Marzo 2009

Que impulsa a la mujer a ayudar a los demás

Escrito por 
Que impulsa a la mujer a ayudar a los demás

Lourdes Martos Moreno

“Uno hace lo que uno es, uno se convierte en lo que uno hace”
Robert Musil, (“Kleine Prosa”, 1930)

Prólogo:

Preguntarnos por el por qué de las cosas es algo natural. Y en este caso, indagar en las motivaciones últimas y profundas del ser humano tal vez puede parecer una osadía, pero es, ante todo, un intento de llegar a conocer mejor al ser humano, y así conocernos mejor a nosotros mismos. En este sentido, la mujer, como veremos, tiene mucho que decir y que aportar.

   1. El aspecto biológico- genético: lo innato en el ser humano

  1.1 El gen del altruismo. Zona cerebral responsable del altruismo

Se entiende por “altruismo”, todo comportamiento de ayuda que no implica recompensa alguna para quien la realiza. Vamos a ver algunos descubrimientos recientes en torno a la vinculación existente entre las conductas altruistas y los genes. Hay dos descubrimientos que han sido claves en este sentido:

      a) Gen del altruismo: En el 2005, la revista “Molecular Psychiatry” publicó que el psicólogo
          de la universidad hebrea de Jerusalén Ariel Knafo y colaboradores, habían descubierto un
          nuevo gen: el gen AVPR1, que puede predecir la actitud altruista en las personas. En el
          experimento se seleccionaron 203 voluntarios que dieron muestras de ADN, y participaron
          en un “Juego económico” en el que debían tomar decisiones ( a cada uno se le daban doce
          dólares, para que los regalasen en parte o en su totalidad a otro participante anónimo).
          Los resultados de generosidad de esta prueba se cotejaron con el ADN, y se comprobó que
          aquellos que tenían alguna variante en este gen (mayor longitud del mismo), entregaban un
          50% de media más de dinero que aquellos que no presentaban esta variante. Los más
          altruistas presentaban una longitud mayor de este gen, y esto implicaba mayor generosidad.
          Además, este gen posibilita que la hormona “Vasopresina” actúe sobre las células cerebrales,
          su presencia es vital al estar relacionada con nuestra capacidad de establecer vínculos
          sociales y afectivos.

     b) Zona cerebral responsable del altruismo: En el 2007, la revista “Nature Neuroscience”
        informaba de que el neurólogo Scott a. Huettel y colaboradores, de la universidad de Duke
        (USA), habían descubierto mediante escáneres cerebrales la activación de una parte del
        cerebro que predice las conductas generosas en las personas. Para el experimento, se
        escogieron cuarenta y cinco voluntarios cuyos cerebros fueron monitorizados, y se les
        sometió a una serie de preguntas en torno a cómo y cuánto ayudan a otros. Finalmente, se
        compararon los resultados de la encuesta con los del escáner. Y así, se descubrió que una
        región del cerebro ( el “surco temporal superior posterior”), mostraba una mayor actividad
        cuando los individuos percibían una acción realizada por otra persona (los investigadores
        creen que la capacidad de percibir como valiosas las acciones de otras personas, es crítica
        para el altruismo). El aumento de la actividad en esta región del cerebro predijo rotundamente
        la probabilidad de conductas altruistas en cada persona. Dicen los investigadores, que las           
        conductas altruistas tendrían más que ver en cómo cada persona percibe el mundo que en
        cómo actúa en él.

  1.2  Las Neuronas espejo

En 1996, el equipo de Giacomo Rizzolatti, de la universidad de Parma (Italia), mientras
estudiába las células cerebrales responsables del movimiento en monos, descubrieron un curioso grupo de neuronas, por casualidad. Se dieron cuenta de que había neuronas que reaccionaban tanto cuando el mono realizaba una acción determinada, como cuando éste observaba a otro individuo realizar una acción parecida. A estas neuronas se les dio el nombre de “neuronas-espejo”.
Estas neuronas se activan, entonces, no sólo cuando realizamos una acción sino cuando vemos realizarla a otra persona. Esto “demuestra -según Rizzolatti- que el reconocimiento de los demás, así como de sus acciones y hasta sus intenciones, dependen en primera instancia de nuestro patrimonio motor”.  (“La neuronas espejo”. Giacomo Rizzolatti. Pag. 13)

