Noviembre 2007

VIVIR LA FILOSOFIA

Escrito por 

vivir_la_filosofia.jpgDice el refrán popular que "de noche todos los gatos son pardos". Y a las múltiples interpretaciones que se le adjudican a este refrán, sumamos otra, no original, pero sí práctica.



Para quienes deseamos vivir la Filosofía, para quienes deseamos el dominio de la verdad sobre el error, la integridad moral sobre el vicio, la armonización del hombre en el universo sobre la desintegración del hombre en la angustia del vacío, para los filósofos en fin, estamos ahora mismo en una época sombría. Es de noche. Y "de noche, todos los gatos son pardos". En la oscuridad de nuestros tiempos, lo bueno y lo malo se mezclan absurdamente, no porque tengan algo en común, sino porque la oscuridad del mal llega a cubrir cualquier intento de iluminación.Así, se acepta como un mal irremediable el que todos los hombres tienden al mal, que la mentira es una forma de subsistencia, que el aprovecharse de los demás es la única forma de que no se aprovechen de uno; la sinrazón es preferible a la lógica, el descreimiento a la fe sincera; la ironía malévola se antepone a la sinceridad; la falsedad se valora antes que la autenticidad. En medio de este caos, ¿cómo convencer a nadie de que, a pesar de todo, hay quienes prefieren ser diferentes? ¿Cómo abatir las tinieblas para mostrar un poco de la tan deseada claridad? Y no es que en el caso particular de que los filósofosvivir_la_filosofia1.jpg, queramos ser los poseedores de la Luz ni los máximos esclarecedores de conciencia; sentimos la necesidad de esclarecer -para comenzar- nuestras propias conciencias y obrar con la mayor rectitud posible. Naturalmente esta clarificación interior trae como consecuencia la subsiguiente necesidad de mostrar a los demás aquello que a nosotros nos ha resultado bueno. Consideramos que esta transmisión es simplemente un acto de Amor. No transigimos con el hecho de que una moda sea capaz de imponer a todos los humanos el mismo color de conciencia. No transigimos con los daltónicos actuales que ven todo en la gama del gris, a falta de otra posibilidad de concebir colores reales. Hace falta un poco de Fe, un poco de decisión para correr riesgos si es posible, pero para salir a buscar finalmente la Verdad. Y que conste que no somos nosotros, los filósofos, quienes estropeamos el mundo para luego venir a ofrecer la panacea universal. Ya que tanto se alardea hoy de modernismo, no caigamos en los errores de la época de Pitágoras, en que sus adversarios, en lugar de reconocer sus predicciones de terremotos, le acusaban de provocarlos para luego demostrar su sabiduría. ¿No será que así se da demasiado valor a lo mismo que se quiere combatir? Pues quienes son capaces de provocar terremotos, o de modificar el curso de la Historia, bien pueden evitar los terremotos y mejorar la Historia. Y ésta no es obra de gatos pardos ni de ojos cegados a la luz.

Delia Steinberg Guzmán

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