna e inició un nuevo orden político basado en el concepto de soberanía nacional e integridad territorial, frente a la concepción feudal en la que los territorios y pueblos eran patrimonio hereditario. A partir de esta nueva territorialidad, la mayoría de los conflictos bélicos se han producido por razones de soberanía jurisdiccional.

En el mundo globalizado del siglo XXI se ha puesto en tela de juicio esa concepción, dando origen a tensiones sociales y políticas que han redefinido los centros de poder y han establecido un nuevo mapa en el que los Estados son altamente interdependientes entre sí, teniendo que afrontar problemas comunes como la superpoblación, la crisis económica, las migraciones, la piratería marítima, el terrorismo global o la reciente pandemia de COVID-19, y aunque algunos de estos problemas no son nuevos, una de sus consecuencias es la redefinición del concepto de frontera política.

COVID-19 y piratería

La actual pandemia del coronavirus COVID-19 y la piratería marítima han provocado dos reacciones políticas distintas de los Estados en relación con sus fronteras. En el caso de la piratería marítima en el Cuerno de África y el Índico, los países se asociaron con el fin de proteger la libre circulación y el transporte marítimo, actuación básica para el funcionamiento de nuestra sociedad del bienestar. La ONU, a través de sus programas de ayuda a los países del Cuerno de África, y la Unión Europea, a través de la Operación Atalanta (3), han tenido una participación activa que ha logrado un consenso político para abordar el problema.

En caso de la pandemia de COVID-19, en general, la reacción política de los países ha sido muy diferente. Se ha producido un cierre temporal de fronteras, incluso en zonas como el espacio Schengen (4), donde los controles fronterizos estaban anulados desde 1985, ya que los países suscriptores, en vez de afrontar en conjunto la lucha contra el epidemia, han hecho valer su jurisdicción y de facto han vuelto a las fronteras políticas anteriores al acuerdo, para luchar contra el virus de forma individual y no colectiva.

La insolidaridad, a pesar de los esfuerzos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha prevalecido entre países que hasta hace poco alardeaban de que la unión política y económica era el mayor logro de una Europa acostumbrada al conflicto. El bloqueo de material sanitario en tránsito entre países (5) se ha convertido en un episodio más de esta pandemia que asola casi todo el mundo. EE.UU., doblando el precio de los cargamentos para quedárselos, los franceses, alemanes y canadienses diciendo que compradores americanos les «arrebataron» un cargamento de mascarillas, o Turquía requisando un lote de respiradores que España adquirió en China y que se estaban montando allí, son muestras de ello.

checkpoint charlie Berlín

La frontera como puente

Como enseñó el profesor J. Á. Livraga a sus discípulos, las fronteras no son barreras, son puentes. Cuando las fronteras dividen a los seres humanos y los enfrentan, son un claro ejemplo de la gran separatividad y distanciamiento que hemos creado entre nosotros. Los seres humanos comenzamos a levantar muros cuando perdimos la capacidad de convivir, cuando perdimos el respeto y la confianza, que dieron paso al miedo y a la intolerancia. Si apostamos por la convivencia, tenemos que cambiar el concepto de frontera. Es una cuestión que llevará tiempo, pero necesitamos hacerlo.

José Morales

Historiador e investigador

www.josemoralessauces.com

Bibliografía

(1) Kaplan, R. (2018). La venganza de la geografía. Barcelona, RBA.

(2) Paz de Westfalia (2020). Revisado el 21 de agosto de 2020, en https://es.wikipedia.org/wiki/Paz_de_Westfalia

(3) Operación Atalanta (2020). Revisado el 21 de agosto de 2020, en https://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Atalanta

(4) Espacio Schengen (2020). Revisado el 21 de agosto de 2020, en https://es.wikipedia.org/wiki/Espacio_Schengen

(5) Guerra mundial por el tráfico de material médico en plena pandemia (2020). Revisado el 21 de agosto de 2020, en https://www.abc.es/internacional/abci-guerra-mundial-trafico-material-medico-plena-pandemia-202004112137_noticia.html

Publicado en Sociedad
Martes, 01 Agosto 2017 00:00

Siglo XXI, del caos a la utopía

Este siglo XXI, emblema del caos y la corrupción, revela con precisa claridad su carácter medieval. Pensadores como Umberto Eco y Jorge Á. Livraga alertaron ya en los años sesenta de la llegada de una nueva edad media. Y los acontecimientos que se han ido desarrollando desde entonces no dejan de darles la razón. Tendencia al feudalismo, economías de subsistencia, aparición de mercados basados en el trueque, bardos que cantan las injusticias con una sencilla guitarra o la atomización de las creencias religiosas son características propiamente medievales que han aparecido aquí y allá.
 