Estudios recientes afirman, que en el hombre estas neuronas espejo son mucho más inteligentes y evolucionadas, y que no sólo nos permiten entender las acciones de los demás, sino también su significado, las intenciones que hay detrás. Dice Rizzolatti: “Somos criaturas sociales. Nuestra supervivencia depende de entender las acciones, intenciones y emociones de los demás. Las neuronas-espejo nos permiten entender la mente de los demás (...). Sintiendo, no pensando”.
Esto demostraría que verdaderamente somos seres sociales.
Las neuronas espejo son decisivas en el campo de la empatía emocional. Hay personas que no son capaces de captar el estado emocional de los que le rodean: gentes muy inteligentes, son muy torpes socialmente. Es fundamental para nosotros poder comprender las emociones ajenas, para poder desenvolvernos socialmente en las situaciones más cotidianas.
Queda claro que estas neuronas no sólo perciben y analizan, sino que parecen leer mentes:
“La (...) comprensión de los gestos resulta posible, por la reciprocidad de mis intenciones y los gestos ajenos (...), Todo ocurre como si la intención del otro habitara en mi cuerpo o como si mis intenciones habitaran en el suyo”. (íita de Merleau-Ponty, 1945, recogida por Rizzolatti).

1.3 Lo genético en la mujer

“La mujer tiene genes más sensibles, lo que la hace más amable y gentil”, afirma el neuropsiquiatra Edilberto Peña (Maestro de Ciencia Médicas de la universidad de México).
El  profesor Peña explica que a pesar de que no haya estudios científicos que lo confirmen, cree que la generosidad de las madres está definida por la activación de alguna región del cerebro, es decir,   
que considera que en algunas mujeres esta actitud es innata.
Por otro lado, la neuropsiquiatra Raquel Gur, hizo un experimento con hombres y mujeres, a los que se les mostraban fotografías de personas representando diferentes emociones, y resultaba que a los hombres les costaba más reconocer la tristeza. La Dra. Gur explica que el cerebro femenino y el masculino son diferentes. La mujer posee más neuronas en la región del cerebro dedicada al lenguaje, por eso, se puede decir que las mujeres usan su cerebro de una forma más eficiente que los hombres, o sea, que la llamada “intuición femenina” no es otra cosa que su gran ventaja en inteligencia emocional. Así, el cerebro femenino tiene también más empatía, pudiendo identificar las emociones ajenas con mayor precisión, sobre todo la tristeza.
                                                
Continuando con la relación entre cerebro y altruismo femenino, un grupo de investigadores de la universidad de California (USA), publicó en la revista de “Psicología Americana” que la tendencia de la mujer a la socialización es provocada por una hormona, la Oxitocina, que es liberada en situaciones de tensión y de stress. Las personas que poseen altos niveles de esta hormona son más relajadas y sociables, es decir, que son capaces de afrontar estas situaciones con mayor calma. Esta hormona estaría en mayor proporción en mujeres, pues el efecto de la Oxitocina parece ser amplificado por el Estrógeno (hormona femenina), y parece ser inhibido por las hormonas masculinas. Existe, entonces, una relación directa entre lo social y lo endocrino. 
                                   
2. El factor Psicológico-emocional: lo que siento   
   
  2.1  Las motivaciones psicológicas
        
Hoy en día, todos los manuales de “Psicología Social” hablan del altruismo o de la “conducta  prosocial”, para referirse a todas esas acciones que realizamos en beneficio de otras personas, cuyas motivaciones son muy variadas. Hablar de motivación es, como dice Vander Zanden, hablar de “los estados y procesos interiores que impulsan, dirigen o sostienen la actividad de un individuo”.  
(“Manual de Psicología Social”. James W. Vander Zanden. Pag. 334)
Al profundizar en los factores que la psicología social sostiene, actualmente, en torno a las motivaciones humanas, me doy cuenta de que nos encontramos ante un abanico muy amplio de posibilidades. Si bien sería excesivo contemplarlas todas, sí voy a recoger a continuación las más significativas. Casi todos los autores coinciden en señalar cinco motivaciones psicológicas:

    •  Una primera motivación, según los psicólogos, sería la expectativa de lograr alguna ganancia o evitar alguna penalización o castigo (en torno a esto existe toda una discusión abierta, pues muchos investigadores consideran que el recibir un beneficio, aunque no sea material, impide que dicha conducta sea altruista de verdad, o dicho de otro modo, considera que incluso en los actos de ayuda hay cierto egoísmo oculto). David G. Myers explica que las personas “intercambiamos no sólo bienes materiales y dinero, sino también bienes sociales, amor, servicios, información, posición social”. (“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 477)                                                                                 
      Es la “Teoría del Intercambio social”, que es capaz de pronosticar nuestra conducta en base a la situación que enfrentamos (se trata de maximizar recompensas y de minimizar costes personales).
      Continúa Myers diciendo que: “Ayudar también incrementa nuestro sentido de valía personal (...). “Hace sentirse bien consigo mismo”, y “da un sentimiento de satisfacción personal””.(“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 477)
      O sea, que ayudar nos hace sentirnos bien, esto es una recompensa en sí misma, y en este caso, natural y lógica.

 

    • Una segunda motivación estaría vinculada a los valores y normas personales, que se refieren a nuestras normas de vida: “Nos sentimos bien con nosotros mismos cuando actuamos en consecuencia con estos principios, y ma, cuando los contrariamos”.
      (“Manual de Psicología Social”. James W. Vander Zanden. Pag. 336)

 

    •  La tercera motivación sería la emoción empática que “nos lleva a adoptar la perspectiva del otro individuo y a ver el mundo, tal y como él lo ve”. (“Manual de Psicología Social”. James W. Vander Zanden. Pag. 337)
      Pero sobre la Empatía hablaremos más ampliamente en el apartado 2.2.                                                

 

    •  La cuarta motivación gira en torno a que hay ciertas personas que están más predispuestas a ayudar que otras. Se están refiriendo a los rasgos de personalidad de cada uno. A través del estudio de la personalidad se puede saber quiénes son los ayudadores más probables: “Algunas personas son considerablemente más serviciales (...). Los que tienen una alta capacidad de emoción positiva, empatía y eficacia personal tienen mayor probabilidad de estar preocupados y de ser serviciales”. (“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 506)

 

    •  La Quinta motivación de las conductas de ayuda son los estados de ánimo del sujeto. Así, el “buen humor” ocasiona mayor grado de comportamiento asistencial. Sobre esto, los psicólogos sociales Rosenhan, Moore y Vanderwood sostienen que “las experiencias positivas crean un estado general de benevolencia que abarca a uno mismo y a los demás, en tanto que las negativas tienen el efecto opuesto”. (“Manual de Psicología Social”. James W. Vander Zanden. Pag. 344). También existe otro estado de ánimo, como el sentimiento de culpa, que puede promover un aumento de dichas conductas altruistas para reducirlo o para aliviarlo.



Otros factores como la fe religiosa o el género serán también importantes a la hora de colaborar.

Expuestas ya las cinco motivaciones principales, es necesario detallar otros aspectos que van a determinar si ayudaremos en una situación o no, como son: Que la situación sea clara o ambigua, es decir, que veamos claramente que es una emergencia o no; el número de personas presentes: la probabilidad de ayuda se reduce al aumentar la cantidad de personas que presencian el hecho. Esto se conoce como “dispersión de la responsabilidad”; A la hora de decidir si debemos ayudar va a intervenir la “Hipótesis del mundo justo”: “según esta creencia -dice Vander- solemos pensar que cada cual obtiene en la vida lo que se merece, y por eso estaremos persuadidos de que las víctimas se han hecho acreedoras de sus padecimientos”. (“Manual de Psicología Social”. James W. Vander Zanden. Pag. 360);  también es necesario tener en cuenta dos normas sociales: “la norma de justicia”, que se basa en la igualdad de oportunidades para todos, y “la norma de reciprocidad”, es decir, la creencia de que si generosamente damos, nos debe ser devuelto. Vander explica que “la equidad implica que la gente cree que debe recibir lo mismo que da”. (“Manual de Psicología Social”. James W. Vander Zanden. Pag. 356)

Luego cabe preguntarse: ¿a quién vamos a ayudar? La respuesta suele ser inmediata: primero a nuestros familiares y seres queridos, y luego al resto, lo que no impide que se ayude a un desconocido en un momento determinado. Pero la tendencia es a ayudar primero aquellos con los se tiene un vínculo, ya sea éste familiar, afectivo o laboral, y a aquellos con los que se comparten gustos o creencias.

  2.2 La empatía o “en los zapatos del otro”

La empatía es un elemento clave dentro de la “Inteligencia emocional” que rige las relaciones  humanas con éxito. Esto supone ser capaces de “leer” emocionalmente a las personas apreciando sus sentimientos y necesidades. Realmente no se puede leer la mente, pero sí existen multitud de señales sutiles: la postura corporal, el tono e intensidad de voz, la mirada, los gestos o incluso el silencio mismo, son todos portadores de gran información. Estas son las señales que se tienen que aprender a interpretar. Sobre esto, dice Myers: “Cuando sentimos empatía, nos enfocamos no tanto en nuestra propia angustia como en la de quien sufre”.(“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 490)

Pero no nos equivoquemos, la empatía no significa estar de acuerdo con el otro ni dejar de lado las propias convicciones: se trata de entender y respetar la postura ajena.
¿Cómo reconocerla? Cuando perciber lo que alguien siente sin que lo haya dicho con palabras, estás siendo empático. Es posible que alguna vez muchas personas hayan “vibrado” con una mirada o con un tono de voz sin saber por qué; o hayan sentido la necesidad de ayudar a alguien sin apenas conocerle. Estas son las formas en que se manifiesta la empatía, un fabuloso poder que tienen quienes son capaces de ponerse en el lugar del otro.

Algunos psicólogos hablan del origen genético de la empatía, pues hoy se cree que las neuronas espejo son las responsables de esta conexión con el otro. La empatía, entonces, permitiría establecer un vínculo beneficiosos con el resto de los seres vivos. Y es que si nuestro cuerpo nos obliga a sentir algo parecido a lo que sienten nuestros semejantes, el cerebro de cada uno buscaría la forma de conseguir el bien común, y esto aseguraría la cooperación colectiva. El investigador Batson dice que “el altruismo genuino inducido por la empatía es parte de la naturaleza humana”. (“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 492). 

Myers detalla que el altruismo que induce la empatía produce múltiples beneficios: produce ayuda sensible, inhibe las tendencias agresivas, incrementa la cooperación (...); pero también tiene desventajas: quien ayuda puede resultar herido, desgasta emocionalmente, etc.
Para finalizar, Myers afirma que la empatía puede portar verdadero altruismo: “(...) el egoísmo no es la historia completa de la ayuda (...) existe un altruismo genuino con raíces en la empatía, en los sentimientos de comprensión y compasión por el bienestar de los demás”. (“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 493) 

  2.3 La psicología femenina

Tradicionalmente, se ha asociado el altruismo a la mujer (es la “feminización del altruismo”), y se le han adjudicado una serie de rasgos: ternura, compasión, pasividad, emotividad... que se creen propios de su rol. La cuestión es lograr que la conducta prosocial en la mujer sea una elección propia y consciente, y no una mera imposición cultural y/o social.
El neuropsiquiatra Edilberto Peña  (Maestro de Ciencia Médicas de la universidad de México), afirma que el altruismo de la mujer, a diferencia del amor o de la sensibilidad, sí puede medirse con estudios psicológicos. Un estudio realizado en esta universidad certifica que la gentileza de la mujer viene definida por una región cerebral.

En resumen, este estudio confirma que el altruismo es más común en mujeres que en hombres. Dice Myers: “las mujeres son significativamente más serviciales (...). Las mujeres responden a los problemas de un amigo con mayor empatía y mayor tiempo empleado en ayuda”.(“Psicología social”.David G. Myers. Pag. 506). 

Por eso, parece evidente que el genero influye a la hora de ayudar, de hecho, está comprobado que los hombres prestan ayuda en unas situaciones y las mujeres en otras: “En situaciones potencialmente peligrosas (...), los hombres ofrecen más ayuda (...). Pero en situaciones más seguras (...), las mujeres tienen ligeramente mayor probabilidad de ayudar”. (“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 506).
Y no solo esto, sino que los hombres van a tender a ayudar más cuando la persona en apuros es una dama, mientras que las mujeres ofrecen su ayuda con independencia de sexo de la otra persona.
En los últimos años se han hecho numerosos estudios sobre dos modelos de sociedad que se contemplan en distintos países del mundo: son las sociedades “masculinas” (EEUU, Reino Unido...), y las“femeninas” (América latina, España...). Los resultados parecen claros: “Los valores dominantes en las culturas femeninas son la bondad e igualdad para con los otros. Las culturas denominadas “femeninas” que enfatizan la importancia de la cooperación, la modestia y el apoyo a los más débiles (...) muestran mayor bienestar que las culturas masculinas (...) que enfatizan la competencia y las recompensas materiales”. (“Psicología de la motivación y la emoción”. Pag. 323) 
                                                                                       
 3. Los factores sociológicos, educacionales y de aprendizaje

  3.1 La moral: cuestión de valores

La moral es otro pilar básico para las conductas altruistas. La moral se encarga de decirnos  “qué conductas están bien y cuáles están mal”. (“Psicología de la motivación y la emoción”. Pag. 256).
La moral responde a una serie de de principios que cada cual tiene internamente, y que le hacen tener una forma propia de entender la vida. Explica Berkowitz que “muchas de las conductas altruistas que aparentemente se realizan sin tener como objetivo la obtención de recompensas, son  productos de reglas interiorizadas de comportamiento que no son otra cosa que ''normas sociales''. Dichas normas sociales son el producto de un entrenamiento en adquisición de valores”.  (“Psicología de la motivación y la emoción”. Pag. 258)

El código moral va a depender, por tanto, de lo que hayamos captado de nuestro entorno, y por tanto, está también influenciado por el tiempo en que vivimos; así, la moral, desgraciadamente, va a ser algo cambiante.

Nuestra moral va a estar constituida por una serie de valores que vamos integrando a lo largo de nuestra vida, que nos hacen sentirnos vinculados al mundo (o no), sentirnos responsables de lo que sucede... y llegan a ser la base de nuestras acciones y elecciones. Así, como son estos valores los que nos sirven de apoyo en los momentos difíciles, pasan de ser meras normas o reglas, para convertirse en el deber que cumplir, entendiendo la vida como un servicio a la humanidad: “Los valores pretenden ser principios unificadores explicativos del comportamiento humano (...). Algunos de los más relevantes son justicia, solidaridad o igualdad”. (“Psicología de la motivación y la emoción”. Pag. 258-259)

Y sobre esto, añade Vanden que “erigimos en nuestro interior patrones de conducta que vivenciamos como obligación de actuar de determinada manera. Nos sentimos bien con nosotros mismos cuando actuamos en consonancia con estos principios, y mal cuando los contrariamos (...) poseen propiedades motivadoras para nuestra conducta”. (“Manual de Psicología Social”. James W. Vander Zanden. Pag. 336)

Esto es, que la práctica de la virtud no sólo es la herramienta y la guía, sino que es también ese elemento consciente que nos obliga a actuar noblemente. Para desarrollar estos valores es necesario ir evolucionando interiormente (en todo un proceso de eliminación del egoísmo), llegando a distinguir lo que realmente importa. Esto lo explica Myers: “Cialdini y colaboradores sugieren que al principio, ayudar es una respuesta a recompensas materiales, luego a recompensas sociales, y finalmente a recompensas personales”. (“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 481).
   
  3.2 La educación: la conducta prosocial se aprende

Desde el capítulo 1.1 estamos viendo todos los factores que van a influir en nuestras motivaciones, y por tanto, en nuestra actitud hacia los demás. Pero lo interesante es que estas conductas de ayuda no sólo se pueden potenciar, sino que se aprenden. La educación va a jugar un papel absolutamente fundamental en las motivaciones que nos moverán en el futuro. El altruismo es algo que aprendemos desde pequeños (o no), del entorno más cercano. Así, al estudiar a personas que muestran gran empatía y solidaridad hacia los demás, se comprueba que “(...) estos altruistas excepcionales tenían relaciones cálidas y cercanas con al menos un padre, que era en forma similar, una fuente “moralista” o estaba comprometido con causas humanitarias (...). Sus familias les habían enseñado la norma de ayudar y cuidar a los demás -señaló Ervin Staub-”.(“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 513).
Es evidente que el ejemplo de los padres va a ser importantísimo a la hora de que sus hijos muestren de adultos comportamientos prosociales (el comportamiento será más probable, pero como ésta no es una ciencia exacta, no se puede asegurar el éxito en todos los casos).

Numerosos estudios de las motivaciones infantiles muestran que los niños son básicamente egoístas, y que este egoísmo puede ir desapareciendo, según la educación que reciban, y con la experiencia  de la propia vida. Así, aunque ayudar es agradable para los adultos, “no es gratificante en forma similar para los niños (...). Aunque los niños exhiben empatía, no sienten mucho placer al ser serviciales; tal conducta resultará de la socialización (...). Estos resultados son consistentes con la visión de que nacemos egoístas (...), ayudar crece en forma natural con la edad, cuando los niños comienzan a ver las cosas desde el punto de vista de otra persona”. (“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 481).
Por tanto, los niños van modelando su carácter y su moral conforme van creciendo. Y esto, de algún modo, confirma que toda persona, aunque sea adulta, esta sujeta a modificaciones. ¡Podemos cambiar!

Como la mejor escuela es el ejemplo, la clave estaría en dejarse de buenas intenciones y llevar la generosidad a la acción: “ Las actitudes siguen al comportamiento. Por lo tanto, las acciones serviciales promueven la percepción personal de que alguien es bondadoso y servicial, lo que a su vez promueve ayuda posterior (...)”. (“Psicología social”. David G. Myers. Pag. 517).
Los niños que ven una conducta servicial en sus semejantes, tienden a actuar de forma servicial. Los adultos no deben esperar que los pequeños hagan lo que nosotros no somos capaces de hacer: primero hay que mostrarles un patrón de conducta desinteresada, para que lo imiten y acaben integrándolo en su propio ser. La educación y la cultura se muestran una vez más como la llave mágica que todo lo puede, la que hace caer los velos de la ignorancia.

 3.3 La moral de la mujer

Hemos hablado ya de la influencia de la moral en nuestro comportamiento, pero la moral va a presentar pequeñas diferencias en función del género. La conducta moral en las mujeres es algo que aprenden de su entorno.

Así, el profesor Edilberto Peña dice que “las mujeres, por la naturaleza de los roles que suelen desempeñar, son más altruistas, un patrón de conducta aprendido en su entorno social (...). Desde pequeñas, las niñas aprenden a ser solidarias en su grupo social (...). Pero esta conducta no es igual en todas”. (“El altruismo, una conducta social más común en mujeres que en hombres”. Edilberto Peña)
Curiosamente, todo aquello que requiere  altruismo ha sido realizado mayoritariamente por mujeres, desde siempre. La mujer, socialmente, ha sido educada para satisfacer las necesidades de los demás, antes que las propias. Por tanto, las diferencias en las motivaciones (hombre-mujer) van a estar influidas por el rol de género, y las expectativas que éste crea.

La mujer suele ser más sensible y sociable, y de algún modo, eso es lo que se espera de nosotras:
“Los valores dominantes en las culturas femeninas son la bondad e igualdad para con los otros.
Una consecuencia eventual importante de los eventos culturales de la feminidad es la obligación percibida de proveer soporte emocional y promover el reparto social de la emoción”.  (“Psicología de la motivación y la emoción”. Pag. 323)

Parece que la mujer tiene un papel determinante en la armonía de un grupo humano, precisamente porque ella no olvida lo que nos hace humanos, sabe que eso es lo que hay que potenciar.

4. Conclusión

Después de haber tenido en cuenta todos los condicionantes que están detrás de nuestras acciones, cabe preguntarse: ¿qué es, entonces, lo que nos impulsa a ayudar a otros? Sigue siendo difícil de contestar: una mezcla de instintos, emociones, ideas (moral – ética)... pero por encima de todo, es el sentido del deber y del compromiso con la historia y con las demás personas, los que mueve a la mujer a querer ayudar a los demás. Pero esta colaboración debe, ante todo, ser una obligación contraída libremente, de lo contrario, cuando se impone o destina a la mujer a ello sin dar elección, se convierte en servilismo y opresión y, lo que es peor, en una forma de castración del alma, lo cual es contrario a toda forma de desarrollo humano interior.

Para saber más

    •  “Molecular Psychiatry” Diario on-line. Ariel Knafo. 2005.

 

    •  “Nature Neuroscience”. Revista. Scott A. Huettel. 2007.

 

    •  “Las neuronas espejo. Los mecanismos de la empatía emocional”. Giacomo Rizzolatti. Corrado Sinigaglia. Editorial Paidós.

 

    •  “Psicología de la motivación y la emoción”. Francesc Pilmero. Enrique G. Fernández-Abascal. Francisco Martinez. Marino Chóliz. Editorial Mc Graw Hill.

 

    •  “Psicología social”. 8ª edición. David G. Myers. Editorial Mc Graw Hill.

 

    •  “Manual de psicología social”. James W. Vander Zanden. Editorial Paidós.

 

    •  “El altruismo, una conducta social más común en mujeres que en hombres”. Edilberto Peña. (internet).

 

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