¿Qué es una edad media?
Una edad media es una época que, como su propio nombre indica, se enclava entre dos épocas de esplendor o desarrollo. La historia de la humanidad ha conocido muchas edades medias. La civilización china pasó por varias, como la llamada Era de los Estados Combatientes. El Antiguo Egipto también pasó por épocas medievales o «intermedias», así como la Grecia antigua tras el esplendor de las culturas cicládicas y minoicas. De modo que, como le ocurre al individuo, la humanidad pasa por fases o ciclos de desarrollo y decadencia, de expresión y de consunción, de vitalidad y de senectud.

El medioevo se caracteriza por una pérdida de valores fundamentales. De ahí proviene el caos, es decir, la percepción psicológica del caos, de no poder distinguir qué es cada cosa, para qué sirve cada institución, cada subestructura de la sociedad. Si preguntáramos a cualquier ciudadano para qué sirve la política, la religión, la familia, el Ejército, la educación, etc., se vería en serios aprietos para responder, porque todos estos sistemas han perdido sus valores fundamentales. Y como no se sabe cuál es su naturaleza fundamental, cada cual los usa según sus propias necesidades, desnaturalizándolos. La política se usa para alcanzar el poder y no para organizar adecuadamente la sociedad; la religión, para adoctrinar en lugar de llevar el alma hacia la divinidad; la familia, para procrear y no para fomentar la fraternidad; el Ejército, para hacer campañas de imagen y no para terminar las guerras; la educación, para fabricar mano de obra y no para enseñar a ser libres e íntegros.

leprosos en la Edad media

Vivimos una época de caos
Vivimos en una época de caos, de falta de valores fundamentales, de pérdida de teleología. No es la peor ni la mejor de las épocas históricas. Es nuestro tiempo, y si aprendemos a hallar esos principios fundamentales, será una buena época. Toda crisis es un periodo donde aparecen problemas y los problemas ayudan a encontrar soluciones, pues todo problema contiene en sí mismo una solución. La búsqueda de soluciones favorece el desarrollo de la inteligencia.

Y la solución al caos actual llega de la mano de la utopía. El término «utopía» es acuñado en el Renacimiento por Tomás Moro para designar la ciudad ideal. De modo que una utopía es un ideal político. Moro, Campanella y Bacon se inspiraron para escribir sus utopías políticas en Platón y, más en concreto, en el diálogo La República , que en el original griego se titulaba «La ciudad». Este libro es el mejor tratado de ciencia política de la historia de la humanidad y describe cómo construir una ciudad plena, con unos políticos honrados, con un sistema educativo integral y no dogmático, con una sanidad que prima la prevención y la concienciación de la población, con unos principios éticos basados en la Justicia, etc.

Tomu00E1s Moro

Las utopías son realizables
Cuando se dice que las utopías son irrealizables, se cae en un error. Es falso que una utopía sea imposible de plasmar en la realidad cotidiana. Los antibióticos fueron una utopía antes que una realidad; los vuelos espaciales fueron una utopía; la conquista de los Polos; la democracia; incluso tú, lector, es posible que mucho antes de nacer, para tus padres fueras una utopía. Obviamente, las utopías o los ideales no son fáciles de alcanzar, como no fueron fáciles de plasmar la Capilla Sixtina, el Partenón de Atenas ni la política social de Confucio. Pero con ideas claras, sentido histórico y ético y constancia todo se logra.

Marchemos hacia la utopía de un mundo nuevo y mejor. Pongamos en nuestras alforjas una nueva ciencia liberada de dogmatismos, un nuevo arte liberado de intelectualismos, una nueva política liberada de loca ambición y una nueva mística liberada de fundamentalismos. Y no olvidemos lo más importante, necesitamos un hombre y una mujer que rescaten los valores fundamentales de la vida, del individuo y de la sociedad humana.

Bibliografía
La nueva edad media . Umberto Eco.
La próxima edad media . Roberto Vacca.
Magia, religión y ciencia para el III milenio, tomo III. Jorge Ángel Livraga.
Utopía . Tomás Moro.
La ciudad del sol . Tomasso Campanella.
La nueva Atlántida . Francis Bacon.

Publicado en Filosofía
Utilizamos cookies para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestra página web. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies.